En un pequeño pueblo rodeado de montañas y ríos cristalinos, vivía Matías, un niño de apenas un año, con su amorosa mamá Wen y su esforzado papá Dani. La casita donde vivían estaba siempre llena de risas y juegos, decorada con colores alegres que hacían sentir a todos muy felices.
Cada mañana, Matías se despertaba con el suave canto de los pájaros y los tiernos abrazos de su mamá. Wen era una madre dedicada que amaba jugar con Matías, leerle cuentos y enseñarle las maravillas del mundo a través de las páginas coloridas de sus libros.
Papá Dani, por otro lado, tenía que viajar a menudo por su trabajo. Era un trabajo importante porque ayudaba a construir casas y puentes para que otras personas tuvieran hogares seguros y caminos para viajar. Aunque amaba a su familia profundamente, sabía que su trabajo era esencial para ofrecerles una vida mejor.
Cada vez que Dani se preparaba para un nuevo viaje, la pequeña casa se llenaba de un silencio nostálgico. Matías miraba curioso mientras su papá empacaba su maleta, y Wen preparaba algunos bocadillos para el camino. A pesar de su corta edad, Matías sentía que algo especial estaba sucediendo y su pequeño corazón se entristecía al ver que su papá se iba.
«Papá tiene que ir a construir un puente muy lejos, Mati,» explicaba Wen, mientras abrazaba a su hijo. «Pero él siempre vuelve, ¿verdad?» Matías, con su limitado entendimiento, asentía y ofrecía a su mamá una sonrisa, aunque sus ojitos revelaban la tristeza de la despedida.
Wen, queriendo animar a su pequeño, ideó un juego. «¿Qué te parece si hacemos un calendario de papá? Cada día que pase, pegaremos una estrella en el calendario, y cuando esté lleno de estrellas, papá estará de regreso.» Matías aplaudía emocionado, y juntos prepararon un gran calendario con muchas estrellas doradas y plateadas.
Durante los días siguientes, cada mañana, después de desayunar, Matías y Wen pegaban una estrella en el calendario. Jugaban a imaginar qué estaría haciendo Dani en ese momento. «Tal vez está poniendo un ladrillo,» decía Wen, mientras Matías golpeaba suavemente un bloque de juguete contra otro. «O quizás está dibujando el plan de una casa grande,» continuaba, y Matías arrastraba su lápiz sobre un papel, garabateando líneas y círculos.
Mientras pasaban los días, la colección de estrellas en el calendario crecía, y el corazón de Matías se llenaba de esperanza y emoción. Wen le mostraba fotos de su papá trabajando, y le contaba historias de cómo las casas y puentes que Dani construía hacían felices a muchas personas.
Finalmente, el día llegó cuando el calendario estaba lleno de estrellas. Esa mañana, Matías y Wen escucharon un coche detenerse frente a la casa. Corrieron hacia la ventana y vieron a Dani, con su gran sonrisa y los brazos abiertos. Matías chillaba de alegría mientras corría hacia la puerta.
El reencuentro fue lleno de abrazos y risas. Dani levantó a Matías en el aire, girándolo en círculos, mientras Wen los miraba con lágrimas de felicidad en los ojos. «¡Mira cuántas estrellas pusimos en el calendario, papá!» exclamó Matías, mostrando el calendario lleno de destellos a Dani.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.