En una casa llena de risas y amor, vivía una familia muy especial. Papá Juan, de cabello rubio y ojos amarillos, era conocido por dar los abrazos más cálidos y reconfortantes. Mamá Lucía, con su largo cabello negro, era la fuente de ternura y cuidado. Los tres hijos, Josué de 5 años con rizos rubios, Juan José de 3 años con cabello rubio y lacio, y la pequeña Luciana de 1 año con cabello oscuro, eran la alegría de la casa.
Un día soleado, Papá Juan anunció: «¡Hoy viviremos una gran aventura en nuestro jardín!» Los niños, emocionados, siguieron a su papá al jardín, un lugar donde las flores danzaban al viento y las mariposas revoloteaban en un ballet de colores.
Josué y Juan José, con sus autos de juguete en mano, empezaron a crear pistas imaginarias entre las flores. Luciana, sentada sobre el césped, se maravillaba con las mariposas y las flores que parecían saludarla. Mamá Lucía, con una sonrisa, observaba a su familia disfrutar de la naturaleza.
De repente, una mariposa muy especial aterrizó en la nariz de Luciana. Era más grande que las demás y brillaba con colores que cambiaban como un arcoíris. «¡Una mariposa mágica!», exclamó Papá Juan. La mariposa revoloteó alrededor de ellos y, con un parpadeo, ¡el jardín empezó a cambiar!
Las flores crecieron hasta alcanzar el tamaño de árboles, y los colores se volvieron aún más vivos. «Estamos en un jardín encantado», dijo Mamá Lucía con asombro. Los niños reían y corrían entre las gigantes flores, sintiéndose como pequeños exploradores en un mundo fantástico.
La mariposa mágica guió a la familia a través del jardín. Les mostró un arroyo donde los peces cantaban melodías dulces y un campo de tulipanes que bailaban al ritmo del viento. Cada rincón del jardín tenía una sorpresa maravillosa.
Cuando llegaron a un claro, encontraron un árbol de manzanas doradas. «Estas manzanas son mágicas», explicó Papá Juan. «Si compartes una manzana con alguien que amas, fortalecerá su amistad para siempre». La familia decidió hacer un picnic bajo el árbol, compartiendo las manzanas y llenando el aire con risas y abrazos.
Mientras disfrutaban del picnic, la mariposa mágica revoloteó alrededor de Luciana, dejando caer un polvo brillante sobre ella. De repente, Luciana empezó a hablar en un lenguaje de mariposas, llenando el aire con dulces sonidos que hacían reír a todos.
La tarde pasó entre juegos y descubrimientos. Cuando el sol comenzó a ponerse, la mariposa mágica se despidió con un vuelo circular sobre la familia. El jardín volvió a su tamaño normal, pero la magia de ese día permaneció en sus corazones.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.