Cuentos de Amistad

La aventura de Pol, Marc y Ona: El descubrimiento del arte de compartir

Lectura para 4 años

Tiempo de lectura: 2 minutos

Español

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Pol, Marc y Ona tenían tres años y este era su primer día en la escuela. Los tres estaban un poco nerviosos, porque nunca antes habían estado tanto tiempo lejos de sus casas y, sobre todo, porque era la primera vez que iban a encontrarse con otros niños para jugar juntos. Pol y Marc eran hijos únicos en sus familias; no tenían hermanos con quienes jugar en casa, así que para ellos todo esto era algo muy nuevo y un poquito extraño. En cambio, Ona tenía un hermano mayor de cinco años, llamado Nil, y un hermanito pequeño de un año, llamado Pau. Con ellos, Ona ya había aprendido muchas cosas sobre compartir y jugar.

Cuando Pol, Marc y Ona llegaron a la escuela, saludaron tímidamente a sus maestras y, al poco rato, comenzaron a explorar el aula. Había muchos juguetes: pelotas de colores, bloques para construir, coches de juguete, muñecos, y hasta una caja llena de puzzles. Pol se dirigió rápidamente hacia una mesa donde vio un camión rojo que le gustó mucho. Lo agarró sin pensar y empezó a jugar con él.

Marc y Ona también querían jugar, pero notaron que Pol no dejaba que nadie se acercara a ese camión. Marc intentó coger otro coche amarillito, pero en ese momento a Pol no le gustó que otros niños estuvieran cerca de su juguete. Sacudió el camión y dijo muy serio:

—Este es mío, yo juego solo.

Ona, que estaba observando, sintió que la cara de Marc se puso triste, y también Pol parecía incómodo, como si estuviera a punto de llorar. Marc se sentó en el suelo sin hablar, y Ona se acercó un poco, recordando algo que su mamá le había contado hace poco.

Ona dijo con voz suave:

—Pol, ¿te acuerdas de lo que mi mamá me dijo a Nil y a mí cuando queríamos jugar juntos? Nos dijo que compartir los juguetes es muy importante porque así todos somos felices y podemos jugar más.

Pol miró a Ona y luego a Marc que estaba mirando el camión rojo con sus ojos grandes y tristes. Pol se sentía un poco incómodo, porque no sabía si quería compartir ese camión que tanto le gustaba, pero tampoco quería que Marc estuviera triste.

Ona siguió hablando:

—Cuando compartimos, podemos inventar juegos nuevos y divertirnos más. Mi hermano Nil y yo jugamos mucho con los coches y a veces él me deja usar sus juguetes y yo le dejo usar los míos. Así, podemos jugar juntos y crear historias muy divertidas.

Pol abrió un poco la mano que sujetaba el camión y preguntó:

—¿Y qué pasa si otro niño rompe mi juguete?

Ona sonrió y dijo:

—Si lo cuidamos, no se rompe, y si alguien lo rompe por accidente, podemos arreglarlo juntos o pedir ayuda a la maestra. Lo importante es que todos podamos jugar juntos y divertirnos.

Marc, que escuchaba atento, se animó y dijo:

—¡Yo también quiero jugar! Y si rompemos algo, podemos decirlo y ayudar a arreglarlo.

Pol pensó un momento y decidió probar a compartir el camión rojo. Lo puso sobre la mesa y dijo:

—Podemos jugar juntos con el camión, pero tenemos que cuidarlo mucho.

Ona y Marc sonrieron y dijeron al mismo tiempo:

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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