Cuentos de Humor

Cuando la Primavera Despierta

Lectura para 6 años

Tiempo de lectura: 5 minutos

Español

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En una pequeña y alegre aldea, donde los árboles parecían susurrar secretos al viento y las flores pintaban el paisaje con los colores más vibrantes, vivían cinco amigos que esperaban con muchas ganas la llegada de la primavera. Ellos eran Margarita, Jesús, Lolo, Florecita y Blanca. Cada uno tenía una personalidad muy especial y todos compartían una sonrisa contagiosa que hacía que cualquiera que los viera se alegrara al instante.

Margarita era una niña soñadora, con el cabello rizado que parecía querer contar historias por sí solo. Siempre llevaba una diadema con flores, aunque en invierno parecía un poco fuera de lugar. Jesús era el más travieso del grupo, un niño con una energía que nunca se agotaba, y con una risa que podía escucharse a lo lejos. Lolo, en cambio, era más callado y le encantaba inventar juegos muy divertidos que a veces eran un poco locos, pero siempre muy entretenidos. Florecita, qué decir de ella, era una pequeña que amaba las plantas y podía pasar horas cuidando su jardín, como si cada flor fuera un niño al que debía proteger. Por último, Blanca, la más sabia y cuidadosa, siempre tenía una idea para solucionar cualquier problema y nunca se le olvidaba que la paciencia era una virtud.

Los cinco amigos se reunían todos los días en un parque cercano al centro de la aldea, un lugar especial donde los árboles podían abrazar con sus ramas y el pasto parecía tan suave como una almohada. Pero ese día en particular, al amanecer, la aldea estaba cubierta por una ligera neblina y el sol parecía dormido todavía, como si él también esperara la llegada de algo muy especial.

—¿Ya es primavera? —preguntó Margarita mientras miraba al cielo con sus enormes ojos verdes.

—No lo sé —respondió Jesús saltando sobre una piedra—, pero seguro que llega pronto, ¡yo ya estoy listo para correr y jugar sin frío!

Lolo, que tenía una libreta llena de dibujos de animales y plantas, les mostró un dibujo de un pajarito con una sonrisa enorme.

—Miren, este pajarito siempre viene cuando empieza la primavera, ¡yo lo bauticé Pío! —dijo entusiasmado.

Florecita suspiró y comentó mientras tocaba con delicadeza una flor de botón que apenas había comenzado a abrirse—: A veces parece que la primavera se demora porque necesita despertarse como nosotros cuando dormimos mucho tiempo; pero cuando se despierta… ¡es un despertar lleno de risas y colores!

Blanca sonrió y agregó de manera sabia:

—La primavera es como una caja de sorpresas que la naturaleza nos da para llenarnos de alegría. Pero a veces, para que llegue, necesitamos ayudar un poco.

Los cinco amigos se miraron, como cómplices de una misión secreta. Decidieron que ese día harían todo lo posible para darle la bienvenida a la primavera, para que despertara rápido y con muchas ganas de quedarse.

Primero, Margarita tuvo la idea de escribirle una carta a la primavera, como si fuera un regalo. En la carta, ella le contaba que todos en la aldea estaban esperando su llegada con los brazos abiertos, y que habían preparado muchas cosas para disfrutar juntos: juegos, canciones, bailes y hasta una fiesta con flores.

Jesús, que siempre quería hacer reír a los demás, decidió añadir en la carta un dibujo suyo disfrazado de sol sonriente, con unos calcetines de rayas que le quedaban gigantescos y un sombrero hecho de hojas.

—Si la primavera lo ve, seguro que se ríe y viene volando —explicó mientras presumía su dibujo.

Lolo, que estaba un poco callado porque estaba pensando, propuso algo muy diferente.

—Podríamos hacer una carrera —dijo—. Así invitamos a la primavera a jugar con nosotros y a llegar rápido.

—¿Pero una carrera de qué? —preguntó Florecita curiosa.

—De correr, saltar y reír —aclaró Lolo—, la que llegue primero será la primavera, porque en realidad, la primavera es la que siempre gana en estas cosas.

Entonces, Blanca dijo con una sonrisa pícara:

—Antes de empezar la carrera, tenemos que preparar un camino muy especial, con flores, hojas y un poco de magia.

Y así, los cinco amigos comenzaron a trabajar juntos. Margaritita tomó la carta y la guardó en el bolsillo, Jesús empezó a recolectar hojas y ramitas para hacer un camino divertido, Lolo buscó piedras lisas para que el camino brillara al sol, Florecita cortó flores de diferentes colores con mucho cuidado para que no se lastimara ninguna y Blanca, organizó todo para que el camino fuera seguro y mágico a la vez. Pero justo cuando estaban por terminar, sucedió algo inesperado: la carta se voló con el viento.

—¡Oh no! —exclamó Margarita, corriendo tras la carta—. ¡La primavera no podrá leer nuestra invitación!

Jesús se rió y dijo:

—¡No importa! Seguro que la primavera no se pierde con una carta. ¡Además, yo tengo un plan mejor!

Los demás lo miraron con sorpresa y Jesús empezó a contar su plan medio en broma y medio en serio.

—Voy a disfrazarme de primavera —dijo señalándose a sí mismo—, y así vengo corriendo, saltando, como si fuera ella misma, para que todos la vean y sepan que ya llegó.

Lolo y Blanca se rieron tanto que casi se caen al suelo, pero Margarita y Florecita pensaron que era una idea tan loca que valía la pena intentarla. Así que todos ayudaron a Jesús a armar un disfraz con hojas, flores y hasta algunas plumas que encontraron por ahí. Jesús se puso el disfraz y dio saltos tan grandes que casi parecía una rana.

—¡Soy la primavera! —gritó mientras bailaba y lanzaba pétalos al aire.

De repente, una brisa fresca empezó a soplar y los árboles comenzaron a mover sus ramas como si aplaudieran. Hasta el sol parecía más brillante, asomándose poco a poco. Los niños se miraron emocionados, pensando que la primavera había empezado a despertar de verdad.

Pero entonces, mientras Jesús hacía un salto espectacular, pisó una piedra resbalosa y cayó de espaldas, rodando por el prado, mientras soltaba una carcajada que terminó contagiando a todos.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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