Había una vez, en una pequeña escuela llena de colores y alegría, una maestra llamada Dubby. Teacher Dubby tenía el cabello negro y corto, y siempre tenía una gran sonrisa en su rostro. Amaba a sus estudiantes con todo su corazón y siempre se aseguraba de que cada uno de ellos se sintiera especial y amado.
En su clase había cuatro niños muy especiales: Ale, Lucas, Rose y Stefano. Ale era un niño muy feliz, siempre con una sonrisa hermosa en su rostro. Tenía el cabello castaño claro y le encantaba competir en los juegos de la escuela. Lucas, un niño rubio, era un apasionado de los carros y su color favorito era el rojo. Rose, una niña muy inteligente con el cabello largo y negro, disfrutaba jugando con sus amigos y, a menudo, jugaba a que estaba embarazada, cuidando a sus muñecas como si fueran sus bebés. Y por último, estaba Stefano, un niño con el cabello castaño oscuro que amaba los trenes más que cualquier otra cosa en el mundo.
Cada día en la escuela era una nueva aventura. Teacher Dubby planeaba actividades divertidas y educativas para que sus pequeños amigos aprendieran mientras se divertían. Hacían proyectos de arte con pinturas de todos los colores, jugaban en el patio con juegos que Teacher Dubby inventaba, y leían cuentos maravillosos sentados en una alfombra suave y colorida.
Sin embargo, el fin del año escolar se acercaba, y Teacher Dubby se sentía un poco triste. Sabía que pronto tendría que despedirse de sus queridos estudiantes, y aunque estaba orgullosa de todo lo que habían aprendido, su corazón se encogía al pensar en no ver sus caritas felices cada día.
Un día, Teacher Dubby decidió hablar con sus estudiantes sobre sus sentimientos. «Niños,» dijo con una voz suave y amorosa, «el fin del año escolar está muy cerca. Quiero que sepan cuánto los he amado y lo orgullosa que estoy de cada uno de ustedes. Aunque pronto tendremos que despedirnos, quiero que siempre recuerden lo especiales que son y cuánto los quiero.»
Ale, con su sonrisa brillante, levantó la mano y dijo, «¡Teacher Dubby, siempre te recordaremos y todo lo que nos enseñaste!»
Lucas, con sus ojos brillantes, añadió, «Sí, y cuando vea un carro rojo, pensaré en ti y en todas las carreras que hicimos juntos.»
Rose, abrazando a su muñeca, dijo, «Teacher Dubby, tú me enseñaste a cuidar a mis bebés y a ser una buena amiga. Siempre estarás en mi corazón.»
Stefano, sosteniendo un pequeño tren de juguete, dijo con voz firme, «Y yo, cada vez que vea un tren, pensaré en ti y en las historias que nos contabas sobre lugares lejanos.»
Las palabras de los niños hicieron que Teacher Dubby sintiera una gran alegría en su corazón. Sabía que, aunque pronto se despedirían, el amor y los recuerdos que habían compartido siempre estarían con ellos.
El último día de clases llegó y fue un día muy especial. Teacher Dubby organizó una gran fiesta para sus estudiantes. Decoraron el salón con globos y serpentinas, y había una mesa llena de deliciosos bocadillos y pasteles. Jugaron a sus juegos favoritos y Teacher Dubby les contó una última historia mágica sobre un reino donde los niños eran los héroes y hacían cosas increíbles con la ayuda de su amor y amistad.
Cuando la fiesta terminó, Teacher Dubby les entregó a cada uno de los niños un pequeño regalo. A Ale le dio una medalla dorada que decía «El Niño Más Competitivo». A Lucas le dio un pequeño carro rojo con una nota que decía «Para que siempre recuerdes tus carreras». A Rose le dio una muñeca especial con un vestidito hecho a mano, y a Stefano le dio un tren de juguete con vagones que podían engancharse y desengancharse.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.