Cuentos de Valores

La Perfección en la Cima del Podio

Lectura para 10 años

Tiempo de lectura: 5 minutos

Español

Puntuación:

0
(0)
 

Compartir en WhatsApp Compartir en Telegram Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir por correo electrónico
0
(0)

Felicia despertó aquella mañana con un cosquilleo en el estómago. Hoy era el gran día: la competición de gimnasia artística a la que había dedicado los últimos meses de su vida estaba por comenzar. Su corazón latía con fuerza mientras se levantaba de la cama y se miraba en el espejo. «¡Hoy voy a darlo todo!» se dijo con una sonrisa, convencida de que su esfuerzo y dedicación la llevarían a la cima.

Desde pequeña, Felicia siempre había sentido una mezcla de emoción y nervios cada vez que se enfrentaba a un reto. No era que se asustara fácilmente, pero la gimnasia artística, con sus saltos, giros y posturas en las paralelas, le exigía no solo fuerza sino también concentración. El miedo a equivocarse, a caerse o no ser lo suficientemente buena a veces la hacía dudar, pero sabía que debía superar esos pensamientos si quería lograr su sueño.

Esa mañana, al bajar a la cocina, encontró a su mamá preparando el desayuno con cuidado. Mamá siempre había sido su mayor apoyo. “¿Lista para el gran día, campeona?”, le preguntó con una sonrisa cálida mientras le servía un plato de avena con frutas.

Felicia asintió, aunque no pudo evitar morderse el labio por los nervios. Papá entró en la cocina justo en ese momento, con una camiseta del equipo de gimnasia que Felicia tanto quería. “Hoy vas a brillar, Felicia. Recuerda que lo importante no es solo ganar, sino dar tu mejor esfuerzo”, dijo mientras le daba un fuerte abrazo.

Felicia tomó la mochila y salió rumbo al gimnasio. Allí la esperaba Kat, su mejor amiga y compañera de entrenamiento. Kat estaba en la misma categoría que Felicia, pero lo que más valoraban entre ellas era la amistad y la motivación que se daban mutuamente. “¿Lista para sorprender a todos?” preguntó Kat con una sonrisa pícara. Felicia la miró y respondió: “Sí, aunque siento un poco de miedo. Pero sé que si lo intento con todo, saldrá bien”.

El lugar estaba lleno de niños y niñas de todas las edades, cada uno preparado para mostrar lo mejor de sí en diferentes disciplinas. Cuando llegó el turno de Felicia en las paralelas, su corazón se aceleró. “Tú puedes, Felicia”, se dijo a sí misma intentando calmar su ansiedad.

Subió a la estructura metálica y se agarró firmemente a las barras. Empezó su rutina con movimientos perfectamente calculados: balanceos, elevaciones y giros que había practicado una y otra vez. Pero cuando llegó al momento más difícil, un gran salto invertido entre las paralelas, sintió que algo dentro de ella se tensaba. El miedo apareció de golpe como una sombra que amenazaba con paralizarla.

Pensó en el público, en sus entrenadores, en su mamá y papá apoyándola desde las gradas, y sobre todo pensó en Kat, que la había animado siempre. En ese momento, una voz suave resonó en su mente: “Confía en ti misma, en todo lo que has entrenado. El miedo está, pero no puede gobernarte”.

Felicia respiró profundo y se lanzó al salto con toda la fuerza de su alma. Al tocar las barras otra vez, sintió el leve temblor en sus manos y piernas, pero continuó con la rutina, terminando con una posición final perfecta que hizo que todos soltaran un aplauso ensordecedor.

Aterrizó con firmeza en la colchoneta, con el pecho en alto y una sonrisa de alivio y orgullo. Había dado lo mejor de sí, luchando contra su miedo y demostrando todo lo que había aprendido. En ese momento, no importaban los resultados, sino el esfuerzo que había puesto en cada movimiento.

Después de que todos los niños terminaron, llegó la hora de los resultados. Felicia estaba acompañada por mamá, papá y Kat, quienes la miraban con ojos llenos de esperanza y orgullo. Cuando anunciaron su nombre en primer lugar, fue como si un torrente de felicidad la inundara por completo.

Subió al podio con el trofeo en las manos, recordando todo el trabajo detrás de ese momento: las caídas en el entrenamiento, las horas de práctica, los consejos de sus entrenadores y el constante apoyo de su familia y amigos. Ahí arriba, en lo más alto, Felicia comprendió que la perfección no era salir sin miedo ni sin errores, sino atreverte a intentarlo y dar siempre lo mejor de ti, sin importar qué.

Esa tarde, de regreso a casa, Felicia no dejaba de sonreír. Mamá la abrazaba fuerte y papá le decía una vez más que estaba orgulloso, no solo por el trofeo, sino por la valentía y el respeto con los que había enfrentado sus miedos. Kat también la felicitó y le propuso seguir entrenando juntas para llegar aún más lejos.

Felicia sabía que ese día había aprendido algo más valioso que cualquier medalla: que el verdadero triunfo estaba en el esfuerzo, la valentía y la confianza en uno mismo. Y que, acompañada de quienes te quieren y creen en ti, nunca hay miedo que no puedas vencer.

Así, con el corazón lleno de sueños y el trofeo en sus manos, Felicia se preparó para nuevas aventuras, segura de que la cima del podio era solo el comienzo de muchas otras historias por escribir. Porque más allá de la perfección, lo que realmente importa es el valor para seguir adelante y dar siempre lo mejor, sin olvidarte nunca de quién eres.

image_pdfDescargar Cuentoimage_printImprimir Cuento

¿Te ha gustado?

¡Haz clic para puntuarlo!

Comparte tu historia personalizada con tu familia o amigos

Compartir en WhatsApp Compartir en Telegram Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir por correo electrónico

Cuentos cortos que te pueden gustar

autor crea cuentos e1697060767625
logo creacuento negro

Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

Deja un comentario