En un día soleado y lleno de promesas en la Canterlot School, dos amigos inseparables, Jhoan e Iker, se preparaban para su clase favorita: arte. La clase de arte siempre había sido una explosión de colores y creatividad, un lugar donde las ideas se transformaban en realidad sobre el lienzo. Jhoan, con su cabello rizado y una sonrisa contagiosa, siempre tenía una idea brillante para sus proyectos. Iker, con su cabello lacio y mirada pensativa, a menudo necesitaba un empujón para que su imaginación despegara.
El maestro de arte, el Sr. Ruiz, les dio la bienvenida a todos y anunció el proyecto del día: «Hoy, chicos, vamos a pintar lo que nos haga sentir felices y asombrosos. Quiero que usen su imaginación y dejen que sus ideas fluyan libremente». Los ojos de Jhoan brillaron al escuchar esto. Sabía exactamente qué pintar: su flor favorita, un girasol brillante y radiante. Pero Iker, por otro lado, se quedó mirando su lienzo en blanco, sin saber por dónde empezar.
Después de varios minutos de contemplación y sin ningún avance, Iker suspiró. Jhoan, notando la frustración de su amigo, se acercó y le dio una palmadita en el hombro. «Iker, solo tienes que encontrar tu inspiración. Deja que tu jugo creativo fluya». Iker frunció el ceño, pensando en el consejo de Jhoan. ¿Qué significaba realmente dejar fluir su jugo creativo?
Decidido a seguir el consejo de su amigo al pie de la letra, Iker se dirigió a la cafetería. Allí, pidió un jugo de naranja del amable Luis Smith. Mientras bebía el jugo, esperaba que mágicamente las ideas comenzaran a aparecer en su mente. Pero, para su decepción, el jugo no le trajo ninguna inspiración nueva.
No dispuesto a rendirse, Iker decidió buscar inspiración en la naturaleza. Salió al jardín de la escuela, donde los pájaros cantaban melodías felices desde las ramas de los árboles. Intentó comunicarse con ellos, esperando que quizás los colores vibrantes de sus plumas o sus cantos alegres le dieran alguna idea. Sin embargo, los pájaros simplemente lo miraron curiosos y continuaron con sus cantos.
Regresando al interior, Iker se sintió más frustrado que nunca. Jhoan, siempre observador, le sugirió otra idea: «¿Qué tal si intentas tocar la batería? Tal vez la música te ayude a pensar». Iker, dispuesto a intentarlo todo, se dirigió a la sala de música. Allí, se sentó detrás de la batería y comenzó a tocar. Al principio, los golpes eran tímidos y torpes, pero pronto se dejó llevar por el ritmo. Golpeó con sus baquetas, creando un solo de batería que resonó por toda la sala de música y más allá.
Aunque la experiencia fue divertida y liberadora, Iker aún no tenía una idea clara de qué pintar. Volvió a la sala de arte, un poco desanimado. Jhoan, que había estado trabajando en su propio proyecto, le sonrió y le dijo: «Iker, cuando todo lo demás falla, solo pinta algo que te haga feliz. Algo que pienses que es asombroso».
Inspirado por las palabras de su amigo y por la vista del hermoso girasol en el lienzo de Jhoan, Iker decidió tomar acción. Agarró algunos pinceles y latas de pintura, y comenzó a pintar salvajemente en su lienzo. La pintura salpicaba por todas partes, creando un caos de colores en la sala de arte. Sin embargo, Iker estaba completamente inmerso en su trabajo, dejando que su corazón guiara cada trazo.
Cuando terminó, se dio la vuelta para revelar su creación. Todos en la sala quedaron asombrados al ver un magnífico retrato de Jhoan. Los colores vibrantes y la alegría capturada en la pintura eran un testimonio de la verdadera amistad que compartían. Jhoan, conmovido, corrió hacia Iker y lo abrazó, sin importarle que su pintura fresca manchara a Iker.
«Gracias, Iker», dijo Jhoan con una gran sonrisa. «Eres un verdadero amigo y artista». Iker sonrió de vuelta, sintiendo una felicidad que nunca había experimentado antes. Se dio cuenta de que la inspiración no siempre viene de fuera, sino que a veces está justo en frente de nosotros, en las cosas y personas que más nos importan.
Y así, la clase de arte en Canterlot School se convirtió en una celebración de amistad y creatividad, donde dos amigos descubrieron que, juntos, podían superar cualquier obstáculo y crear algo verdaderamente maravilloso.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.