Cuentos de Aventura

La Aventura de Tomi el Atomo Viajero: Un Recorrido por el Ciclo del Agua y el Cuerpo Humano

Lectura para 4 años

Tiempo de lectura: 2 minutos

Español

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Había una vez un átomo muy pequeño llamado Tomi. Tomi era un átomo de agua, o como los científicos le decían, un átomo de hidrógeno que vivía junto a su amigo Ox, formando una gotita de agua brillante y fresca. Esta gotita estaba en una hoja verde, muy alta, recogiendo el rocío de la mañana. Tomi era muy alegre y curioso, le encantaba saber de todo y descubrir lugares nuevos. Él vivía feliz en su gotita, rodeado de más átomos y sintiendo cómo el agua besaba la hoja suavemente.

Un día, mientras Tomi descansaba en su casita de agua, un viento travieso comenzó a soplar. ¡Puff! El viento levantó a Tomi y a su gotita, y de repente, la gotita se elevó en el aire. Pero a medida que subía, el sol calentaba mucho y algo mágico pasó: la gotita empezó a convertirse en vapor. Tomi sintió cómo su casita líquida se volvía ligera y empieza a flotar. ¡Ahora él era vapor de agua! Era como volar en una nube invisible, llena de aire y aventuras.

Mientras Tomi viajaba en el aire, el sol calentaba y él sentía calorcito que daba ganas de bailar. De pronto, después de un rato en el aire, el viento lo llevó a un lugar nuevo. Las nubes jugaron con él un ratito y después, empezó a caer como lluvia. “¡Plop, plop!”, Tomi cayó en un vaso de agua que estaba muy cerca de una ventana. Ese vaso le parecía enorme a Tomi, pero él sabía que ahí había agua fresca y limpia lista para ser tomada.

En ese momento, una niña llamada Sofi acercó su mano y agarró el vaso para beber el agua. Tomi, que estaba dentro de esa agua, dio una pequeña vuelta y de repente, ¡glup!, Sofi se bebió el agua sin saber que un pequeño átomo como Tomi viajaba dentro. Tomi estaba contento, pues ahora comenzaba una nueva aventura dentro del cuerpo de Sofi.

Primero, Tomi pasó por la boca de la niña. Allí, saludo a los dientes que vivían felices y fuertes. “¡Hola dientes! ¿Cómo están?” – dijo Tomi con mucho entusiasmo. Los dientes le sonrieron y dijeron, “¡Hola Tomi! Nosotros somos los dientes, y nuestra tarea es triturar la comida para ayudar a Sofi a comer bien.” Tomi miró cómo los dientes trabajaban en equipo, cortando y aplastando pequeños trocitos de comida para que fueran más fáciles de digerir. “¡Qué trabajo tan importante tienen ustedes!” pensó Tomi muy impresionado.

Después de pasar por la boca y la lengua, Tomi bajó por la garganta y llegó a la barriguita de Sofi. Allí dentro, el ambiente era muy diferente. Tomi vio muchas burbujas y escuchó ruiditos suaves. De repente, sintió que alguien le hablaba muy bajito: “Hola Tomi, bienvenido al estómago, aquí nosotros transformamos la comida en energía para que Sofi pueda caminar, jugar y reír.” Era el estómago que le explicaba con una voz cariñosa.

Tomi miró a su alrededor y vio cómo las burbujas se movían y burbujeaban. Él entendió que allí la comida cambiaba de forma para convertirse en algo que el cuerpo puede usar. “¡Guau, este lugar es una fábrica mágica!” pensó Tomi, muy emocionado.

Luego, llegó un momento muy especial: Tomi se subió en un glóbulo rojo, que parecía un pequeño barco. El glóbulo rojo le explicó: “Tomi, nosotros somos los encargados de llevar el oxígeno por todo el cuerpo de Sofi. Sin nosotros, los músculos, el corazón y el cerebro no podrían funcionar bien.” Tomi se sintió como un viajero en su barco, navegando por ríos invisibles que en realidad eran vasos sanguíneos.

El glóbulo rojo navegó con Tomi pasando por los pulmones, donde llegaron burbujas de aire lleno de oxígeno, que a Tomi le parecía delicado y brillante. “¡Mira, Tomi! Aquí es donde el oxígeno entra en el cuerpo para darnos energía y vida,” dijo el glóbulo rojo. Tomi sintió cómo el aire fresco entraba y le dio ganas de saltar de alegría.

Después de pasar por los pulmones, Tomi y su pequeño barco siguieron su viaje recorriendo los músculos fuertes de Sofi. Allí, Tomi vio cómo los músculos se movían y trabajaban para que Sofi pudiera correr, saltar y bailar con sus amigos. “¡Esto es tan divertido!”, pensó Tomi mientras veía a Sofi brincar y sonreír.

Finalmente, luego de un largo y emocionante recorrido, el glóbulo rojo llevó a Tomi hacia la salida del cuerpo de Sofi. Cuando Sofi respiró profundamente y luego exhaló con un suave soplido, Tomi salió junto con un poco de vapor, elevándose lentamente hacia el aire. “Adiós, Sofi,” dijo Tomi con una voz pequeñita, “gracias por dejarme acompañarte en esta aventura maravillosa.”

El viento volvió a soplar y Tomi se elevó otra vez, flotando por el cielo en la brisa fresca, hasta que encontró otra gotita de agua donde poder descansar después de tanta emoción. Desde ahí, miró hacia abajo y vio a Sofi jugar feliz en el parque, feliz por todas las energías que ese pequeño viaje le había dado.

Así, Tomi comprendió que aunque era un átomo chiquito, su viaje era muy importante: uniendo el ciclo del agua con el cuerpo de Sofi, ayudando a la naturaleza y a las personas. Y ahora que era vapor en el cielo, esperaba la próxima aventura con muchas ganas.

Y colorín colorado, el cuento de Tomi ha terminado. Pero su aventura no se detiene, porque en cada gotita de agua y en cada respiración, Tomi sigue viajando y descubriendo el maravilloso mundo que nos rodea. ¡Qué bonito es ser un átomo viajero!

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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