Había una vez, en un día muy soleado, tres primas y primo que estaban muy emocionados de pasar el verano juntos en la playa. Isabel y Elena, que eran hermanas, y su primo Santiago, habían llegado con sus bañadores coloridos, sus sombreros divertidos y sus mochilas llenas de juguetes. La playa era enorme, con arena dorada y olas que brillaban bajo el sol, y parecía el lugar perfecto para vivir una aventura de superhéroes.
Desde que llegaron, Isabel miró el mar y dijo con una sonrisa: “¡Hoy vamos a ser superhéroes! ¿No les parece?” Elena, que siempre tenía una gran imaginación, respondió rápido: “¡Sí! Yo puedo ser Súper Ola, la heroína que controla el agua y protege la playa de los peligros.” Santiago, que tenía un libro de cuentos sobre héroes con capas, exclamó: “¡Entonces yo seré Capitán Arena, el guardián que hace castillos mágicos y mantiene la arena limpia para todos!” Isabel se puso una capa roja que encontró en su mochila y gritó: “Y yo seré Luz Estrella, la que puede iluminar la noche y encontrar tesoros escondidos.”
Los tres se miraron entusiasmados y se pusieron a preparar sus «superpoderes». Para Súper Ola, Elena llenó un cubo de agua de mar y pretendió que hacía magia con sus manos para controlar las olas pequeñas. Santiago, como Capitán Arena, comenzó a construir un castillo de arena gigante, con torres y muros para proteger la playa. Isabel, que era Luz Estrella, peleó contra los rayos del sol que la cegaban un poco, y con una linterna pequeña intentó mostrar la luz en la arena para buscar algo especial.
Mientras jugaban, apareció un pequeño cangrejo llamado Camilo, que parecía perdido y caminaba tambaleándose cerca del agua. Súper Ola corrió hacia él y con mucho cuidado dijo: “No te preocupes, Camilo. Te vamos a ayudar.” Elena levantó su cubo con agua y fingió hacer un hechizo para limpiar el camino por donde Camilo caminaba. Santiago añadió: “¡No dejaré que nada estropee nuestro castillo si te ayuda a llegar a tu hogar!” Isabel, con la linterna en mano, iluminó los caminos entre las conchas y las rocas para que Camilo pudiera ver bien.
Los tres superhéroes, con sus trajes imaginarios y sus poderes inventados, acompañaron al cangrejo hasta unas piedras grandes donde encontró su casa entre las rocas. Allí, Camilo agitó sus pinzas como si les estuviera dando las gracias y desapareció entre las sombras de la tarde. Isabel, Elena y Santiago se sintieron muy felices por haber ayudado a un amiguito.
De repente, mientras el sol empezaba a bajar y el cielo mostraba colores rosas y naranjas, escucharon un murmullo extraño. Era una voz pequeña que pedía ayuda. “¡Por favor, ayúdenme!”, decía la voz. Miraron entre las rocas y vieron a una pequeña tortuga que estaba atrapada en una red de plástico que alguien había dejado ahí. La tortuga movía sus patas con esfuerzo, tratando de liberarse.
Luz Estrella se acercó con mucho cuidado y usó su capa para cubrir los rayos del sol y que no molestaran a la tortuga. “No te preocupes, pequeña tortuga. Súper Ola y Capitán Arena están aquí para ayudarte.” Súper Ola usó un palo para mover suavemente la red y que no lastimara a la tortuga, mientras que Capitán Arena comenzó a recoger toda la basura que encontró en la arena cercana. “Si todos cuidamos la playa, nuestras criaturas amigas siempre estarán a salvo”, dijo Santiago.
Con trabajo en equipo, lograron liberar a la tortuga que nadó rápidamente hacia el mar con un movimiento feliz de su cabeza. “¡Somos un gran equipo!”, dijeron los tres al mismo tiempo, riendo y sintiéndose como verdaderos superhéroes. Pero la aventura no terminó allí, porque justo cuando la tortuga se alejaba, divisaron algo brillante que estaba muy lejos sobre las olas. Isabel, con su linterna mágica, pidió a sus primos que la miraran.
Los tres corrieron hacia donde vieron el brillo y encontraron una botella con un papel dentro que flotaba sobre la arena mojada. Con mucha ilusión, abrieron la botella y sacaron el papel: era un mapa del tesoro. “¡Un mapa de verdad!”, gritó Santiago con sorpresa. Elena pudo ver que el mapa mostraba una isla pequeña cerca de la playa, con un dibujo de una X grande en el medio. “¡Vamos a buscar el tesoro! ¡Somos superhéroes exploradores!”, dijo Isabel con entusiasmo.
Empezaron la búsqueda siguiendo las marcas del mapa, pasando por las dunas, esquivando las gaviotas y saltando pequeñas piedras. Cada obstáculo parecía un desafío para sus superpoderes: Súper Ola usó su magia para crear un puente con olas pequeñas, y Capitán Arena construyó pequeñas barreras de arena para ponerlos a salvo. Luz Estrella iluminó cada rincón oscuro para que no se les escapara ni una pista.
Después de mucho caminar, llegaron hasta una pequeña cueva en la isla. Tenía piedras brillantes y conchas de colores por todas partes. “Aquí debe estar el tesoro”, susurró Elena señalando la X marcada en el mapa. Dentro de la cueva, con mucha cautela, encontraron un baúl viejo. Santiago, con su fuerza de Capitán Arena, logró abrirlo. Para su sorpresa, no encontraron oro ni joyas, sino algo mucho más especial: una colección de libros de cuentos y dibujos de héroes y animales marinos.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.