Cuentos de Animales

La amistad que aplaca el hambre

Lectura para 4 años

Tiempo de lectura: 2 minutos

Español

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Había una vez, en un hermoso valle rodeado de altas montañas y verdes praderas, un lobo llamado Lucho. Lucho era un lobo grande y fuerte, con un pelaje gris brillante que relucía bajo el sol. Sin embargo, a pesar de ser un lobo, Lucho no era como los demás lobos. A él no le gustaba cazar, ni hacer travesuras. En lugar de eso, a Lucho le encantaba explorar el bosque y observar a los otros animales jugar.

Por otro lado, en una de las praderas más verdes del valle, vivía una oveja llamada Olivia. Olivia era una oveja pequeña y peluda, con lana suave como nubes. Era muy juguetona y siempre le gustaba saltar de un lado a otro, corriendo con sus amigos, las otras ovejas del rebaño. Olivia amaba correr por el campo, sintiendo la brisa en su cara y el sol brillando en su lana.

Un día, mientras Olivia estaba pastando con su rebaño, vio a Lucho sentado bajo un árbol. Intrigada, decidió acercarse un poco. «Hola, soy Olivia. ¿Y tú quién eres?» dijo la oveja con una sonrisa.

Lucho, sorprendido de que una oveja se acercara a él, respondió: «Hola, soy Lucho. Soy un lobo, pero no tengo ganas de cazar hoy. Solo estoy disfrutando de la vista.»

Olivia, que había oído historias sobre lobos, se sintió un poco nerviosa, pero no tenía miedo de Lucho. «Eso es genial. A mí también me gusta ver cosas. El campo es muy bonito, ¿verdad? ¿Te gustaría venir a jugar conmigo y mis amigos?»

Lucho se quedó pensando. Jugar con una oveja era algo que nunca había hecho. «¿Jugar? ¿No debería comerte o algo así?» preguntó Lucho con curiosidad.

Olivia se rió. «¡No, no! Eso solo lo hacen los lobos malos. Tú no eres así, ¿verdad? Eres diferente. ¡Vamos, ven a jugar!»

Y así, con un poco de duda, Lucho decidió unirse a Olivia. Juntos corrieron por el campo, se lanzaron pequeñas flores y se metieron en un montón de hojas. Aprendieron a saltar sobre pequeños arroyos y a perseguir mariposas. Era un día lleno de risas y alegría.

Sin embargo, mientras jugaban, un pastor que cuidaba del rebaño de Olivia notó que Lucho estaba cerca. Al verlo, corrió hacia ellos gritando: «¡Olivia! ¡Aleja esa oveja de ese lobo! Es peligroso. Los lobos siempre tienen hambre.»

Lucho entonces se puso triste porque se dio cuenta de lo que pensaban de él. Olivia, viendo la tristeza en los ojos de su nuevo amigo, le dijo al pastor: «¡Pero Lucho solo quiere jugar! No es un lobo malo. Es mi amigo.»

«¡No puedes jugar con un lobo, Olivia! Te podría hacer daño», replicó el pastor con preocupación.

Pero Olivia, valiente y decidida, respondió: «Lucho no me hará nada. Por favor, dale una oportunidad. Él no es como los otros lobos. Solo quiere ser nuestro amigo.»

El pastor dudó un poco, pero vio cuánto disfrutaba Olivia con Lucho y decidió darle una oportunidad. “Está bien, probaré dejar que jueguen juntas, pero estaré muy cerca por si acaso.”

Así que, después de un rato, el pastor se sentó a observar mientras Olivia y Lucho continuaban jugando. Al principio, Lucho se sentía un poco inseguro. Jamás había jugado con otros animales así. Pero, poco a poco, la risa de Olivia lo hizo sentir más cómodo.

Pronto, el pastor comenzó a notar que Lucho no tenía ninguna intención de dañar a Olivia. Al contrario, siempre se aseguraba de que ella estuviera segura. Si alguna vez un arbusto la asustaba, él se acercaba suavemente y le decía: «No te preocupes, soy tu amigo. Estoy aquí.»

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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