Cuentos de Fantasía

La pequeña exploradora y el virus travieso

Lectura para 6 años

Tiempo de lectura: 2 minutos

Español

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Había una vez, en un pequeño pueblo llamado Villaverde, dos inseparables amigas: Lila y Viri. Lila tenía el pelo rizado y unos ojos grandes que brillaban como estrellas. Era conocida por ser una valiente exploradora, siempre lista para vivir emocionantes aventuras. Viri, por otro lado, tenía un carácter tranquilo y le encantaba dibujar. Era la artista del grupo, capaz de crear los más bellos paisajes y personajes en su cuaderno de dibujo.

Un día soleado, mientras jugaban en el jardín de la casa de Lila, encontraron un extraño mapa tirado entre las flores. Era un mapa antiguo, con dibujos de criaturas mágicas y un camino que conducía a un lugar marcado con una gran «X». Ambas se miraron con emoción. ¿Qué aventuras podría depararles aquel mapa?

—¡Mira, Viri! —exclamó Lila—. ¡Este mapa tiene que llevarnos a un tesoro escondido!

—Sí, pero ¿qué será ese tesoro? —preguntó Viri, mientras empezaba a dibujar el mapa en su cuaderno.

Sin pensarlo dos veces, decidieron seguir el camino del mapa. A medida que avanzaban, el paisaje cambiaba de la campiña tranquila de Villaverde a un bosque espeso lleno de árboles gigantes. Los rayos del sol se filtraban a través de las hojas, creando un hermoso juego de sombras en el suelo.

Mientras caminaban, se encontraron con una pequeña criatura que parecía tener un cuerpo de nube y una cara amistosa. Tenía alas de mariposa y un brillo especial en su mirada.

—Hola, pequeñas exploradoras —saludó la criatura—. Soy Nimbus, el guardián del bosque. ¿A dónde se dirigen?

Lila, emocionada, respondió:

—¡Estamos buscando un tesoro que está marcado en este mapa!

Nimbus sonrió y dijo:

—He oído que hay un tesoro secreto, pero primero deben ayudarme con un pequeño problema.

Las amigas se miraron intrigadas. ¿Qué problema podría tener un guardián del bosque?

—Hay un virus travieso que ha comenzado a causar estragos en mi hogar. Se llama Zippy, y ha robado el color de las flores y ha hecho que los pájaros se callen. Si me ayudan a encontrarlo y detenerlo, les mostraré el camino al tesoro —explicó Nimbus.

—¡Por supuesto! —dijeron Lila y Viri al unísono, listas para la aventura.

Nimbus les señaló un sendero que llevaba más profundo en el bosque. Al caminar, escucharon un zumbido extraño. Era como si algo pequeño y rápido se moviera entre los árboles. De repente, un objeto brillante salió volando y se posó sobre una rama.

—¡Ese tiene que ser Zippy! —gritó Lila.

El virus travieso era una nube colorida que se movía rápidamente de un lado a otro, riendo a carcajadas mientras dejaba un rastro de confeti brillante a su paso. Sin embargo, no solo hacía travesuras, sino que también hacía que las flores se marchitaran y los pájaros dejaran de cantar.

—¡Zippy, ven aquí! —llamó Viri, intentando atraer al virus con su encantadora voz.

Zippy se detuvo y miró a las chicas con curiosidad. Era travieso, pero cuando vio a Viri con su cuaderno de dibujos, brilló de interés. El virus vio los hermosos diseños que ella había creado.

—Oh, ¿qué es eso? —preguntó Zippy, acercándose a Viri mientras se balanceaba de un lado a otro.

Viri, un poco nerviosa, tuvo una idea.

—¡Son dibujos de fantasía! —dijo—. Si me ayudas a poner el color de vuelta en las flores, puedo dibujarte algo especial: un retrato de ti mismo.

Zippy parpadeó sorprendido. No había considerado que alguien querría hacerle un retrato. En su esencia traviesa, había disfrutado haciendo travesuras, pero la idea de ser ilustrado en un bello dibujo lo intrigó.

—¿De verdad? —preguntó Zippy, con su voz chispeante.

—Sí, realmente —aseguró Viri—. Pero necesitamos que devuelvas el color a las flores y que despiertes a los pájaros.

Zippy comenzó a pensar. Se dio cuenta de que, aunque disfrutaba de sus travesuras, también quería ser querido por los demás.

—De acuerdo, ¡haré mi mejor esfuerzo! —gritó, y comenzó a revolotear por el bosque, dejando un rastro todavía más brillante detrás de él.

A medida que Zippy iba pasando, las flores comenzaron a recuperar su color y los pájaros a cantar de nuevo. Lila y Viri animaron al virus, diciéndole lo magnífico que se estaba viendo el bosque. Pronto, todo el lugar resplandeció con colores vibrantes.

Cuando finalizó su tarea, Zippy se posó sobre una rama y dijo:

—¡Estoy listo para mi retrato!

Viri sonrió y sacó su cuaderno de dibujos. Mientras dibujaba, Zippy no podía dejar de moverse, ansioso por ver el resultado.

Finalmente, Viri terminó el retrato. Era un hermoso dibujo de Zippy, con colores brillantes y una gran sonrisa.

—¡Mira! —exclamó Viri mostrándole su obra—. ¡Eres muy especial!

Zippy, al ver su retrato, se sintió feliz y comprendió que la verdadera diversión no estaba en causar problemas, sino en compartir momentos de alegría con los demás.

—Gracias, chicas —dijo Zippy—. Nunca volveré a ser travieso. Prometo cuidar del bosque y hacer sonreír a todos los que vengan aquí.

Nimbus apareció junto a ellas, sonriendo con satisfacción.

—¡Lo han logrado! Gracias a su bondad, el bosque está de nuevo lleno de vida —dijo—. Ahora, sigan el camino que lleva hacia el tesoro.

Las tres criaturas, Lila, Viri y Zippy, se encaminaron hacia donde el mapa señalaba la «X». Tras pasar por un arbusto, encontraron un cofre dorado muy antiguo. Al abrirlo, vieron dentro no solo joyas y monedas brillantes, sino también un gran libro de cuentos.

—¡Es un libro mágico! —gritó Lila—. ¡Podremos leer historias todos los días!

Zippy se unió a su alegría. Desde ese día, las tres nuevas amigas pasaron su tiempo explorando, haciendo nuevas aventuras y escribiendo nuevas historias en su libro. Aprendieron que ayudar a los demás y ser amables traía más felicidad que cualquier tesoro brillante.

Y así, cada vez que veían a un niño triste en el bosque, se acercaban y compartían una historia, haciendo que el mundo se llenara de risas y color, algo que solo unas pequeñas exploradoras valientes como Lila, Viri y su amigo Zippy podían lograr. Siempre recordaron que la verdadera magia de la vida está en las amistades y en como compartimos nuestra alegría.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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