Cuentos de Terror

El oscuro secreto de Lucía y Jessica

Lectura para 10 años

Tiempo de lectura: 5 minutos

Español

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Lucía tenía diez años cuando su vida cambió para siempre. Sus padres murieron en un accidente automovilístico y ella se vio obligada a mudarse con sus abuelos a un pequeño pueblo llamado Valle Oscuro. Este pueblo, apartado y misterioso, tenía una atmósfera que siempre parecía estar cubierta de niebla, lo que le daba un aire aún más siniestro.

Lucía era una niña reservada y triste. La pérdida de sus padres la había afectado profundamente y aunque sus abuelos la cuidaban con amor, no lograban llenar el vacío en su corazón. Pasaba los días explorando los alrededores del pueblo, intentando distraerse de su dolor.

Un día, mientras deambulaba por el parque del pueblo, vio a una niña de su edad. Tenía el cabello castaño y rizado, y llevaba una chaqueta roja que destacaba entre la monotonía gris del paisaje. La niña estaba jugando sola, lanzando una pelota contra un árbol y recogiéndola una y otra vez. Lucía se acercó tímidamente.

—Hola, soy Lucía —dijo, tratando de sonar amigable.

La niña se volvió y le sonrió. Tenía unos ojos verdes brillantes que contrastaban con la tristeza del entorno.

—Hola, soy Jessica —respondió. Y así comenzó una amistad que cambiaría sus vidas.

Jessica y su familia habían llegado recientemente al pueblo. Se habían mudado a una antigua casa al final de la calle principal, una casa que todos en el pueblo conocían como «la casa abandonada». Los rumores decían que estaba embrujada, pero Jessica no creía en esas cosas. Lucía, sin embargo, no estaba tan segura.

Con el tiempo, las dos niñas se volvieron inseparables. Pasaban las tardes jugando juntas y explorando el pueblo. Jessica le mostró a Lucía todos los rincones secretos que había descubierto, y Lucía comenzó a sentirse menos sola. Sin embargo, conforme pasaban los días, empezaron a suceder cosas extrañas.

Todo comenzó con pequeños incidentes. Objetos que desaparecían y aparecían en lugares inesperados, luces que parpadeaban sin razón aparente, y puertas que se cerraban de golpe cuando no había viento. Al principio, las niñas pensaron que eran solo coincidencias, pero pronto se dieron cuenta de que algo más estaba ocurriendo.

Una noche, mientras dormían en la casa de Jessica, Lucía fue despertada por un ruido extraño. Era un susurro, suave y apenas audible, que parecía provenir de las paredes mismas. Despertó a Jessica y juntas siguieron el sonido hasta el sótano. La puerta del sótano estaba cerrada con llave, pero cuando Jessica la tocó, se abrió fácilmente.

—¿Estás segura de que deberíamos bajar? —preguntó Lucía, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda.

—Tenemos que hacerlo —respondió Jessica, su voz firme, aunque sus ojos mostraban miedo.

Bajaron las escaleras despacio, sus pies descalzos haciendo eco en la oscuridad. El sótano estaba lleno de cajas viejas y muebles cubiertos de polvo. En el centro de la habitación había una mesa con una vela encendida, algo que las dos sabían que no debía estar allí. Junto a la vela, había un diario antiguo.

Jessica tomó el diario con manos temblorosas y comenzó a leer en voz alta. Era el diario de una niña llamada Isabel, que había vivido en esa casa hacía más de cien años. Describía cómo su familia había sido perseguida por una presencia oscura que los había atormentado hasta su desaparición. Isabel había intentado advertir a los demás, pero nadie le creyó. La última entrada del diario hablaba de un ritual para sellar el espíritu maligno, pero las instrucciones estaban incompletas.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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