Cuentos Clásicos

Itzayana y su mundo de amor y alegría

Lectura para 4 años

Tiempo de lectura: 5 minutos

Español

Puntuación:

0
(0)
 

Compartir en WhatsApp Compartir en Telegram Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir por correo electrónico
0
(0)

Había una vez una niña muy especial llamada Itzayana, que tenía cinco años y siempre estaba alegre. A Itzayana le gustaba mucho estudiar, dibujar y visitar el supermercado porque había una máquina de peluches que la fascinaba. Cada vez que iba con su mamá, Itzel, al supermercado, ella llevaba sus pequeños ahorros en una alcancía para poder intentar ganar uno de esos peluches tan suaves y bonitos. Itzayana era muy inteligente, amable y amigable; todos la querían porque siempre estaba feliz y con una sonrisa en su rostro.

Pero Itzayana no estaba sola en su mundo lleno de colores y alegría, tenía una hermanita llamada Romina, que apenas era un bebé. Itzayana la amaba mucho y siempre cuidaba de ella con mucho cariño. Romina necesitaba muchos cuidados, y eso mantenía a mamá muy ocupada, pues ser mamá de una bebé requería mucha atención y dedicación. A veces, cuando Itzayana veía que su mamá estaba muy cansada o no tenía tanto tiempo para jugar con ella, sentía un poquito de tristeza y pensaba que quizás su mamá ya no la quería igual, porque ahora tenía que cuidar de Romina. Pero, en realidad, mamá Itzel amaba a las dos por igual, con un amor inmenso, tan grande que no cabía en el corazón de nadie.

Itzayana a veces no entendía por qué mamá regañaba un poquito cuando ella hacía alguna travesura o se portaba mal, pero su mamá siempre le decía: “Te regaño porque te quiero mucho y quiero lo mejor para ti y para Romina”. Por eso, aunque a veces Itzayana se pusiera un poco triste por el regaño, sabía que era por su bien y porque mamá la amaba de verdad.

Un día, después de un desayuno lleno de risas y cuentos, mamá Itzel llevó a Itzayana y a Romina al parque. Itzayana llevaba en sus manos unos crayones nuevos que había comprado con sus ahorros para hacer dibujos muy bonitos. Mientras mamá empujaba el coche de Romina por el camino, Itzayana se sentó en un banco y comenzó a dibujar con mucha concentración. Dibujó a su familia: ella, su hermanita Romina, su mamá Itzel y su papá Edgar. Luego añadió muchos colores alrededor, dibujando flores, mariposas y el sol brillante.

“¡Mira, mamá!”, dijo Itzayana emocionada mientras le mostraba su dibujo. “Este es nuestro mundo lleno de amor y alegría”.

“Muy bonito, mi amor”, dijo mamá con una sonrisa. “Eso es exactamente lo que somos, una familia llena de amor”.

En ese momento, Itzayana oyó la voz familiar de su papá Edgar que llegaba del trabajo. Su corazón se llenó de felicidad. Sabía que cuando papá llegaba, era tiempo de juegos, risas y aventuras. Papá Edgar siempre jugaba con Itzayana y siempre la cuidaba. Él era su amigo más grande y su protector.

Papá Edgar saludó a todas con un abrazo fuerte y luego se acercó al cochecito de Romina. La bebé escuchó su voz y empezó a buscarlo con sus manitas, feliz de ver a su papá después de un día lleno de travesuras y sueños.

“¡Hola, mi princesa!”, dijo papá mientras levantaba a Romina en sus brazos. “Papá las quiere mucho”.

Era un momento lleno de alegría y paz, un momento en que la familia llena de amor se sentía completa.

Un domingo, mamá Itzel tuvo una excelente noticia para Itzayana. “Vamos a visitar a los abuelitos, a las tías, los tíos y a tu primo”, dijo con una sonrisa. Itzayana brincó de emoción. Le encantaba viajar, especialmente cuando se trataba de ir a casa de sus familiares, porque siempre había comida deliciosa, juegos divertidos y muchos regalos para ella.

Durante el viaje, Itzayana miraba por la ventana del coche y soñaba con todas las maravillas que la esperaban. Los abuelos siempre tenían cuentos y poesía para contarle antes de dormir; las tías traían dulces y frutas frescas, y su primo era un gran compañero de juegos.

Cuando llegaron, todos la recibieron con abrazos muy fuertes. Abuela tomó a Romina en sus brazos, mientras abuelo y papá conversaban en la sala, y mamá preparaba la maleta con juguetes que Itzayana llevaba para compartir. Esa visita estaba llena de alegría y amor, y Itzayana disfrutaba cada momento porque sabía que esos tiempos eran especiales y mágicos.

Durante esos días, Itzayana dibujaba mucho, decorando páginas con imágenes de su familia, del campo y de la casa de los abuelos. Siempre le gustaba que sus dibujos contaran la historia de todo el amor que sentía.

Mientras jugaba en el jardín con su primo, Itzayana habló sobre Romina y su amor por su hermanita.

—A veces me pongo triste porque siento que mamá tiene menos tiempo para mí desde que llegó Romina —dijo con voz bajita—, pero sé que no es así, mamá me quiere mucho y también a mi hermanita.

Su primo la miró y dijo:

—Claro que sí, Itza. Tu mamá te quiere de una forma muy especial, y cuando Romina crezca, ustedes dos serán las mejores amigas del mundo y tendrán muchos momentos para jugar juntas.

Itzayana sonrió al pensar en eso. Imaginó a Romina y a ella corriendo por el jardín, riendo juntas, compartiendo secretos y juegos.

Todas las noches, cuando mamá Itzel le leía un cuento a ambas antes de dormir, Itzayana sentía una paz profunda. Romina dormía plácidamente en su cuna, y ella escuchaba las palabras dulces de mamá, que le decía cuánto la amaba y cuánto la cuidaba.

Comparte tu historia personalizada con tu familia o amigos

Compartir en WhatsApp Compartir en Telegram Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir por correo electrónico

Cuentos cortos que te pueden gustar

autor crea cuentos e1697060767625
logo creacuento negro

Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

Deja un comentario