Cuentos de Amor

El Viaje de Guille

Lectura para 4 años

Tiempo de lectura: 4 minutos

Español

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En una pequeña casa en Madrid, vivía un niño de 4 años llamado Guille, junto a su Mamá, su Papá y su querida abuela Mormor. Guille era un niño alegre y curioso, siempre listo para explorar el mundo a su alrededor.

Un día, Mamá les dio una noticia emocionante: tenía que ir a trabajar a París por cuatro meses. Aunque la idea de una aventura en París sonaba emocionante, Guille no quería que su mamá se fuera tan lejos. Pero Mamá prometió que se verían algunos fines de semana, ya sea en Madrid o en París, y que al final, Guille y Papá irían a París para pasar un mes entero de vacaciones con ella.

La primera semana fue difícil para Guille. A pesar de los esfuerzos de Papá y Mormor por hacerlo sonreír, él extrañaba mucho a su Mamá. Sin embargo, algo maravilloso sucedió el primer fin de semana: Mamá volvió a Madrid para visitarlos. Guille estaba tan feliz que no quería soltarla. Pasaron todo el fin de semana juntos, visitando sus lugares favoritos en la ciudad y creando nuevos recuerdos.

El tiempo pasaba, y cada fin de semana se convertía en una aventura. Unas veces, Mamá venía a Madrid y, otras veces, Guille y Mormor viajaban en tren a París para visitar a Mamá. Guille estaba fascinado por París; los parques, los museos y, sobre todo, la Torre Eiffel, le parecían de cuento de hadas.

Finalmente, llegó el momento más esperado: las vacaciones de verano. Guille y Papá hicieron las maletas y se embarcaron en su viaje a París para estar con Mamá. Durante ese mes, exploraron cada rincón de la ciudad. Visitaron museos, caminaron por las orillas del Sena, y Guille incluso aprendió algunas palabras en francés.

Una tarde, mientras paseaban por Montmartre, Guille vio a un pintor que capturaba la belleza de la ciudad en su lienzo. Inspirado, le pidió a Papá que le comprara pinturas y un cuaderno. Desde ese día, Guille comenzó a pintar todo lo que veía: desde la Torre Eiffel hasta un pequeño caracol en el jardín de Luxembourg.

Al final del verano, cuando era hora de volver a Madrid, Guille se sentía triste por dejar París, pero feliz por los recuerdos creados. La noche antes de su partida, Mamá le regaló un pequeño llavero de la Torre Eiffel. «Para que siempre recuerdes nuestra aventura en París», le dijo con una sonrisa.

De vuelta en Madrid, la vida volvió a la normalidad, pero Guille ya no era el mismo niño que temía la partida de su Mamá. Había crecido, aprendido y vivido aventuras que le mostraron lo grande y maravilloso que es el mundo.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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