Cuentos de Amistad

Sara y las Palabras Mágicas

Lectura para 4 años

Tiempo de lectura: 2 minutos

Español

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En un reino lejano, rodeado de montañas altas y ríos cristalinos, vivía una niña llamada Sara. Sara era conocida en todo el reino por su amabilidad y su risa contagiosa. Siempre estaba rodeada de amigos, porque todos querían estar cerca de su alegría y bondad. Sus mejores amigos eran Romeo, un niño muy pensativo y siempre dispuesto a ayudar; Carla, una niña alegre que amaba contar historias; y Magui, un niño travieso pero de buen corazón, aunque a veces no medía bien sus palabras.

En la escuela del reino, había un niño llamado Magui que, aunque era travieso y le gustaba hacer bromas, tenía un problema: a veces decía cosas que lastimaban a los demás sin darse cuenta. Aunque no lo hacía con mala intención, sus comentarios herían los sentimientos de sus compañeros. A Sara le dolía ver cómo los demás se sentían tristes por las palabras de Magui, y aunque intentaba ignorarlo, no podía dejar de pensar en una forma de ayudar.

Un día, después de la escuela, Sara decidió ir a la biblioteca del reino. Era un lugar mágico, con estanterías que parecían no tener fin y libros que brillaban con una luz propia. Mientras buscaba un libro interesante, un volumen antiguo y polvoriento llamó su atención. Tenía una tapa dorada y letras grabadas que decían: «El Libro de las Palabras Mágicas». Sara, intrigada, lo tomó entre sus manos y lo abrió con cuidado.

Para su sorpresa, el libro contenía una receta especial para un hechizo que podía cambiar las palabras hirientes en palabras amables. Sara no podía creer lo que leía. Si este hechizo funcionaba, podría ayudar a Magui a entender el poder de sus palabras y cómo estas podían ser usadas para hacer el bien.

Al día siguiente, Sara decidió hablar con Magui. Lo encontró en el patio de la escuela, sentado solo en un rincón, jugando con una pelota. Sara se acercó y le sonrió.

—Hola, Magui —dijo suavemente—. ¿Puedo hablar contigo un momento?

Magui levantó la vista, un poco sorprendido de que Sara quisiera hablar con él.

—Claro, Sara. ¿Qué pasa? —preguntó, dejando la pelota a un lado.

—He encontrado algo en la biblioteca que creo que te podría interesar —dijo Sara, mostrando el libro que había encontrado—. Es un libro mágico que contiene un hechizo para cambiar las palabras hirientes en palabras amables. Me gustaría que lo probáramos juntos.

Magui miró el libro con curiosidad y un poco de duda.

—¿Un hechizo? —preguntó—. ¿De verdad crees que eso funcionará?

—No lo sabremos hasta que lo intentemos —respondió Sara con una sonrisa—. Además, no perderemos nada por probarlo.

Magui, intrigado y también un poco emocionado, aceptó la propuesta de Sara. Juntos se dirigieron a un rincón tranquilo del reino, donde había un pequeño jardín lleno de flores y mariposas. Se sentaron bajo un árbol grande y abrieron el libro.

El hechizo no era complicado, pero requería que ambos pusieran todo su corazón en él. Sara y Magui siguieron las instrucciones al pie de la letra. Recitaron las palabras mágicas mientras se tomaban de las manos, y de repente, una suave luz comenzó a rodearlos. Magui sintió una extraña calidez en su pecho, como si algo estuviera cambiando dentro de él.

Cuando la luz se desvaneció, Sara y Magui se miraron sorprendidos. No sabían exactamente qué había sucedido, pero algo en el aire se sentía diferente, más ligero y lleno de esperanza.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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