Cuentos de Terror

La Niebla que se Disipó en el Pasado

Lectura para 11 años

Tiempo de lectura: 2 minutos

Español

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En un pequeño pueblo rodeado de colinas y bosques densos, vivía una niña llamada Luna. Era una chica curiosa, con ojos brillantes y una sonrisa siempre lista para cualquier aventura. En las tardes, cuando el sol comenzaba a esconderse tras las montañas, Luna se aventuraba a explorar los rincones misteriosos que rodeaban su hogar. Le encantaba escuchar las historias de terror que los ancianos contaban sobre la niebla que, según decían, se había apoderado del pueblo hace muchos años.

Aquella niebla traía consigo susurros extraños y figuras difusas que aparecían y desaparecían, asustando a los habitantes. Pero más que miedo, a Luna le provocaba una intensa curiosidad. Un día, mientras jugaba en el bosque, comenzó a escuchar un murmullo persistente. Siguiendo aquel sonido, se adentró un poco más entre los árboles, donde la luz del sol apenas podía filtrarse. Allí encontró a un pequeño gato negro con ojos amarillos que brillaban como dos faros en la oscuridad.

—Hola, pequeño amigo —dijo Luna, acercándose con cuidado—. ¿Te has perdido?

El gato la miró fijamente, como si entendiera cada una de sus palabras. Entonces, de repente, la niebla comenzó a rodearles. Era una niebla espesa que parecía cobrar vida propia. Luna sintió un escalofrío recorrer su espalda, pero su curiosidad era más fuerte que su miedo.

—¿Qué haces aquí? —preguntó una voz suave que parecía venir de la niebla.

Luna parpadeó y, de pronto, frente a ella apareció una figura etérea, con una sonrisa amable y vestida con un vestido blanco que flotaba alrededor de ella como nubes. Era una niña de su edad, pero su aspecto era un poco extraño; su piel tenía un tono pálido y sus ojos parecían mirar a través de Luna, como si pudiera ver todo lo que había en su interior.

—Soy Niebla —dijo la figura, pronunciando su nombre con una reverencia que hacía que la niebla a su alrededor se arremolinara en forma de espiral—. He estado esperando a alguien que se atreviera a venir.

—¿Esperando? —preguntó Luna, intrigada—. ¿Por qué?

—He vivido aquí mucho tiempo, luchando por regresar a casa. La niebla me atrapó hace años, y ahora soy parte de ella. Pero tú, con tu valentía, podrías ayudarme a encontrar el camino de vuelta.

Luna sintió que su corazón latía con fuerza. Ayudar a alguien era lo que más le gustaba hacer. Sin embargo, no podía evitar sentirse inquieta, ya que la niebla a su alrededor empezaba a moverse de manera más agitada.

—¿Cómo puedo ayudarte? —preguntó, con determinación.

—Necesito que me acompañes a la colina del viejo sauce —respondió Niebla—. Allí, en el lugar donde la niebla se disipa, encontraré la llave para regresar. Pero debemos ser cautelosos. La niebla tiene guardianes, y no todos son amables.

Luna miró al gatito negro que todavía estaba a su lado; él maulló suavemente, como si la alentara. Así que decidió aceptar el reto. Juntas, Luna y Niebla comenzaron su viaje hacia la colina del viejo sauce.

A medida que avanzaban, la niebla se hacía más densa y los sonidos del bosque se desvanecían. De repente, un fuerte sonido la hizo detenerse en seco: un chasquido en las ramas. Luna miró a su alrededor, sintiendo cómo su estómago se encogía. De la niebla surgió una sombra oscura en forma de lobo, con ojos brillantes que la miraban fijamente.

—¿Y tú quién te crees? —gruñó la criatura con una voz profunda y aterradora—. Nadie debería estar aquí.

Luna sintió que el miedo apretaba su pecho, pero miró a Niebla, quien le sonrió con confianza.

—No venimos a pelear, solo a buscar algo que se perdió —dijo Niebla con dulzura.

El lobo la observó, dudando. Su mirada amenazante se suavizó un poco.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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