Cuentos de Superhéroes

La Aventura de Super M y Yoyo: Amistades y Villanas en la Ciudad del Sol

Lectura para 11 años

Tiempo de lectura: 5 minutos

Español

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Mario estaba muy nervioso mientras miraba por la ventana del auto, observando cómo la ciudad del sol se extendía ante sus ojos. Era el día en que se mudaba a su nuevo hogar, un lugar donde todo era diferente: calles amplias y luminosas, parques llenos de árboles, y niños que jugaban alegres en los patios de la escuela. Aunque Mario tenía once años y ya había cambiado de ciudad antes, esta vez sentía que todo sería distinto. No solo porque era un lugar nuevo, sino también porque algo especial estaba a punto de suceder en su vida.

Al llegar a su nueva casa, Mario bajó la mochila y se encontró con Yoyo, su mascota y su compañero más fiel. Pero Yoyo no era un yo-yo cualquiera, sino un pequeño robot con forma de yo-yo que lo ayudaba en todo. Tenía luces que cambiaban de color y unos pequeños brazos que podía extender para ayudarlo a alcanzar cosas o comunicarse. Mario le sonrió y sintió un poco más de confianza; con Yoyo a su lado, todo podía ser mejor.

El primer día en la escuela fue aún más complicado de lo que pensaba. Al entrar al aula, se encontró con un grupo de niños y niñas que lo miraban con curiosidad, y entre ellos estaba Patricia, una chica que enseguida le pareció bastante difícil. Patricia tenía una sonrisa sarcástica, y muchas veces parecía que disfrutaba al encontrar errores en los demás. De inmediato se convirtió en la “enemiga” de Mario en la escuela, o al menos eso sentía él. Cada vez que trataba de hacer amigos o participar, Patricia parecía estar allí para molestarlo o desacreditarlo delante de todos. Mario no entendía por qué Patricia era así, pero sabía que con ella no tendría ni un solo momento de paz.

Una tarde, mientras caminaba solo por el parque, Mario se encontró con un extraño pulso de energía que salió de su mochila, justo cuando Yoyo resplandeció con una luz azul brillante. De repente, comenzó a sentir una fuerza interior que no había experimentado antes. Era como si una voz en su cabeza le dijera que tenía un poder especial, uno que necesitaba usar para ayudar a las personas. Sin pensarlo dos veces, Mario se transformó en Super M, un superhéroe con la habilidad de controlar la energía solar para proteger a su nueva ciudad. Su traje era dorado y azul, y brillaba como el sol justamente cuando más lo necesitaba. A su lado, Yoyo también se transformó, extendiendo sus pequeños brazos y convirtiéndose en el ayudante perfecto de Super M, con herramientas y gadgets para las situaciones más difíciles.

Desde ese momento, Mario comprendió que su llegada a la ciudad del sol no era casualidad. Aquí debía convertirse en un protector, alguien que velara por la felicidad y la seguridad de los niños y niñas de su colegio y de la ciudad entera. Pero no todo era tan fácil, porque muy pronto descubriría que no estaba solo.

Patricia, la chica que había conocido en la escuela y que parecía molestarlo en todo momento, también tenía un secreto. En su forma de enemiga, se convertía en Malicia, una villana con poderes para crear sombras y confusión, que planeaba apagar la luz y la alegría de la ciudad. A diferencia de Super M, Malicia se alimentaba de los miedos y las discusiones, y buscaba destruir la armonía del lugar. Mario, como Super M, y Patricia, como Malicia, comenzaban una batalla no solo física sino también de voluntad y sentimientos.

Una tarde lluviosa, cuando el cielo estaba gris y los niños del colegio debían quedarse en el aula, Mario, ya transformado en Super M, recibió una llamada urgente por parte de Yoyo. Malicia había aparecido en la plaza central, y estaba cubriendo todo con una sombra oscura que hacía que ninguna luz pudiera pasar. Super M sabía que tenía que actuar rápido, porque si la oscuridad se extendía demasiado, la ciudad del sol perdería su brillo para siempre.

Con Yoyo a su lado, corrió hacia la plaza y encontró a Malicia en el centro, riendo con malicia, claro, y lanzando nubes de sombra por todas partes. Super M entendió que no solo debía vencerla, sino también entenderla. Para ganar con justicia debía descubrir por qué Patricia eligió ese camino y si había alguna forma de ayudarla a cambiar.

La lucha fue intensa, cada rayo de luz que Super M lanzaba chocaba contra las sombras que Malicia creaba. Pero entonces, en un momento de silencio entre tanta pelea, Super M habló fuerte y claro: “Patricia, sé que dentro de ti hay algo más que sombra. ¿Por qué nos hacemos daño? Podemos ser amigos si quieres”. Malicia se detuvo, sorprendida porque nadie le había hablado así. En ese instante, bajo la máscara de villana, Patricia mostró una pizca de arrepentimiento.

Resultó que Patricia se sentía sola y había usado sus poderes para alejar a los demás. Tenía miedo de ser rechazada, así que Malicia era su forma de protegerse, creando barreras para que nadie se acercara. Super M y Yoyo escucharon atentamente y le ofrecieron ayuda para aprender a controlar sus sentimientos y encontrar una manera de usar su poder para el bien.

A partir de ese día, aunque Patricia no dejó de ser una niña con carácter fuerte, comenzó a cambiar en el fondo. Juntos, Super M, Yoyo y Patricia encontraron que podían hacer cosas increíbles cuando unían sus fuerzas. Mario comprendió que ser un héroe no solo era enfrentarse a los villanos, sino también saber perdonar, entender y compartir.

Ese año en la ciudad del sol fue el inicio de muchas aventuras. En el colegio, Mario ya no estaba solo. Patricia dejó de ser solo una “peor amiga” para convertirse en una compañera con quien aprender y crecer. Super M y Yoyo protegían la ciudad, pero también ayudaban a los niños y niñas a ser mejores, a confiar en sí mismos y a no dejarse vencer por las sombras que a veces todos sentimos.

A veces, al atardecer, Mario y Patricia –ya sin máscaras ni conflictos– se sentaban en el parque junto a Yoyo, mirando cómo el sol pintaba de naranja el cielo. Sabían que la luz era más fuerte cuando la compartían, y que cada amistad sincera podía iluminar hasta los días más oscuros.

Y así, en la ciudad del sol, entre risas, juegos y alguna que otra pelea propia de la edad, una nueva historia comenzaba, llena de amistad, valentía y esperanza, donde cada niño podía ser un héroe, y donde hasta la villana más oscura podía encontrar su camino hacia la luz.

El fin.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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