Cuentos de Terror

El Secreto Oscuro

Lectura para 11 años

Tiempo de lectura: 4 minutos

Español

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Era una tarde fría y gris cuando Félix llegó por primera vez a su nueva escuela en Canadá. El viento susurraba entre los árboles del campus, y las nubes bajas hacían que todo pareciera sombrío. Félix no quería estar allí, pero el trabajo de su padre había obligado a la familia a mudarse. Dejó su vida atrás, incluyendo a sus amigos y sus sueños, para empezar de nuevo en un lugar donde todo le parecía ajeno.

En la escuela, no tardó en conocer a un pequeño grupo de estudiantes. Ian, un chico callado y reflexivo, fue el primero en acercarse. Le presentó a Willy, un chico nervioso que siempre ajustaba sus gafas, y a dos chicas: Clementina y Rosa María. Clementina, con su largo cabello oscuro y ojos brillantes, era encantadora. Tenía una energía alegre que hacía que todos quisieran estar cerca de ella. Rosa María, en cambio, era más reservada, con una mirada fría y calculadora que siempre mantenía a los demás a cierta distancia.

Félix pronto se dio cuenta de que había algo extraño en la dinámica entre ellos. Aunque todos parecían amigos, notaba ciertas tensiones en el grupo. Ian, aunque se mostraba cercano a todos, parecía especialmente distante con Rosa María, y Willy, aunque siempre hacía bromas, miraba a Clementina de una manera que Félix no entendía al principio.

Con el paso de los días, Félix y Clementina comenzaron a pasar más tiempo juntos. A Félix le resultaba fácil hablar con ella, y pronto se dieron cuenta de que compartían muchos intereses. A Clementina le gustaba su sentido del humor y su sinceridad. Ambos se hicieron inseparables, lo que no pasó desapercibido para los demás.

Sin embargo, había algo que Félix no sabía. Rosa María, la supuesta mejor amiga de Clementina, también había puesto sus ojos en él. Rosa María no soportaba la idea de que Clementina le quitara a Félix, y eso la llenaba de celos. Cada vez que veía a los dos juntos, algo oscuro y peligroso crecía dentro de ella.

Clementina también notaba la mirada de Rosa María. Aunque intentaba ignorarla, los celos comenzaron a afectarla. Empezó a sentir que su amistad con Rosa María no era lo que parecía. Había un silencio incómodo entre ellas, y cada vez que se miraban, el aire se llenaba de tensión. A pesar de ello, Clementina no quería enfrentar a Rosa María directamente. Creía que si seguía actuando como si nada pasara, todo se resolvería solo. Pero se equivocaba.

Por otro lado, Ian estaba enamorado de Rosa María desde hacía tiempo. Aunque nunca se lo había dicho, temía que al confesar sus sentimientos, arruinaría su amistad. Rosa María siempre le había mostrado una actitud distante, y eso lo hacía dudar. Ian observaba desde las sombras, viendo cómo los celos de Rosa María la transformaban, pero no sabía cómo intervenir.

Willy, por su parte, siempre había sentido algo por Clementina, pero su inseguridad y miedo al rechazo lo mantenían en silencio. Cada vez que veía a Félix y Clementina juntos, algo dentro de él se rompía un poco más, pero no sabía cómo expresar lo que sentía. Todo el grupo estaba atrapado en una red de emociones no dichas, celos, y resentimientos.

El desenlace de esta historia no tardó en llegar.

Una tarde, después de las clases, Rosa María le pidió a Clementina que se encontraran en un parque cercano. Félix no estaba, y Clementina pensó que quizás sería una oportunidad para hablar y aclarar las cosas entre ellas. Pero cuando llegó al parque, se dio cuenta de que algo no estaba bien. Rosa María la esperaba en una esquina oscura, con una mirada que Clementina nunca había visto antes en su amiga.

—Tenemos que hablar —dijo Rosa María con una voz gélida.

Clementina, aunque incómoda, trató de mantener la calma.

—¿Sobre qué? —preguntó, aunque en el fondo ya sabía la respuesta.

—Félix —respondió Rosa María, sin rodeos.

El corazón de Clementina se aceleró.

—¿Qué pasa con él?

Rosa María dio un paso hacia ella, sus ojos llenos de ira y celos.

—Sabes perfectamente de qué hablo. Siempre te quedas con todo lo que quiero. Pero esta vez, no lo voy a permitir.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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