Era un día soleado en la casa de Ivette y Haizea. Ivette, una niña de cinco años con una sonrisa brillante y una cabellera rizada, estaba en su habitación rodeada de colores. Le encantaba pintarse y disfrazarse. Su lugar favorito era su pequeño rincón de arte, donde pasaba horas creando obras maestras con pinceles y acuarelas.
Mientras Ivette mezclaba colores en su paleta, su hermana mayor, Haizea, entró en la habitación. Haizea, con su larga melena y su espíritu aventurero, era fanática del therian, una forma de expresión artística que combinaba el amor por los animales con la creatividad. “¿Qué estás haciendo, pequeña artista?”, preguntó con una sonrisa.
“Estoy pintando un unicornio que vuela sobre un arcoíris”, dijo Ivette, emocionada. “¿Quieres ayudarme?”
“¡Claro! Pero primero, mira lo que tengo”, respondió Haizea mientras sacaba de su mochila un disfraz de lobo. “Me voy a disfrazar de lobo para el juego de hoy. ¡Vamos a la selva mágica!”
La idea de una selva mágica hizo que los ojos de Ivette brillaran de emoción. “¡Sí! ¡Quiero ser una hada que cuida a los animales de la selva!”, exclamó. Juntas, comenzaron a prepararse. Ivette se vistió con un vestido verde brillante y se pintó la cara con colores que imitaban hojas y flores. Haizea se puso su disfraz de lobo, con orejas grandes y una cola esponjosa.
“Mami, ¡vamos a la selva mágica!”, gritaron al unísono cuando su madre entró en la habitación.
Mami, que siempre apoyaba las aventuras de sus hijas, sonrió. “¡Eso suena divertido! ¿Quieren que les prepare un pícnic para llevar a la selva?”
“¡Sí, por favor!” respondieron emocionadas.
Mientras Mami preparaba bocadillos, las dos hermanas planeaban su aventura. “Recuerda, en la selva mágica, hay que cuidar de los animales y proteger la naturaleza”, dijo Haizea. Ivette asintió, entusiasmada. “Y también hay que encontrar un tesoro escondido”, añadió.
Después de un rato, Mami terminó de empacar el pícnic: sandwiches de mermelada, frutas frescas y galletas de chocolate. “Listas para la aventura, mis princesas”, dijo Mami mientras les entregaba la mochila con la comida.
Las niñas salieron de casa, listas para explorar su jardín, que se convertiría en la selva mágica de su imaginación. Al entrar en su jardín, empezaron a jugar y a actuar como si fueran exploradoras valientes. “¡Cuidado, Haizea! ¡Un cocodrilo se acerca!”, gritó Ivette, señalando un pequeño arbusto.
“¡Rápido, escóndete detrás de la roca!”, dijo Haizea mientras se lanzaba al suelo, riendo. Se pasaron horas corriendo, saltando y explorando, haciendo ruidos de animales y disfrutando de la naturaleza que les rodeaba.
Mientras jugaban, encontraron un árbol grande con ramas que parecían una cueva. “Mira, ¡podría ser nuestra casa en la selva!”, dijo Ivette. Ambas se asomaron y decidieron que era el lugar perfecto para esconder su tesoro. Rápidamente, comenzaron a excavar un pequeño agujero en la tierra y colocaron una piedra brillante que había encontrado Ivette, diciendo que era un diamante.
De repente, Haizea escuchó un sonido extraño. “¿Escuchaste eso?”, preguntó, deteniéndose en seco. Ivette asintió con miedo. “Puede que sea un monstruo”, susurró. Ambas miraron alrededor, y en ese instante, vieron a Mami mirándolas con una gran sonrisa. “¿Qué hacen, mis aventureras?”
“Estamos en la selva mágica y cuidando a los animales”, respondió Ivette, alzando la voz, aún un poco asustada.
“¿Puedo unirme a ustedes?”, preguntó Mami, inclinándose hacia ellas. “Tal vez pueda ser un hada que les ayude a encontrar el tesoro”.
“¡Sí, mami! ¡Ven!”, gritaron las niñas. Y así, Mami se unió a su juego, convirtiéndose en la reina de la selva. Juntos, continuaron explorando, creando historias sobre los animales que encontraban y los peligros que enfrentaban.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.