En un pequeño pueblo lleno de casitas de colores y grandes árboles, vivía una niña de cinco años llamada Kathy. Ella era conocida por su risa contagiosa y su gran imaginación. Le encantaba mirar al cielo y soñar despierta con volar entre las nubes junto a los pájaros y las mariposas.
Un día soleado, mientras Kathy jugaba en el parque con su mejor amiga, Adri, las dos decidieron que intentarían volar. Primero, construyeron unas alas grandes y coloridas, inspiradas en las mariposas que danzaban en el aire. Se colocaron las alas y comenzaron a aletear con todas sus fuerzas, pero sus pies no dejaban el suelo.
No desanimadas, las niñas pensaron en otra idea. Con la ayuda de sus padres, construyeron un hermoso avión de cartón y madera. Se subieron al avión, esperando despegar al cielo azul, pero nuevamente, el avión permaneció en tierra.
Con la esperanza aún intacta, Kathy y Adri decidieron intentar una última cosa: un cohete. Trabajaron todo el día, decorando un gran tubo con papel de aluminio y dibujos de estrellas y planetas. Se pusieron el cohete, cerraron los ojos y contaron hasta tres para el despegue. Sin embargo, cuando abrieron los ojos, seguían en el mismo lugar.
Tristes pero no derrotadas, las niñas se sentaron en el parque, mirando al cielo, preguntándose por qué no podían volar. Fue entonces cuando se encontraron con Andrés, un niño mayor del barrio que siempre tenía una sonrisa amable.
«¿Qué les sucede, chicas?» preguntó Andrés, sentándose junto a ellas.
Kathy y Adri le contaron todo sobre sus intentos de volar y cómo nada había funcionado. Andrés escuchó atentamente y luego sonrió con comprensión.
«Entiendo por qué quieren ir al cielo. Es un lugar hermoso, ¿no? Pero les voy a contar un secreto,» dijo Andrés, acercándose más. «El cielo es también un lugar especial porque ahí es donde vive nuestro Salvador, Jesús. Y aunque no podemos volar físicamente allí, hay una manera de estar más cerca de Él.»
Las niñas miraron a Andrés con curiosidad. Él continuó: «La manera de conectarnos con Jesús y sentir el cielo más cerca es a través de la oración y manteniendo nuestra relación con Él en nuestros corazones. ¿Quieren intentarlo?»
Kathy y Adri asintieron emocionadas. Andrés les enseñó a hacer una oración sencilla, y juntos, cerraron los ojos y hablaron con Jesús, compartiendo sus deseos y sueños.
Al abrir los ojos, aunque seguían sentadas en el parque, algo había cambiado. Se sentían más ligeras, casi como si pudieran volar con el corazón. Estaban llenas de una felicidad y paz que no habían sentido antes.
«Ahora saben que siempre pueden estar cerca del cielo, y de Jesús, no importa dónde estén,» dijo Andrés, levantándose para irse.
Desde ese día, Kathy y Adri no dejaron de mirar al cielo, pero ya no con el deseo de escapar a él, sino como un recordatorio de su conexión especial con algo mucho más grande que ellas. Aprendieron que, a veces, las aventuras más grandes no requieren despegar del suelo, sino abrir el corazón a nuevas maneras de ver el mundo.
Fin
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.