Cuentos de Aventura

La Aventura Emocionante de una Gota de Agua: Un Viaje alrededor del Mundo

Lectura para 8 años

Tiempo de lectura: 2 minutos

Español

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Había una vez una pequeña gota de agua llamada Aguita, que vivía en un charco brillante al borde de un extenso campo verde. Aguita era curiosa y soñaba con conocer el mundo más allá de su charco, pero no sabía cómo hacerlo. Un día, el sol comenzó a brillar con fuerza y, al sentir su calor, Aguita sintió cómo poco a poco se elevaba en el aire. ¡Había comenzado su gran aventura! Se había evaporado, lista para explorar el ciclo del agua y descubrir lugares increíbles.

Mientras flotaba en el aire, Aguita vio frente a ella una enorme montaña que se levantaba majestuosa como un gigante dormido. Decidió acercarse y, al aterrizar suavemente en una roca, escuchó una voz dulce pero fuerte, la voz de la Montaña. La Montaña le contó a Aguita que ella había visto muchas cosas en sus años de vida, desde tormentas intensas hasta días soleados y noches estrelladas. Aguita estaba fascinada; nunca había conocido a alguien tan grande y sabio.

—¿Quieres subir conmigo? —preguntó la Montaña—. Puedo mostrarte lugares que ningún charco conoce.

Aguita, emocionada, aceptó. Poco a poco, con la ayuda del viento, Aguita fue ascendiendo por la ladera hasta llegar a la cima. Desde allí, vio un valle lleno de árboles altos y frondosos. Uno de esos árboles, llamado Árbol, saludó a Aguita con una sonrisa.

—¡Hola, pequeña gota! —exclamó Árbol—. Este es mi hogar, y alimento a muchos animales con el agua que recojo de la lluvia. ¿Quieres conocer a mis amigos?

Aguita se despidió brevemente de la Montaña y bajó con cuidado hasta la base del Árbol. Allí, vio que debajo de las ramas vivía una pequeña Ardilla, rápida y juguetona, que corría de aquí para allá buscando nueces.

—¡Hola! —dijo la Ardilla—. Ven a jugar y a escuchar mis historias del bosque. Pero primero, debes pasar por la Hierva, ella es muy sabia y sabe todo sobre el ciclo del agua.

Aguita siguió entonces su camino, movida por la curiosidad. La Hierva era una planta pequeña y suave que crecía cerca de un arroyo cristalino. Cuando Aguita llegó, Hierva la recibió con un abrazo cálido.

—Querida Aguita —dijo Hierva—, el mundo es un lugar lleno de aventuras y cambios. Tú eres parte del gran viaje del agua, y cada paso que das es importante para la vida. Te ayudaré a entender cómo cada gota como tú regresa a donde debe estar, para seguir el ciclo nuevamente.

Aguita escuchó atentamente mientras Hierva le explicó que después de evaporarse, las gotas se juntan para formar nubes. Cuando están llenas, caen como lluvia para alimentar ríos, lagos y plantas. Aguita se emocionó mucho, estaba aprendiendo de una manera maravillosa.

De repente, el viento comenzó a soplar con fuerza y Aguita sintió que se elevaba otra vez. Esta vez, se unió a otras gotas y formaron una hermosa nube blanca y esponjosa. Desde allí arriba, Aguita pudo ver un pueblo con niños que jugaban en un parque cercano.

Entre ellos destacó un grupo de cinco niños: Sofía, Miguel, Carla, Daniel y Lucas. Aguita, intrigada por ellos, quiso acercarse un poquito más para conocer sus juegos y aventuras. Aunque era pequeña, pudo sentir la alegría y la energía con la que corrían, reían y se divertían. El sol brillaba y después de un instante, la nube empezó a moverse con rapidez hacia el pueblo.

—¡Prepárate, Aguita! —dijo la nube—. Llegó el momento de ser lluvia.

De repente, Aguita cayó delicadamente sobre el parque, aterrizando sobre las flores de un jardín. Los niños levantaron la vista y corrieron bajo la lluvia, brincando entre charcos y disfrutando cada gota que caía del cielo.

—¡Mira, la lluvia! —gritó Sofía—. ¡Venid a jugar conmigo!

Aguita se mezcló con la tierra húmeda, ayudando a que las raíces del Árbol y la Hierva que había conocido antes se llenaran de energía. Sintió que, aunque había caído, su aventura continuaba, porque ahora sería parte de un río que corría por el campo.

Pronto, la corriente la llevó a un viaje rápido, pasando entre piedras y árboles, sintiendo la fuerza del agua moverla hacia adelante. En el camino recordó a la Ardilla, que probablemente estaba guardando provisiones para el invierno, y a la Montaña, que seguía imponente observando todo desde lo alto.

El río la llevó finalmente a un lago grande, donde muchas otras gotas descansaban tranquilas. Allí, Aguita se encontró con una nueva amiga, una gota llamada Clara, que le habló sobre los misterios de los lagos y los animales que viven en ellos.

—Aquí, las gotas pasamos tiempo antes de que el sol nos llame otra vez para continuar el ciclo —explicó Clara—. Pero siempre debemos estar listas para la siguiente aventura.

Aguita sonrió, sabiendo que su recorrido no había terminado.

Una tarde, cuando los rayos del sol acariciaban la superficie del lago, Aguita sintió cómo de nuevo comenzaba a elevarse. Estaba lista para comenzar otra vez su viaje, y esta vez sentía que entender el mundo era mucho más emocionante porque había conocido lugares increíbles y a muchos amigos especiales: la sabia Hierva, la fuerte Montaña, el acogedor Árbol, la alegre Ardilla y ahora los niños que disfrutaban la lluvia.

Mientras ascendía hacia las nubes, Aguita comprendió que su historia no terminaba con una sola aventura, sino que cada ciclo en el que se unía con otras gotas formaba nuevas historias y nuevas exploraciones por el mundo.

Así, Aguita viajó una y otra vez, siendo nube, lluvia, río y gota de nuevo, aprendiendo que sin ella y sus amigas gotas, la vida en la Tierra no podría crecer ni florecer. Cada paso era una aventura llena de acción, de carreras con el viento, saltos en ríos y juegos con los niños.

Y aunque Aguita era pequeña, su corazón estaba lleno de valentía, curiosidad y mucho amor por el mundo que estaba descubriendo.

La aventura emocionante de Aguita nos enseña que, aunque a veces parezcamos pequeños, nuestra importancia y nuestras experiencias pueden hacer que el mundo sea un lugar maravilloso. Siempre hay algo nuevo por descubrir, amigos que conocer y aventuras que vivir. Solo hace falta tener ganas de explorar y cuidar el lugar donde vivimos para que siga siendo tan hermoso como el viaje de una gota de agua.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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