Cuentos de Fantasía

El Tesoro de Nuestros Nombres

Lectura para 4 años

Tiempo de lectura: 2 minutos

Español

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En un día soleado, Toño, un niño de cuatro años, estaba jugando en el parque cerca de su casa. Correteaba entre los árboles, se subía a los columpios y se deslizaba por el tobogán con una sonrisa de oreja a oreja. Mientras tanto, una niña llamada Mary, que acababa de cumplir cinco años, estaba sentada en un banco observando. Ambos niños vivían en el mismo vecindario, pero nunca antes se habían hablado.

Un día, mientras Toño jugaba, se acercó al banco donde estaba Mary y, con una sonrisa tímida, le preguntó:

—¿Quieres jugar conmigo?

Mary, quien también estaba buscando un amigo con quien compartir sus aventuras, sonrió y asintió. Desde ese momento, Toño y Mary se volvieron inseparables. Jugaron juntos todos los días, compartiendo risas, juegos y muchas historias.

Toño siempre había sido conocido por su apodo. Aunque su nombre completo era Antonio, todos lo llamaban Toño, y él prefería que fuera así. Mary, cuyo nombre completo era María, también prefería su apodo. «Mary suena más divertido», solía decir. Ninguno de los dos se sentía cómodo con sus nombres completos, ya que les parecían demasiado largos y formales.

Un día, comenzó el año escolar, y tanto Toño como Mary estaban emocionados por entrar a clase. Sin embargo, algo los confundió: en la escuela, los llamaban por sus nombres completos.

—¡Antonio! —gritó la maestra durante la lista de asistencia.

Toño miró a su alrededor, pero no respondió. Para él, «Antonio» no sonaba como su nombre, así que siguió jugando con sus lápices.

—¡María! —llamó la maestra después.

Mary, que estaba dibujando en su cuaderno, tampoco prestó atención. «María» no sonaba tan divertido como «Mary», así que simplemente no respondió.

Los días pasaban, y lo mismo sucedía una y otra vez. La maestra llamaba «Antonio» y «María», pero Toño y Mary no respondían. A ellos no les importaba mucho, pero pronto empezaron a notar algo extraño. Los otros niños del salón comenzaban a ignorarlos. En los recreos, cuando los llamaban por sus nombres completos para invitarlos a jugar, ellos no respondían, y los demás pensaban que no querían jugar.

En las fiestas y actividades, sucedía lo mismo. Nadie los incluía porque cuando decían «Antonio» o «María», ellos seguían sin responder. Esto comenzó a frustrar a Toño y Mary, quienes no entendían por qué las personas no usaban sus apodos. Se sentían solos, como si no existieran.

Un día, mientras estaban sentados en el parque, ambos conversaban sobre lo que sucedía.

—No entiendo por qué la gente no nos llama Toño y Mary —dijo Toño con un suspiro.

—Yo tampoco —respondió Mary—. No quiero que me llamen «María», suena raro.

De repente, algo increíble sucedió. Un pájaro de plumaje rojo brillante descendió del cielo y aterrizó justo frente a ellos. Sus plumas brillaban como si estuvieran hechas de fuego, y sus ojos eran pequeños y curiosos. Toño y Mary lo miraron asombrados.

—¡Hola, pequeños! —dijo el pájaro con una voz suave y melodiosa—. He oído su conversación, y creo que puedo ayudarlos a entender algo muy importante.

Toño y Mary lo miraron con los ojos abiertos de par en par. Nunca antes habían visto un pájaro que hablara, pero en el parque todo parecía posible.

—¿Cómo puedes ayudarnos? —preguntó Toño, intrigado.

El pájaro rojo se posó en una rama cercana y explicó:

—Sus nombres son muy importantes. Cada vez que alguien los llama por su nombre completo, está reconociendo todo lo que ustedes son, su historia y su identidad. Un nombre es una parte muy valiosa de cada uno. Yo, por ejemplo, soy solo un pájaro, pero siempre he soñado con tener un nombre. No saben cuánto desearía que alguien me llamara por un nombre único y especial.

Mary inclinó la cabeza, pensativa.

—Pero… ¿Por qué es tan importante tener un nombre? —preguntó.

El pájaro sonrió y dijo:

—Un nombre nos da identidad. Nos recuerda que somos alguien especial, único en el mundo. Es como un regalo que llevamos con nosotros siempre. Cuando te llaman por tu nombre, te están reconociendo por completo, no solo, por una parte, de ti. «Toño» y «Mary» son apodos bonitos, pero «Antonio» y «María» son quienes realmente son, completos y maravillosos.

Toño y Mary escuchaban atentamente. Nunca habían pensado en sus nombres de esa manera. Siempre los habían visto como algo aburrido o demasiado formal, pero ahora comenzaban a entender que sus nombres completos eran una parte importante de quiénes eran.

—Entonces… ¿Deberíamos responder cuando nos llamen Antonio y María? —preguntó Toño, con una mezcla de curiosidad y sorpresa.

—Exactamente —respondió el pájaro—. No deben sentir que pierden su apodo. Aún pueden ser Toño y Mary, pero recordar su nombre completo es como recordar que son únicos, con una historia y un valor especial.

Mary sonrió, comprendiendo lo que el pájaro quería decir.

—Gracias, pájaro rojo —dijo—. Ahora entiendo lo importante que es mi nombre.

—¡Sí, gracias! —añadió Toño—. Desde ahora, escucharé cuando me llamen Antonio.

El pájaro rojo extendió sus alas, listo para volar de nuevo hacia el cielo.

—Recuerden siempre que sus nombres son un tesoro —dijo mientras se elevaba en el aire—. Son una parte única de ustedes, y cada vez que los escuchan, recuerden lo valiosos que son.

Toño y Mary lo vieron volar hasta desaparecer entre las nubes. Luego, se levantaron del banco y se dirigieron hacia el campo de juegos, con una nueva comprensión de lo importante que era su nombre.

—¿Sabes, Antonio? —dijo Mary con una sonrisa traviesa—. Me gusta tu nombre completo.

—¡Y a mí me gusta el tuyo, María! —respondió Toño, riendo.

Desde ese día, cada vez que alguien los llamaba por sus nombres completos, Toño y Mary sonreían, porque sabían que esos nombres representaban algo muy valioso: quiénes eran, y todo lo que podían llegar a ser.

Conclusión:

Toño y Mary aprendieron que sus nombres completos eran una parte importante de su identidad. Descubrieron que cada vez que alguien los llamaba por su nombre, estaban siendo reconocidos por lo especiales que eran. Desde entonces, apreciaron el valor de su nombre y lo llevaron con orgullo, porque entendieron que los hacía únicos en el mundo.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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