Érase una vez, en un reino lejano, una hermosa princesa llamada Viana. Viana tenía un pelo muy largo y brillante, tan largo que le llegaba hasta los pies. Vivía en un castillo muy bonito y grande, con torres altas y jardines llenos de flores de todos los colores. Viana amaba su castillo, pero también le gustaba salir a pasear y explorar los alrededores.
Un día, Viana decidió que quería ir a la tienda del pueblo para comprar unos dulces. «Quiero ir en mi bicicleta,» pensó emocionada. Se puso su vestido favorito, un vestido muy largo y bonito que también le llegaba hasta los pies. Justo cuando estaba lista para salir, su mamá la vio y le dijo: «Princesa Viana, no te vayas con la bicicleta en ese vestido porque se te va a meter en la rueda y te vas a caer.»
Pero Viana, muy segura de sí misma, respondió: «No, mamá, no me voy a caer. Yo sé ir muy bien en bicicleta y no me voy a caer.» Su mamá suspiró, preocupada, pero dejó que su hija aprendiera por sí misma.
La princesa Viana subió a su bicicleta y comenzó a pedalear por las calles antiguas y empedradas del pueblo. Las calles eran muy bonitas, con casitas de colores y balcones llenos de flores. Viana saludaba a todos los que pasaban y disfrutaba del paseo.
Pero con tan mala suerte que, de repente, el vestido de Viana se enredó en las ruedas de la bicicleta. La bicicleta se tambaleó y, antes de que Viana pudiera hacer algo, salió volando por los aires. «¡Ay, no!» gritó la princesa mientras volaba. La bicicleta también voló y se incrustó en la pared de una casa, dejando media bicicleta dentro de la pared y la otra mitad fuera.
Viana cayó al suelo, un poco aturdida pero sin hacerse daño. Se levantó lentamente, miró la bicicleta y se dio cuenta de que su mamá tenía razón. «Oh, mamá tenía razón,» pensó Viana. Se sacudió el polvo del vestido y empezó a caminar de regreso al castillo.
Cuando llegó, su mamá la estaba esperando en la puerta. «¿Estás bien, mi querida Viana?» preguntó con preocupación. Viana asintió y le contó lo que había pasado. Su mamá la abrazó y le dijo: «Viana, a veces tenemos que escuchar a los demás, especialmente cuando nos quieren proteger.»
Viana aprendió una valiosa lección ese día. Decidió que la próxima vez que quisiera ir en bicicleta, se pondría un vestido más corto o unos pantalones. Y así, con el tiempo, Viana se convirtió en una princesa sabia y cuidadosa, que siempre escuchaba los consejos de su mamá.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.