Isaac, Martín y Álvaro eran tres amigos inseparables que vivían en un pequeño barrio lleno de casas coloridas y árboles frondosos. Siempre estaban buscando aventuras y, para ellos, cada día era una nueva oportunidad para descubrir algo increíble. Una tarde, mientras exploraban el antiguo parque que había detrás de la escuela, encontraron un espejo extraño y gigantesco apoyado contra un roble enorme. No parecía un espejo común; su marco estaba tallado con símbolos que ninguno de los tres había visto antes y su superficie brillaba ligeramente con colores cambiantes, como si ocultara un secreto.
Los tres amigos se miraron con curiosidad mientras Paco, su inseparable amigo y compañero de clase, se acercaba a ellos corriendo, respirando agitado. “¡Chicos! ¡Vengan rápido, encontré algo raro en la vieja bodega abandonada del barrio!” dijo, con los ojos llenos de emoción y un poco de temor.
—¿Qué encontraste, Paco? —preguntó Isaac, siempre el más valiente del grupo.
—No lo sé muy bien —respondió Paco—, pero parece algo importante. Cuando toqué esta caja metálica, se abrió y había un pequeño dispositivo que no había visto nunca antes. Tiene botones y luces que parpadean.
Los cuatro amigos corrieron hacia la bodega, un lugar polvoriento y oscuro donde ya casi nadie quería entrar. Mientras avanzaban, Paco sacó de su mochila el aparato misterioso y lo encendió. De repente, el dispositivo emitió un zumbido y una luz azul intensa comenzó a brillar en el aire frente a ellos. En ese instante, el espejo del parque empezó a resplandecer con un brillo más fuerte, y una especie de portal se formó en su superficie.
—¿Eso qué es? —preguntó Martín asombrado.
—Parece un portal a otro mundo —dijo Álvaro, que siempre había leído libros de ciencia ficción y sabía mucho sobre universos paralelos—. Tal vez este dispositivo es la clave para abrirlo o para controlarlo.
Sin pensarlo dos veces, Paco sugirió que un valiente podría atravesar el portal para descubrir qué había al otro lado. Isaac se acercó al espejo con cuidado, mientras los otros tres observaban atentos. Cuando Isaac puso una mano sobre la superficie del espejo, sintió una vibración extraña y una sensación de frío que recorría todo su cuerpo. De repente, sin previo aviso, el portal lo absorbió y desapareció.
—¡Isaac! —gritaron los demás.
El espejo ahora se veía normal, como si nada hubiera pasado. Pero ellos sabían que Isaac estaba atrapado en ese mundo desconocido. El miedo se apoderó de los amigos, pero a la vez sentían la urgencia de ayudarlo. Paco, Martín y Álvaro decidieron entonces preparar todo para cruzar el portal y buscar a Isaac.
Antes de partir, más atentos que nunca, revisaron el dispositivo que había activado el portal. Al manipularlo, Paco presionó algunos botones y apareció en una pequeña pantalla holográfica una figura de una niña que les hablaba en un idioma extraño. Sin embargo, la voz tenía palabras que pudieron entender: “Ayuda”, decía con intensidad.
Siguieron la voz y descubrieron que la niña se llamaba Pepe, y no, no era un niño, sino una niña que vivía en ese mundo paralelo llamado Cygnia. Pepe estaba atrapada también y sola, tratando de encontrar el camino para salir del mundo y regresar a casa.
Cuando finalmente cruzaron el portal, los tres chicos se encontraron en un lugar muy diferente a su barrio. Todo estaba iluminado por una luz púrpura suave y el aire se sentía más denso. Las plantas tenían colores que nadie había visto y en el cielo flotaban naves que parecían hechas de cristales que destellaban bajo una estrella lejana.
Paco, Martín y Álvaro caminaron con cuidado, explorando y llamando a Isaac. Después de un rato, una figura apareció entre los árboles: era Pepe, la niña del holograma, que los miraba con una mezcla de alegría y alivio.
—¡Por fin! —exclamó Pepe—. He estado esperando que alguien viniera a ayudarme. Este mundo no es seguro, y además, estoy tratando de encontrar a un amigo que se perdió en otro sector.
Los chicos rápidamente compartieron lo que había pasado y entendieron que Isaac estaba atrapado en una zona peligrosa llamada “La Zona de Niebla”, donde pocos regresaban y donde el tiempo parecía no pasar.
Pepe afirmó que conocía bien el territorio y que podía guiarlos. Mientras caminaban, Pepe explicó que Cygnia era una dimensión paralela al mundo de ellos, creada por una antigua civilización que experimentó con portales dimensionales y sistemas avanzados de energía. Muchos años atrás, esta civilización desapareció misteriosamente, dejando solo máquinas y dispositivos dispersos que todavía funcionaban como en fantasía. La gente que vivía en Cygnia tampoco entendía del todo cómo regresar, por eso ella estaba atrapada y buscaba una salida.
El grupo marchó por senderos brillantes y puentes flotantes que parecían mantenidos en equilibrio por fuerzas invisibles. De repente, una alerta de peligro se encendió en el dispositivo que Paco todavía tenía, y juntos se adentraron en un bosque de árboles de cristal. Allí escucharon un ruido extraño, mezclado de maquinaria antigua y ciertos murmullos lejanos.
De la neblina apareció una figura con un traje plateado y ojos que brillaban como estrellas. Era Pepe, pero no la verdadera, sino una trampa creada por un sistema de defensa del mundo de Cygnia, que detectaba a los extraños y trataba de atraparlos para proteger sus secretos.
La verdadera Pepe les advirtió justo a tiempo, y entre todos lograron evadir la trampa usando el dispositivo holográfico para confundir a la copia. La carrera continuó y, finalmente, llegaron a un valle donde la “Zona de Niebla” cubría todo con un manto espeso y oscuro.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.