En el pueblo de Greenvale, donde las colinas se abrazan con la neblina cada mañana, un antiguo circo había plantado sus raíces en las afueras. Se rumoreaba que dentro de sus carpas desgastadas habitaba algo más que trucos y risas, algo que susurraba en la oscuridad. Coraline, una joven valiente con cabello azul como la noche profunda, siempre había sentido una mezcla de temor y fascinación por ese lugar.
Una noche de luna nueva, impulsada por la curiosidad y el deseo de aventura, Coraline decidió explorar el circo. La entrada estaba iluminada por antorchas que proyectaban sombras danzantes sobre el camino de tierra. Un frío escalofrío recorrió su espalda al pasar bajo el arco de entrada, donde las letras descoloridas todavía deletreaban «Circo de los Secretos».
Dentro, la atmósfera era inquietantemente silenciosa, apenas interrumpida por el crujir de las cuerdas y el aleteo ocasional de un pájaro nocturno. Coraline caminó entre las carpas, cada paso resonando en el suelo como un tambor lejano. Fue entonces cuando lo vio: un payaso con ropas de colores estridentes y un maquillaje que no podía ocultar su sonrisa torcida y siniestra. Se hacía llamar «It», y sus ojos brillaban con una luz maliciosa.
«It» comenzó a seguir a Coraline, manteniendo siempre una distancia cautelosa. Con cada vuelta que ella daba, él estaba allí, un espectador constante en la sombra. Coraline, aunque asustada, se sentía extrañamente atraída hacia el centro del circo, donde un viejo carrusel emitía una melodía distorsionada y melancólica.
Al acercarse al carrusel, Coraline notó que las figuras talladas no eran los típicos caballos o leones, sino criaturas grotescas y deformes que parecían retorcerse en su madera. Y allí, en el corazón del carrusel, se reveló el verdadero poder de «It». El payaso se transformó ante sus ojos, no en un monstruo, sino en un ser de tristeza infinita, atrapado en una maldición que lo condenaba a vagar por el circo, alimentándose de los miedos de los que osaban entrar.
Coraline, movida por una compasión inesperada, escuchó la historia de «It». Había sido una vez un artista alegre, el alma del circo, hasta que un hechizo lo encerró en esta forma, un reflejo de los terrores que el público llevaba consigo. La única liberación posible era que alguien enfrentara y superara sus propios miedos, rompiendo así el ciclo de terror.
Con determinación, Coraline enfrentó sus miedos, uno a uno, desde la oscuridad del circo hasta las figuras retorcidas del carrusel. Con cada miedo que dejaba atrás, sentía cómo la atmósfera opresiva del circo se aligeraba, cómo las sombras se disipaban y «It» comenzaba a perder su poder.
Finalmente, cuando el primer rayo de luz del amanecer filtró a través de las carpas, «It» se transformó en un simple hombre, viejo y cansado, pero libre. Agradecido, le reveló a Coraline el último secreto del circo: un cofre pequeño y polvoriento escondido bajo el carrusel. Dentro, Coraline encontró un conjunto de llaves doradas que «It» le explicó, eran capaces de abrir cualquier puerta, en cualquier lugar, llevando a quien las poseyera a aventuras sin fin.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.