Cuentos para Dormir

Entre Risas y Abrazos, Un Abuelo y su Reina de Corazones

Lectura para 2 años

Tiempo de lectura: 4 minutos

Español

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Había una vez, en un pequeño y acogedor pueblo, una niña llamada Mariel. Mariel era una niña alegre y llena de energía, siempre disfrutaba de las pequeñas cosas que la vida le ofrecía. Tenía una risa contagiosa y un corazón enorme que la hacía querer muy bien a todos los que la rodeaban. Pero había alguien muy especial en su vida: su querido Abuelo Jai.

Abuelo Jai era un hombre de edad avanzada, con barba blanca como la nieve y unos ojos brillantes que parecían estar siempre llenos de alegría. Le encantaba contar historias a Mariel y jugar con ella en el jardín de su casa. Mariel siempre esperaba con mucho entusiasmo las visitas del abuelo, porque sabía que cada vez que él llegaba, venían consigo muchas risas y aventuras.

Un día hermoso, con el sol brillando en el cielo y las mariposas revoloteando alrededor, Mariel decidió que era el día perfecto para invitar a su abuelo a jugar en el jardín. Corrió hacia la cocina, donde su madre estaba preparando la comida, y le dijo: «¡Mamá, voy a buscar a Abuelo Jai! ¡Hoy quiero jugar con él en el jardín!»

Su madre sonrió y respondió: «¡Qué buena idea, Mariel! Ve a buscarlo, estoy segura de que estará encantado de jugar contigo.»

Mariel salió corriendo de casa, cruzó el pequeño camino que llevaba a la casa de su abuelo y, al llegar, tocó la puerta emocionada. «¡Abuelo Jai! ¡Soy yo, Mariel!» gritó con todas sus fuerzas. El abuelo, al escuchar la voz de su querida nieta, abrió la puerta con una gran sonrisa.

«¡Hola, mi pequeña reyna de corazones!» exclamó el abuelo, abrazando a Mariel. «¿Qué aventuras planeas para hoy?»

Mariel, llena de entusiasmo, le dijo: «¡Vamos a jugar en el jardín! ¡Hoy quiero que me cuentes sobre los pájaros y las flores!»

«¡Eso suena maravilloso!» contestó el abuelo. «Además, he traído un regalo especial para ti.» De su bolsillo, sacó una pequeña caja decorada con flores de colores. Mariel los ojos se iluminaron.

«¿Qué hay dentro, abuelo?» preguntó curiosa.

Abuelo Jai sonrió y abrió la caja, revelando una hermosa diadema hecha de pequeñas flores de papel. «Hecha por mí, para que seas la reyna del jardín mientras jugamos.»

Mariel, emocionada, se la puso en la cabeza y se miró en un pequeño espejo que el abuelo sacó de su mochila. Se veía preciosa y se sentía como una verdadera reina. «¡Gracias, abuelo! Ahora sí estoy lista para la aventura.»

Ambos salieron al jardín, donde las flores bailaban al viento y los pájaros cantaban en las ramas de los árboles. Abuelo Jai y Mariel se acomodaron en el césped, y él comenzó a contarle sobre las flores que crecían a su alrededor.

«¿Ves esas flores amarillas?» comenzó el abuelo. «Se llaman girasoles y siempre se giran hacia el sol. Son muy felices, al igual que tú, Mariel.»

La niña se rió al escuchar eso. «¡Yo también me gusta el sol!» dijo, estirando sus bracitos hacia el cielo.

Luego, Abuelo Jai le habló sobre los pájaros que anidaban en las ramas. «Mira, allí hay un nido. Están criando a sus pequeños pajaritos. Eso me recuerda a lo importante que es cuidar a los demás.»

Mariel asintió, comprendiendo lo importante que era cuidar de los demás, así como el abuelo cuidaba de ella. «Siempre te cuido, abuelo,” dijo. Luego, se dio cuenta de que había un pequeño ruido en el arbusto cercano.

«¿Qué es eso, abuelo?» preguntó, un poco asustada pero también intrigada.

Abuelo Jai, con una sonrisa, respondió. «Veamos juntos.» Se acercaron al arbusto, y para su sorpresa, ¡vieron una pequeña ardilla! Era peluda y tenía una cola esponjosa. Mariel se alegró muchísimo.

«¡Mira, abuelo! Es una ardillita muy bonita,» exclamó Mariel saltando de alegría. «¿Podemos darle algo de comer?»

«Claro que sí, podemos buscar unas nueces,» respondió el abuelo. «Las ardillas las adoran.»

Los dos comenzaron a buscar nueces en el jardín y luego, cuidadosamente, acercaron una nuez a la ardillita. La pequeña ardilla, al principio asustada, se acercó lentamente y finalmente decidió tomar la nuez. Mariel aplaudió de felicidad.

«¡Qué divertido! ¡Ahora tenemos una amiga en el jardín!» dijo Mariel.

«Así es, Mariel. La naturaleza está llena de sorpresas y amigos. Solo tienes que estar atenta,» comentó el abuelo.

Los dos pasaron un rato disfrutando de la compañía de la ardilla, quien pronto se sintió cómoda y empezó a jugar por el jardín. Desde ese día, Mariel y Abuelo Jai decidieron llamar a la ardilla «Nuez».

Mientras el sol comenzaba a ponerse, pintando el cielo de hermosos colores, Abuelo Jai le habló de un nuevo amigo. «¿Sabías que en este jardín también vive un búho sabio? Él se llama Tobi y sabe muchas cosas sobre las estrellas y los secretos de la luna.»

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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