Era el 23 de septiembre de 2023, un día que Laura nunca olvidaría. Todo comenzó cuando su prima Nicolle la llamó por la tarde, emocionada, para invitarla a un quinceañero al que habían sido invitadas. Laura no tenía muchas ganas de ir; prefería quedarse en casa leyendo o viendo alguna serie. Sin embargo, después de un poco de insistencia por parte de Nicolle, y quizás también por la curiosidad de ver a otros amigos en la fiesta, Laura decidió que sería una buena idea salir un poco.
Así que, después de pensarlo un rato, Laura se cambió y se preparó para la noche. Eligió un vestido que le gustaba mucho, uno de color azul claro con detalles brillantes que siempre la hacía sentir especial. Se soltó el cabello, dejando que sus largos mechones castaños cayeran sobre sus hombros, y se aplicó un poco de maquillaje para darle un toque de color a su rostro. Cuando estuvo lista, se unió a Nicolle y a su hermano Smith, que la esperaban en la sala.
«¡Vas a ver que nos vamos a divertir mucho!» le dijo Nicolle con entusiasmo mientras subían al coche. Laura sonrió, aunque todavía se sentía un poco nerviosa. No conocía a mucha gente en la fiesta, y nunca había sido muy buena en las grandes reuniones sociales.
Cuando llegaron al lugar del evento, el salón ya estaba lleno de luces, música y personas que reían y bailaban. El ambiente era festivo y alegre, y Laura no pudo evitar sentir que tal vez había tomado la decisión correcta al venir. Se sentaron en una mesa con otros amigos de Nicolle, entre ellos Jeen, un chico con el que Laura había intercambiado algunas palabras en otras reuniones, y que siempre le había parecido simpático.
A medida que avanzaba la noche, la pista de baile se llenó de gente, y Nicolle no tardó en sacar a Jeen a bailar. Laura los observaba desde su lugar, mientras Smith charlaba con otros amigos en la mesa. Ella, sin embargo, se quedó un poco al margen, disfrutando de la música, pero sin animarse a unirse a la diversión.
Entonces, cuando el reloj marcaba casi las dos de la mañana, un chico que Laura no había visto antes se acercó a ella. Tenía el cabello negro y los ojos brillantes, y llevaba una camisa blanca que lo hacía destacar en la penumbra del salón. «Hola,» le dijo con una sonrisa amistosa. «¿Te gustaría bailar?»
Laura sintió que su corazón latía un poco más rápido. No esperaba que alguien se le acercara así, pero había algo en la sonrisa del chico que la hizo sentir cómoda. Sin embargo, en lugar de responder, se sintió abrumada por la situación y, en un impulso, decidió esconderse detrás de Smith, que en ese momento estaba distraído conversando con otra chica.
«Vamos, Laura, no te escondas,» le dijo Nicolle, que había visto lo que sucedía. Antes de que Laura pudiera decir algo, Smith, que había notado la situación, la sacó a bailar para que se sintiera más cómoda. Bailaron juntos por un momento, pero cuando una chica llamó la atención de Smith, él se disculpó y dejó a Laura sola nuevamente.
Laura se sentó en una silla cercana, tratando de calmar sus nervios. Pero antes de que pudiera relajarse, el chico de antes apareció nuevamente. «¿Puedo intentarlo de nuevo?» le preguntó con una sonrisa, extendiéndole la mano. «Soy Rodrigo, por cierto.»
Laura se sorprendió por su persistencia, pero también se sintió un poco halagada. «Me llamo Laura,» respondió, aceptando su mano. «Y sí, me encantaría bailar.»
Rodrigo la llevó a la pista de baile justo cuando comenzó a sonar una canción de salsa. Aunque Laura no era una experta en ese tipo de música, pronto se dio cuenta de que Rodrigo sabía lo que hacía, y decidió dejarse llevar por el ritmo. Mientras bailaban, Rodrigo se inclinó hacia ella y le susurró al oído: «¿El chico con el que estabas bailando es tu novio?»
Laura se echó a reír, un poco sorprendida por la pregunta. «¡No, para nada! Es mi primo.»
Rodrigo sonrió aliviado y continuaron bailando. Había algo en la forma en que Rodrigo la miraba que hizo que Laura se sintiera especial. Era como si, en ese momento, fueran los únicos dos en la pista de baile, a pesar del bullicio que los rodeaba.
El tiempo pareció volar, y antes de que se diera cuenta, llegó el momento de irse. El tío de Laura y Nicolle había llegado para recogerlos. Laura se despidió de Rodrigo con una sonrisa y un simple «chau,» a lo que él respondió de la misma manera.
Cuando llegaron a casa, Laura se quitó el vestido y se puso su pijama, aún pensando en la noche que había vivido. Se sentía contenta, pero también un poco confundida. ¿Por qué ese chico había despertado en ella tantas emociones en tan poco tiempo? Mientras se acostaba en su cama, decidió revisar su celular, más por costumbre que por otra cosa. Y fue entonces cuando vio la notificación: «Rodrigo respondió a tu historia.»
Laura sintió un pequeño sobresalto de emoción y abrió el mensaje. Rodrigo había escrito «pare» y le envió un emoticono sonriente. Laura no pudo evitar sonreír también. No sabía muy bien qué significaba ese mensaje, pero decidió responderle.
«Hola, Rodrigo,» escribió, sintiéndose un poco nerviosa pero al mismo tiempo emocionada. «Me alegra que hayas escrito. ¿Cómo estás?»
La respuesta llegó casi de inmediato. «Hola, Laura. Me lo pasé muy bien bailando contigo esta noche. ¿Qué tal tú?»
Laura y Rodrigo continuaron intercambiando mensajes durante un buen rato, hasta que el cansancio finalmente los venció. Antes de despedirse, Rodrigo le pidió a Laura su número de teléfono para seguir en contacto. Ella, sintiendo que algo especial estaba comenzando, se lo dio.
Durante los días siguientes, Laura y Rodrigo continuaron hablando por mensajes, cada vez con más frecuencia. Descubrieron que tenían muchas cosas en común, como su amor por la música y las películas de aventuras. También compartían el mismo sentido del humor, lo que hacía que cada conversación fuera divertida y ligera.
Sin embargo, a medida que su amistad crecía, Laura empezó a darse cuenta de que sus sentimientos por Rodrigo eran más fuertes de lo que había imaginado. Había algo en él que la hacía sentir feliz cada vez que hablaban o se veían, y sabía que no podía ignorar lo que estaba empezando a sentir.
Un fin de semana, Nicolle organizó una pequeña reunión en su casa e invitó a varios amigos, incluyendo a Rodrigo. Laura, aunque un poco nerviosa, estaba emocionada de ver a Rodrigo nuevamente. Cuando él llegó, se saludaron con una sonrisa, pero Laura notó que había algo diferente en la forma en que la miraba. Era como si, al igual que ella, también estuviera luchando con sentimientos que iban más allá de la amistad.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.