En una verdulería muy colorida de Buenos Aires, vivía una manzana roja y brillante llamada Lío. Lío no era una manzana cualquiera, porque tenía un sueño muy especial: quería jugar en el Mundial de Fútbol. Cada día, cuando los clientes entraban a la verdulería y miraban las frutas, Lío estaba atento y escuchaba atentamente la radio vieja que estaba en una esquina del local.
—¡Pum, pum, pum! —se oía el sonido del balón en el aire— en el Mundial de Fútbol juegan los mejores equipos del mundo.
Lío se emocionaba mucho y pensaba: “¡Yo quiero ir a ese lugar tan grande y lleno de juegos!” Pero había un problema, la verdulería no era un campo de fútbol, y las manzanas no viajaban fácilmente.
Entonces, Lío decidió que tenía que organizar a sus amigas frutas para formar un equipo de fútbol. Llamó a Manuela, la manzana verde, a Nati, la naranja jugosa, y a Fideo, el plátano flexible y rápido. Juntas, comenzaron a planear cómo podrían llegar al Mundial para jugar el partido más divertido.
—¡Vamos, amigas! —dijo Lío— ¡Formaremos el mejor equipo! Pero primero, tenemos que salir de la verdulería.
Pero, ¿cómo? En ese momento, escucharon el “¡tic, tac!” de un reloj cerca de la puerta. Algo se movía afuera y ¡oh, sorpresa! Era un colectivo celeste y blanco que esperaba para partir.
—¡Escuchen! —dijo Lío— Ese colectivo es perfecto. ¡Podemos subir y viajar al Mundial!
Ellas se miraron con ojos grandes y llenos de alegría. Decidieron que esa era su oportunidad y, con mucho cuidado, saltaron rápidamente dentro del colectivo antes de que la puerta se cerrara con un “clic”.
—¡Brrrum, brrrum! —sonaba el motor del colectivo cuando empezó a moverse—. El viaje había comenzado, las frutas estaban detrás del vidrio viendo cómo la ciudad se hacía cada vez más pequeña.
Las horas pasaron, y al fin llegaron a un lugar enorme y con mucha gente. Un estadio gigante brillaba bajo el sol, y Lío y sus amigas estaban seguras de que ese era el Mundial. Pero cuando se preparaban para entrar al campo, un pequeño problema apareció: ¡no tenían mapa para saber dónde estaba el lugar para jugar!
—¿Dónde estamos? —preguntó Nati preocupada.
—No lo sé —dijo Manuela, mirando a todos lados—. ¡Parece que nos perdimos!
Lío respiró profundo y dijo con voz firme:
—No importa que no tengamos mapa. Vamos a buscar la cancha de fútbol y no pararemos hasta encontrarla.
Las frutas empezaron a caminar por los pasillos del estadio, saludando a las otras frutas y verduras que también habían venido a animar a sus equipos. En el ruido, escuchaban el “¡tooooc! ¡tooooc!” de los pies corriendo, como un coro de aplausos que les daba ánimo.
Mientras caminaban, Lío vio una pelota en el suelo. Era su señal. —¡Fisk! —tomó la pelota con cuidado y comenzó a patearla mientras sus amigas corrían detrás.
—¡Gooooooool! —gritaron todas con alegría, porque la pelota llegó directo a la portería improvisada con cajas de frutas.
El público, que era una mezcla de frutas y verduras, aplaudió y aulló con emoción: “¡Bravo, equipo saludable!”
Ese gol fue mágico. Las frutas se dieron cuenta de que lo más importante no era el mapa ni donde estaban, sino que jugaran juntas y se divirtieran, disfrutando de estar sanas y fuertes para correr y jugar.
Entonces, un adulto muy amable que vestía una camiseta celeste y blanca se acercó a ellas y les dijo:
—¡Buen trabajo, equipo! Ustedes representan lo mejor: salud y alegría. El juego saludable es el mejor gol que podemos marcar.
Lío y sus amigas sonrieron, felices porque habían logrado cumplir su sueño. No viajaron en avión ni tuvieron grandes lujos, pero sí descubrieron que lo importante era estar juntas, divertirse y comer frutas saludables para tener fuerza y energía.
Antes de volver a la verdulería, Lío les dijo a sus amigas:
—Este viaje nos enseñó que la aventura está en la amistad, en cuidar nuestro cuerpo y en soñar sin miedo.
Y así, subieron nuevamente al colectivo celeste y blanco que las llevó de regreso a casa. Allí, en la verdulería, todos los días contaban su gran aventura y animaban a los niños y niñas a comer frutas, porque eso los hace fuertes y felices, listos para jugar cualquier partido, en cualquier lugar.
¡Cruj, crunch! ¡Mmm! Comer saludable es marcar un gol en nuestra vida, como Lío y sus amigas en el gran Mundial.
Y colorín colorado, este gol saludable ha terminado.
Ahora, niños y niñas, ¿quieren inventar su propio cuento de aventura? Piensen en un personaje que tenga un sueño muy grande, como Lío, y que con sus amigos emprenda un viaje emocionante. Pueden usar palabras como “clic”, “brrrum”, “toc-toc” para que su historia sea divertida y llena de sonidos. ¿Qué pasará con su personaje? ¿Perderá algo, encontrará un amigo nuevo, o marcará un gol saludable? ¡Ustedes pueden crear esa historia!
Cuentos cortos que te pueden gustar
La Gran Aventura en el Zoológico Mágico
La Noche Mágica del Parque de los Sueños
Ángel y el Misterio de las Matrículas Desaparecidas
Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.