Quién diría que después de una tormenta saldría el sol cuando podría haber rayos o un sinfín de lágrimas. Lilith, una joven de mente abierta pero con alexitimia, se sentaba en el ventanal de su habitación, observando cómo la lluvia golpeaba el vidrio. La alexitimia es la ausencia de palabras para expresar las emociones o los sentimientos, una condición que Lilith no creía tener porque, a su juicio, era una persona normal. Sin embargo, su incapacidad para comprender y expresar sus propios sentimientos la hacía cuestionarse constantemente.
Tras varias consultas psicológicas que no llevaron a ninguna parte, Lilith se hartó y dejó de ir. Volvió a su vida normal como una estudiante promedio, pero con una persistente curiosidad sobre las expresiones de la gente. Veía a sus compañeros de clase reír, llorar y mostrar todo tipo de emociones que ella nunca había experimentado, o quizás sí, pero sin darse cuenta.
Lilith se repetía a sí misma que estaba bien. Sin embargo, no sabía el peligro que corría. Una noche, mientras la tormenta rugía fuera de su ventana, Lilith notó algo extraño. Un libro que nunca había visto antes yacía en su escritorio. La portada era de cuero viejo y tenía un candado oxidado que parecía invitarla a abrirlo.
Intrigada, buscó la llave que se encontraba curiosamente al lado del libro. Al abrirlo, descubrió que no era un libro común. Estaba lleno de símbolos y palabras en un idioma que no comprendía. A medida que pasaba las páginas, sintió un escalofrío recorrer su espalda, pero no podía apartar la vista. En una de las páginas, encontró un dibujo de una puerta oscura con una inscripción que decía: «Abre y conocerás tus verdaderos sentimientos».
Lilith, impulsada por una mezcla de curiosidad y anhelo por entenderse a sí misma, decidió seguir las instrucciones. Al pronunciar las palabras inscritas, la habitación se llenó de una luz azulada y una puerta apareció en la pared frente a ella. Sin dudarlo, cruzó el umbral.
Se encontró en un corredor oscuro, iluminado solo por antorchas parpadeantes. Cada paso resonaba en las paredes, y el aire estaba impregnado de un olor a moho y antigüedad. De repente, la puerta detrás de ella se cerró de golpe, dejándola atrapada. Lilith, tratando de mantener la calma, siguió avanzando hasta llegar a una sala enorme con espejos en todas las paredes.
Al mirarse en uno de los espejos, vio una versión distorsionada de sí misma, una Lilith con una expresión de miedo que nunca había sentido tan intensamente. Las demás versiones en los espejos reflejaban diferentes emociones: tristeza, alegría, ira, y más, todas desconocidas para ella en tal intensidad. Era como si los espejos le mostraran lo que nunca había podido expresar.
De repente, una voz resonó en la sala: «Bienvenida, Lilith. Aquí descubrirás tus verdaderos sentimientos, pero ten cuidado, pues no todos son agradables.» La voz pertenecía a una figura oscura que emergió de las sombras. Era una presencia imponente, una manifestación de todos los temores y dudas de Lilith.
«¿Quién eres?» preguntó Lilith, tratando de sonar valiente.
«Soy una parte de ti,» respondió la figura. «Soy la personificación de tus miedos y emociones reprimidas. Para salir de aquí, debes enfrentarte a mí y aceptar lo que sientes.»
Lilith sintió un nudo en el estómago, pero sabía que no tenía otra opción. Comenzó a acercarse a la figura, enfrentando cada emoción que los espejos le mostraban. Sentía el peso de la tristeza cuando veía a sus amigos divertirse sin ella, la ira de no poder expresar sus frustraciones y la alegría de los recuerdos felices que nunca había comprendido completamente.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.