Cuentos de Amor

Un Día en los Castillos con Queso y Risa

Lectura para 4 años

Tiempo de lectura: 4 minutos

Español

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Había una vez un pequeño pueblo donde cada casa parecía sacada de un cuento de hadas, con sus techos de tejas rojas y sus jardines llenos de flores. En este pueblo vivían Neil, un niño de risa fácil y cabellos rizados, y su mejor amiga, Sara Croquetilla, que llevaba gafas redondas y dos trenzas que siempre se balanceaban cuando corría. Junto a ellos estaba Papa, el papá de Neil, quien era tan alto que parecía capaz de tocar el cielo con sus manos.

Un sábado soleado, Papa les propuso una aventura muy especial: «¿Qué les parece si hoy vamos a explorar castillos y luego comemos pizza y queso?», preguntó con una sonrisa que contagiaba entusiasmo. Neil y Sara Croquetilla se miraron con los ojos brillantes de emoción y gritaron al unísono: «¡Síííí!»

Así comenzó su día de aventuras. Subieron al viejo coche de Papa, que zumbaba y ronroneaba como un gato grande y perezoso, y partieron hacia el campo. El primer castillo que visitaron se alzaba majestuoso sobre una colina, con torres que tocaban las nubes y banderas que ondeaban como si saludaran a los visitantes.

«Este castillo se llama Fortaleza del Viento,» explicó Papa mientras subían por el camino de piedra. «Se dice que antiguamente era el hogar de un rey muy sabio que amaba la pizza tanto como nosotros.»

Neil y Sara se reían imaginando a un rey comiendo pizza en un gran salón adornado con tapices. Exploraron cada rincón del castillo, desde las mazmorras, que ahora estaban vacías y no daban nada de miedo, hasta la torre más alta, desde donde podían ver todo el valle. Se asombraron al ver campos que parecían alfombras de patchwork hechas de diferentes tonos de verde.

Después de la Fortaleza del Viento, visitaron el Castillo de las Nubes, que tenía un gran jardín con un laberinto de setos. Papa les contó historias de caballeros y damas mientras caminaban por el laberinto, intentando encontrar el centro. Neil y Sara corrían adelante, riendo y gritando cada vez que creían encontrar el camino correcto, solo para descubrir otro callejón sin salida.

Finalmente, cuando el sol comenzaba a inclinarse hacia el oeste, señal de que el día estaba llegando a su fin, encontraron un lugar perfecto para su picnic. Era un pequeño claro al pie del Castillo de las Nubes, con vistas a los jardines y al laberinto.

Papa extendió una manta a cuadros sobre el césped y sacó de una canasta lo que habían estado esperando todo el día: pizza de queso dorado y burbujeante, acompañada de varias piezas de queso que olían deliciosamente bien. Mientras comían, Neil y Sara no podían dejar de reír recordando todas las cosas divertidas que habían visto y hecho.

«Estos son los mejores días,» dijo Sara Croquetilla, mirando a Neil y a Papa con una gran sonrisa. «Me hace muy feliz tenerlos en mi vida.»

«Y nosotros somos muy afortunados de tenerte, Sara,» respondió Papa, y Neil asintió con entusiasmo, con la boca todavía llena de pizza.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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