Había una vez, en un reino muy lejano y lleno de maravillas, dos princesas muy especiales llamadas Elsa y Gisela. Elsa era la princesa del invierno, con cabellos blancos que brillaban como la nieve, y un vestido azul como el cielo helado. Gisela, en cambio, era la princesa de la primavera, con un cabello dorado que brillaba como el sol, y un bonito vestido verde lleno de flores coloridas. Aunque eran diferentes, ambas eran muy amigas y compartían una sonrisa que iluminaba todo el castillo.
Una noche, mientras la luna llena brillaba en lo alto del cielo, Elsa y Gisela miraban las estrellas desde el balcón del castillo. La luz de la luna bañaba todo el jardín, haciendo que las flores y los árboles parecieran estar cantando una canción encantada. Elsa suspiró y dijo a Gisela:
—¿Te imaginas qué sería tener un poco de magia para compartirla con todos los niños del reino?
Gisela sonrió y contestó:
—Sí, Elsa, sería maravilloso poder hacer que los días fueran aún más felices y llenos de risas.
En ese momento, escucharon unos susurros suaves viniendo del árbol más grande del jardín. Se asomaron y vieron que bajo sus ramas estaba una pequeña hada llamada Luma. Luma era un hada muy especial porque tenía el poder de hacer aparecer sueños y maravillas con solo agitar su varita.
—Hola, princesas —dijo Luma con una voz dulce—. He escuchado vuestro deseo y he venido a ayudaros.
Elsa y Gisela miraron a Luma con ojos muy abiertos. Era tan pequeña como un pajarito, y sus alas brillaban con colores que parecían el arcoíris.
—¿De verdad puedes ayudarnos? —preguntó Gisela emocionada.
—Claro que sí —respondió el hada—. Pero para usar la magia se necesita un corazón muy puro y mucha valentía. ¿Queréis intentarlo conmigo?
Las princesas asintieron con alegría, porque siempre les había gustado descubrir cosas nuevas. Luma agitó su varita y un viento brillante llenó el aire, haciendo que todos los colores del jardín se mezclaran y apareciera un camino de luz que brillaba como estrellas pequeñas.
—Ese camino os llevará a un lugar mágico donde encontraréis la “Flor de los Sueños”, una flor que otorga poderes especiales a quienes la cuidan con amor —explicó Luma—. Pero para llegar allí, debéis ayudar a alguien que os lo pida y seguir los consejos del corazón.
Elsa y Gisela tomaron sus manos y empezaron a caminar por el sendero de luz junto a Luma. Mientras avanzaban, encontraron a un conejito blanco que parecía haber perdido su casa. El conejito temblaba y miraba silencioso hacia el bosque oscuro.
—¿Qué te pasa, pequeño? —preguntó Elsa agachándose para mirarlo.
El conejito soltó un suave suspiro y dijo con vocecita tímida:
—Me llamo Pipo y he perdido mi madriguera. No sé dónde está ni cómo encontrarla.
Gisela miró a Elsa y dijo:
—No te preocupes, Pipo. Te ayudaremos a buscar tu madriguera porque todos necesitan un hogar seguro.
Entonces, las princesas comenzaron a buscar junto a Pipo, guiadas por la luz de la luna y el brillo de la varita de Luma. Caminaron por entre árboles y flores, escuchando los sonidos de la noche y siguiendo las huellas del conejito. Pronto llegaron a un claro donde había un conjunto de pequeñas casas hechas con ramas y hojas.
—Aquí podría ser —dijo Pipo, y su pequeña nariz se movió rápidamente—. Pero ninguna de ellas parece ser la mía.
Las princesas no se dieron por vencidas y pidieron ayuda a la naturaleza. Elsa conjuró una suave nieve brillante que cubrió el suelo en forma de sendero y Gisela hizo florecer unas flores luminosas que indicaban el camino. Juntas, crearon una senda mágica que llevó a Pipo hasta una casa pequeña y acogedora, oculta entre las raíces de un árbol grande.
—¡Esta es mi madriguera! —exclamó Pipo muy feliz, saltando de alegría.
Luma aplaudió con sus manos pequeñas y dijo:
—Habéis usado la bondad y el trabajo en equipo para ayudar a Pipo. Eso es lo que abre las puertas de la magia verdadera.
Las princesas sonrieron y sintieron en su pecho una calidez muy especial, como si una luz mágica creciera dentro de ellas. Continuaron su camino y al poco tiempo llegaron a un lugar donde la luz de la luna parecía detenerse, iluminando una gran flor brillante y hermosa. Era la “Flor de los Sueños” que Luma había mencionado.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.