Cuentos de Amor

El Vacío que Deja el Amor Perdido

Lectura para 11 años

Tiempo de lectura: 4 minutos

Español

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Elizabeth caminaba lentamente por el parque mientras el viento jugaba con los últimos cabellos sueltos que caían sobre su cara. Desde que terminó con Martín, nada parecía tener el mismo brillo para ella. Su corazón se sentía pesado, como si un gran vacío se hubiera instalado allí, un vacío que no podía llenar con nada ni con nadie. Extrañaba muchas cosas, pero sobre todo, extrañaba lo que creía que Martín y ella tenían: una amistad fuerte y una complicidad que parecía inquebrantable.

Todo comenzó hace unos meses, cuando Elizabeth y Martín decidieron terminar su relación. No fue una decisión fácil para ninguno de los dos. Habían compartido tantos momentos juntos, las risas en el recreo, las tardes de estudio en la biblioteca, las fiestas de cumpleaños y tantas conversaciones hasta tarde. Pero con el tiempo, empezaron a notar que sus sentimientos cambiaban, y que ese amor que los unía se estaba haciendo más difícil de sostener.

Después de la ruptura, Martin volvió a contactarse con Lenni, su exnovia, con quien también había tenido una historia hace tiempo. Lenni era una chica que había sido muy importante para Martín en el pasado, y ella no había dejado de buscarlo en estos meses. Martin se encontraba entonces en una situación confusa, dividido entre recordar a Lenni y aceptar lo que sentía por Elizabeth. Esta situación hizo que Elizabeth se sintiera aún más perdida y triste.

Lo que peor le dolía a Elizabeth no eran solo las peleas o el hecho de que Martín buscara a otra persona, sino la sensación de ser olvidada. Se preguntaba constantemente si en realidad había significado tanto para él, o si simplemente había sido un capítulo pasajero. Para ella, los recuerdos seguían grabados en su mente, y cada día sin Martín era como un pequeño dolor que crecía poco a poco.

En la escuela, Elizabeth solía estar con sus mejores amigos, Jennifer y Mateo, quienes siempre la apoyaban y trataban de animarla. Jennifer era una chica alegre y valiente que siempre tenía una sonrisa preparada para Elizabeth cuando esta se sentía triste. Mateo, por su parte, era su amigo más cercano, alguien que siempre sabía qué decir para darle un poco de paz. Ellos notaban que Elizabeth ya no era la misma, y aunque intentaban ayudarla, sabían que el dolor del desamor era algo que solo ella podía superar con el tiempo.

Una tarde, mientras caminaban los tres juntos después de clase, Elizabeth rompió el silencio. —A veces siento que lo extraño tanto que duele —confesó con la voz baja—. Es como si una parte de mí estuviera vacía y no pudiera llenarla con nada más.

Jennifer miró a Elizabeth con ternura. —Yo creo que eso es normal, Elizabeth. Cuando extrañas a alguien que fue importante, tu corazón tarda en entender que todo cambió.

—Pero ¿cómo hago para que no duela tanto? —preguntó Elizabeth, al borde de las lágrimas.

Mateo pensó un momento y dijo: —Tal vez no se trata de dejar de extrañarlo, sino de aprender a vivir con ese sentimiento y encontrar otras cosas y personas que te hagan feliz.

Elizabeth parecía reflexionar ante aquella idea, pero aún se sentía insegura. La duda y la tristeza eran difíciles de vencer cuando cada rincón parecía recordarle a Martín.

Un día, mientras estaba en su habitación, Elizabeth recibió un mensaje inesperado. Era de Martín. El mensaje decía: “Sé que las cosas no han sido fáciles y que todo es complicado, pero ¿podemos hablar? Creo que necesitamos aclarar muchas cosas.” Elizabeth sintió que su corazón se aceleraba. ¿Debería responder? ¿Querría verdad llenar ese espacio vacío? Pero al mismo tiempo, el miedo a sufrir otra vez la paralizaba.

Después de pensarlo mucho, escribió: “Podemos hablar. Pero necesito saber qué quieres realmente.” En ese momento, comprendió que había algo en ella que aún esperaba una respuesta, aunque fuera difícil.

Se encontraron en un café cerca de la escuela, un lugar tranquilo donde podían hablar sin ser interrumpidos. Martín llegó con una expresión seria pero amable. —Elizabeth, no quería causar más dolor, pero siento que debemos ser sinceros. Lenni volvió a aparecer en mi vida y confieso que me ha hecho dudar mucho de mis sentimientos. No sé si te he hecho daño, pero tú mereces que te diga la verdad.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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