Cuentos de Amistad

El Pequeño Príncipe del Segundo Grado: Aventuras entre Capa y Coraje

Lectura para 4 años

Tiempo de lectura: 4 minutos

Español

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Había una vez un niño muy especial llamado Josué. Tenía siete años y estaba en segundo grado. A Josué le encantaba usar siempre una capa brillante, una corona dorada y una túnica elegante. No importaba si iba a la escuela, al parque o a la casa de sus amigos, siempre llevaba su traje de príncipe. Por eso, todos en la escuela y en su vecindario le decían “El Pequeño Príncipe”.

Josué amaba escuchar cuentos sobre príncipes valientes. En la televisión veía historias donde los príncipes montaban caballos mágicos que corrían rápido, viajaban en carruajes fantásticos que parecían volar, luchaban con dragones gigantes y hacían cosas valientes para salvar a sus amigos o a alguien que necesitaba ayuda. Josué soñaba con vivir aventuras así y pensaba que para ser un verdadero príncipe debía ser muy valiente y hacer cosas peligrosas.

Un día, mientras Josué jugaba en el parque, vio a varios niños mayores que saltaban desde lo alto de una pared de piedra muy alta y un poco peligrosa. Los niños se reían y competían para ver quién hacía la pirueta más difícil. Se burlaban y decían: —¡Si no saltas, no eres valiente! —le gritaban a Josué. —¡Ven, déjate ver! Si eres un verdadero príncipe, tienes que saltar desde aquí arriba.

Josué sintió un poco de miedo en su corazón. Pero también quería demostrar que era valiente para que los niños no se rieran de él. Entonces, empezó a pensar que tal vez debería saltar desde la pared, aunque no se sintiera seguro. Sin embargo, su mejor amigo Ángel, que también estaba en segundo grado y era muy bueno para pensar y ayudar a los demás, se acercó y le habló con calma: —Josué, yo sé que quieres ser valiente, pero no tienes que saltar de esa pared para demostrarlo. Ser valiente no significa hacer cosas peligrosas sin pensar. Ser valiente es cuidar de uno mismo y ayudar a los demás.

Josué miró a Ángel y pensó muy fuerte en lo que le dijo. De repente, recordó que su mamá siempre le decía: “Josué, el verdadero príncipe no es quien se atreve a hacer cosas peligrosas, sino quien tiene un corazón amable, cuida a sus amigos y enfrenta los problemas con calma”. La mamá de Josué siempre lo apoyaba y le enseñaba lo importante que era ser buen amigo y no solo parecer valiente.

Mientras los niños grandes seguían saltando y riéndose, Josué decidió acercarse y decirles con voz clara: —Yo prefiero no saltar porque no quiero lastimarme. Pero puedo ser valiente siendo un buen amigo para ustedes. ¿Quieren jugar conmigo y con Ángel a algo divertido y seguro?

Los niños se quedaron un momento en silencio porque no esperaban que Josué respondiera así. Luego, uno de ellos dijo: —Bueno, eso suena bien, pero ¿qué jugamos?

Josué y Ángel sonrieron y comenzaron a explicar un juego en el que todos podían participar. Era un juego de equipos donde tenían que ayudarse para encontrar tesoros escondidos en el parque. Para ganar, tenían que trabajar juntos, encontrar pistas y cuidarse unos a otros para no caer ni hacerse daño.

Poco a poco, más niños se unieron al juego. No importaba quién era mayor o quién llevaba una capa o una corona. Todos reían, corrían y se ayudaban para encontrar los tesoros. Josué se sentía feliz porque había encontrado una forma divertida y segura de jugar con todos, y eso sí que era una aventura de verdad.

Al terminar el juego, los niños se acercaron a Josué y le dijeron: —Gracias, Josué, nos enseñaste que se puede ser valiente cuidándonos y siendo buenos amigos. Ahora sabemos que saltar de la pared no es ser fuerte, sino ayudarnos y jugar juntos.

En ese momento llegó la mamá de Josué, que siempre estaba pendiente de él. Ella sonrió al ver que su hijo había encontrado su propio camino para ser valiente y querido por los demás. Tomándolo de la mano, le dijo: —Estoy muy orgullosa de ti, mi pequeño príncipe. Hoy aprendiste que la valentía no está en el peligro, sino en el corazón.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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