Había una vez, en un pequeño pueblo llamado Villaluz, un niño llamado Jhoan. Él era un niño curioso, siempre deseoso de aventuras y de descubrir cosas nuevas. Un día, mientras exploraba el desván de su abuelo, encontró un viejo cuaderno cubierto de polvo. El cuaderno tenía una tapa de cuero color marrón con extrañas inscripciones que brillaban levemente. Al abrirlo, Jhoan se dio cuenta de que las páginas estaban llenas de dibujos y relatos sobre lugares y criaturas de otros mundos.
Mientras pasaba las páginas, su imaginación voló alto y comenzó a soñar con aventuras en el espacio, donde los planetas eran de colores brillantes y los seres de otros mundos bailaban en el aire. Sin embargo, lo que más le llamó la atención fue un dibujo de una figura misteriosa: un pequeño insecto de gran tamaño, con un sombrero negro y un abrigo con una capa larga, llamado Mister Bug Noir. Jhoan sintió que este personaje guardaba un secreto importante en su interior.
Decidido a conocer más sobre Mister Bug Noir, Jhoan continuó leyendo. El cuaderno contaba que este extraño ser tenía un poder especial: podía viajar por el tiempo. Jhoan sintió un escalofrío de emoción y curiosidad. ¿Podría ser posible que, si encontraba a Mister Bug Noir, podría viajar a épocas pasadas o futuros?
Sin pensarlo dos veces, Jhoan cerró el cuaderno y decidió que iba a buscar a este peculiar personaje. Se puso una mochila con algunas cosas necesarias, como una botella de agua, una brújula y, por supuesto, el cuaderno que había encontrado. Salió de su casa y se dirigió hacia el bosque, donde muchos decían que ocurrían cosas mágicas.
Después de caminar un buen rato entre los árboles altos y frondosos, Jhoan llegó a un claro. Allí, la luz del sol entraba a raudales y había una suave brisa que hacía bailar las hojas. De repente, ante él apareció una luz brillante y, de esa luz, se formó un pequeño insecto que llevaba un sombrero negro. Era él, ¡Mister Bug Noir!
—¡Hola, Jhoan! —dijo Mister Bug Noir con una voz suave y encantadora—. He estado esperándote. Sé que tienes preguntas y que anhelas aventuras. ¿Estás listo para un viaje por el tiempo?
Los ojos de Jhoan se iluminaron de asombro. No podía creer que el personaje de su cuaderno estuviera allí, justo frente a él.
—Sí, estoy listo. ¡Quiero saberlo todo! —respondió emocionado.
Mister Bug Noir hizo un gesto con sus pequeñas patas y, de repente, el aire se llenó de destellos de colores. Jhoan sintió que giraba y giraba, como si estuviera en una montaña rusa mágica. Cuando finalmente se detuvo, se dio cuenta de que estaban en un lugar completamente diferente. El cielo era de un color naranja brillante y había criaturas voladoras que parecían enormes mariposas de colores fluorescentes.
—Bienvenido a la época de los Colores Brillantes —anunció Mister Bug Noir—. Este es un mundo donde los sueños de los niños cobran vida. Aquí puedes ver lo que desees, solo tienes que imaginarlo.
Jhoan se miró alrededor, deslumbrado. En el horizonte, pudo ver un castillo hecho completamente de caramelo y dulces.
—¡Mister Bug! —exclamó Jhoan—. ¿Podemos ir alli?
—Por supuesto —dijo el insecto—, pero primero, tienes que prometerme que tendrás cuidado. Este mundo es hermoso, pero también puede ser peligroso si no sabemos cómo manejarlo.
—Prometo tener cuidado —respondió Jhoan, decidido.
Y juntos, comenzaron a caminar hacia el castillo. Al llegar, Jhoan se asombró al descubrir que no solo la fachada era dulce, sino también todo lo que había en su interior. Había ríos de chocolate, árboles que daban caramelos, y los habitantes del lugar estaban hechos de galleta.
Sin embargo, mientras exploraban, Jhoan escuchó un llanto suave que venía de un rincón del castillo. Siguió el sonido y descubrió a una criatura pequeña y peluda que parecía muy triste. Tenía ojos grandes y un pelo suave como el terciopelo.
—¿Por qué lloras? —preguntó Jhoan, preocupado.
—Me llamo Miki, y he perdido mi dulce favorito. Era una gomita en forma de estrella y sin ella no puedo regresar a casa —sollozaba Miki.
Jhoan sintió pena por la pequeña criatura. Recordó que en su mochila traía un paquete de gomitas que había llevado para el camino. Mientras pensaba en ayudar, Mister Bug Noir se acercó y le dijo:
—Ellos necesitan que los ayuden a encontrar lo que han perdido. ¿Te gustaría ayudar a Miki?
—¡Sí! —respondió Jhoan con entusiasmo—. Puedo darle algunas de mis gomitas y luego buscaremos la estrella perdida.
Mister Bug Noir sonrió y asintió. Así que Jhoan sacó un puñado de gomitas de su mochila y se las ofreció a Miki, quien dejó de llorar y comenzó a sonreír.
—¡Gracias! Si me prometes que vendrás a jugar, estaré muy feliz —dijo Miki con alegría.
—Es un trato —dijo Jhoan, mientras pensaba que realmente disfrutaría jugar en este mundo encantado. Luego, decidieron que tenían que aventurarse a encontrar la gomita estrella.
Con la ayuda de Miki, comenzaron a preguntar a otros habitantes del castillo si habían visto la gomita estrella. Nadie sabía dónde estaba, pero todos estaban dispuestos a ayudar. Fueron de habitación en habitación, buscando en cada rincón, y en cada lugar donde miraban podían escuchar risas y aventuras.
Desafortunadamente, no encontraban nada y Jhoan comenzó a sentir que se estaban alejando demasiado y podrían perderse. Éste fue el momento en que notó que el ambiente estaba cambiando a algo más oscuro y sombrío.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.