Caterina avanzaba por el denso bosque, sus pensamientos llenos de preocupación. Su hermano Lion había desaparecido. Todo había ocurrido tan rápido: uno de esos pequeños animalitos, a primera vista inofensivos, se lo había llevado. Lion no tuvo tiempo de gritar antes de que desapareciera entre los árboles. Caterina había corrido tras ellos, pero sus piernas, aunque fuertes, no pudieron seguir el ritmo de aquellas criaturas veloces y sigilosas. Finalmente, se detuvo, agotada y jadeante, dándose cuenta de que estaba perdida.
El bosque que antes conocía bien parecía ahora un lugar completamente distinto. Las sombras se alargaban, y el familiar canto de los pájaros había sido reemplazado por el crujir de ramas lejanas. Miró a su alrededor, pero no había señales del camino de regreso a casa. ¿Cómo iba a pedir ayuda si no sabía dónde estaba?
Su estómago gruñó de hambre, pero no tenía tiempo para pensar en comida. Su hermano estaba en peligro, y lo único que importaba era encontrarlo. Con esa idea en mente, siguió caminando, cada vez más adentrada en el corazón del bosque.
El cansancio finalmente la venció. Se recostó junto a un árbol grande y frondoso, cerrando los ojos solo por un momento, o al menos eso fue lo que pensó. Pero pronto el sueño la envolvió.
Unas voces suaves la despertaron. Al abrir los ojos, se encontró rodeada por dos figuras extrañas. La primera era una mujer alta, con orejas puntiagudas y ojos que brillaban en la oscuridad del bosque. Sus movimientos eran elegantes, casi como si flotara sobre la hierba. Junto a ella, un pequeño ser peludo, parecido a un zorro, la observaba con ojos grandes y brillantes.
«Es una humana,» dijo la mujer de las orejas puntiagudas, «¿Qué hará aquí sola?»
Caterina, aún medio dormida, retrocedió asustada. «¿Quiénes son ustedes?» preguntó, intentando sonar valiente.
«Soy Hjina, una elfa del Bosque de Kalion,» respondió la mujer. «Y este es Sukeli, un guardián del bosque.»
Caterina se levantó rápidamente. «¡Mi hermano! Mi hermano ha sido secuestrado por unos animalitos. Estábamos en el bosque y… ¡se lo llevaron!»
Hjina y Sukeli se miraron con preocupación. «¿Animalitos?» preguntó Hjina. «Eso no suena bien. Las criaturas de este bosque no suelen comportarse de esa manera.»
«Quizá haya algo más detrás de esto,» sugirió Sukeli, con una voz suave pero inquietante. «Si sigues vagando sin rumbo fijo, podrías perderte más. El Bosque de Kalion es peligroso para aquellos que no lo conocen.»
Caterina sintió una mezcla de alivio y desesperación. Al menos no estaba sola, pero el destino de su hermano seguía siendo incierto. «No puedo abandonarlo,» insistió. «Debo encontrarlo, no me importa cuán peligroso sea.»
Hjina suspiró. «Te ayudaremos, pero debes confiar en nosotros. Este bosque es antiguo, y está lleno de secretos que incluso los más sabios no comprenden del todo.»
Sukeli dio un pequeño salto, sus ojos brillando aún más. «Será una aventura. Pero ten cuidado, humana, el bosque siempre está observando.»
Juntos, emprendieron el viaje en busca de Lion. El bosque, que había parecido tan oscuro y amenazante antes, comenzó a mostrarles caminos ocultos, túneles de ramas y hojas que se abrían solo cuando Hjina murmuraba palabras en un idioma que Caterina no entendía. Caminaban en silencio, con el sonido de los pasos suaves de Sukeli y el susurro del viento entre los árboles como única compañía.
Después de horas de caminata, llegaron a un claro donde un pequeño lago brillaba bajo la luz de la luna. El agua era tan clara que podían ver el fondo lleno de piedras preciosas.
«Este lugar es especial,» dijo Hjina, «aquí podremos descansar un poco antes de seguir.»
Caterina, aunque impaciente por encontrar a su hermano, sabía que necesitaba recuperar fuerzas. Mientras se sentaba junto al lago, Sukeli se acercó a ella.
«Los animalitos que viste,» dijo con un tono serio, «podrían no ser lo que parecen. Hay criaturas en este bosque que pueden cambiar de forma. Quizás tu hermano no esté en las garras de simples bestias.»
Caterina lo miró alarmada. «¿Qué estás diciendo? ¿Qué le han hecho a Lion?»
«Tranquila,» intervino Hjina, sentándose junto a ella. «Aún no sabemos qué ha pasado, pero sí sabemos que, si tu hermano fue llevado por esos seres, debe haber una razón. Tal vez no sea demasiado tarde para salvarlo.»
La joven humana se aferró a esas palabras. No estaba dispuesta a rendirse, no ahora que tenía ayuda.
Después de un breve descanso, el grupo se adentró más profundamente en el bosque. El aire se volvía más pesado, y las sombras más largas, pero Hjina y Sukeli no mostraban señales de miedo. Parecía que conocían el camino, aunque no hablaban mucho de lo que les aguardaba.
Finalmente, llegaron a una cueva oculta entre las raíces de un árbol gigante. La entrada estaba cubierta por enredaderas espesas que brillaban tenuemente. Hjina apartó las plantas con un gesto de su mano, revelando un pasadizo oscuro.
«Esta cueva es antigua,» dijo la elfa. «Aquí viven los guardianes del bosque, los verdaderos amos de estas tierras. Tal vez ellos tengan respuestas.»
Caterina asintió, su corazón latiendo con fuerza. Mientras avanzaban por el estrecho túnel, la oscuridad parecía tragárselos, pero pequeñas luces, como luciérnagas, comenzaron a aparecer, guiando su camino.
El final de la cueva se abrió a una vasta cámara subterránea iluminada por cristales brillantes incrustados en las paredes. En el centro, una figura alta y majestuosa los esperaba. Su piel parecía hecha de corteza, y sus ojos brillaban como estrellas.
«Bienvenidos,» dijo la figura con una voz profunda. «Soy Kalion, guardián del bosque. ¿Qué os trae a mi reino?»
Caterina dio un paso adelante, reuniendo todo su valor. «Mi hermano Lion ha sido secuestrado. Por favor, ayúdame a encontrarlo.»
Kalion la miró con ojos penetrantes antes de hablar.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.