Cuentos de Animales

Espumita y la Gran Búsqueda en el Palacio

Lectura para 4 años

Tiempo de lectura: 4 minutos

Español

Puntuación:

0
(0)
 

Compartir en WhatsApp Compartir en Telegram Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir por correo electrónico
0
(0)

Había una vez, en un gran reino, dos príncipes llamados Joaquín y Thiago. Vivían en un inmenso palacio lleno de habitaciones secretas, pasillos interminables y jardines que parecían sacados de cuentos de hadas. A pesar de ser príncipes, lo que más les gustaba en el mundo no eran los tesoros ni las fiestas reales, sino su adorable mascota: una pequeña gatita blanca y esponjosa llamada Espumita.

Espumita era el centro de atención en el palacio. Desde el día en que Joaquín y Thiago la adoptaron, había llenado de alegría cada rincón del lugar. Corría por los pasillos, jugaba con los tapices y se escondía en los lugares más inesperados. Pero lo más curioso de Espumita era su increíble amor por las galletas. Si alguien dejaba una galleta descuidada, podías estar seguro de que la pequeña gata estaría cerca para darle un mordisco.

Un día, después de haber jugado durante horas en el jardín del palacio, Joaquín y Thiago decidieron entrar al salón principal para descansar un poco. Se tiraron en los grandes sillones de terciopelo y, al darse cuenta de que Espumita no los había seguido, comenzaron a llamarla.

«¡Espumita! ¡Ven, Espumita!», gritaba Thiago.

«Debe estar escondida, como siempre», dijo Joaquín, acostumbrado a las travesuras de la gatita.

Pero, tras varios minutos de llamar y buscar en los lugares donde Espumita solía esconderse, no la encontraron. Los príncipes empezaron a preocuparse. ¿Dónde podía estar su querida gatita?

«Esto es raro», murmuró Thiago. «Siempre viene corriendo cuando la llamamos».

«Debe estar en alguna parte del palacio», dijo Joaquín, decidido a encontrarla. «Vamos a buscarla en todos los rincones».

Así que comenzó la gran búsqueda. Los príncipes recorrieron cada sala, cada pasillo y cada rincón del palacio. Fueron a los dormitorios, al gran salón de baile y hasta al salón de música, donde Espumita solía treparse al piano. Pero no había ni rastro de la pequeña gata.

Thiago, siempre el más curioso, sugirió: «¿Y si fue a los jardines?»

Corrieron al jardín, pero tampoco la encontraron. Espumita no estaba ni jugando con las flores ni persiguiendo las mariposas. A medida que pasaban los minutos, los príncipes se sentían más y más preocupados. La pequeña Espumita nunca se había escondido tanto tiempo.

«Tal vez está en algún lugar más oscuro», dijo Joaquín, mientras miraba hacia el sótano del palacio. «Sabes que a veces le gusta esconderse en lugares donde hace frío».

Bajaron rápidamente las escaleras que llevaban al sótano, donde los criados guardaban las provisiones. Revisaron entre los sacos de harina, las cajas de frutas y hasta dentro de las grandes barricas de vino. Pero, una vez más, Espumita no estaba allí.

Cuando ya casi estaban a punto de rendirse, Thiago de repente levantó la cabeza. «¡La cocina! ¡No hemos revisado la cocina!»

Ambos príncipes corrieron a la cocina del palacio, una enorme sala con estantes llenos de ollas, sartenes y delicias preparadas por los cocineros reales. Al entrar, lo primero que notaron fue un sonido familiar. Era un pequeño crujido, como si alguien estuviera mordisqueando algo.

«¿Oíste eso?», preguntó Joaquín, mirando a su hermano.

Thiago asintió. Ambos se acercaron lentamente al rincón donde estaban guardadas las galletas. Y ahí, entre una montaña de migas, encontraron a Espumita. La pequeña gatita estaba acurrucada, disfrutando de un festín de galletas. Sus bigotes estaban llenos de migajas, y su carita mostraba una expresión de pura felicidad.

Cuentos cortos que te pueden gustar

autor crea cuentos e1697060767625
logo creacuento negro

Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

Deja un comentario