En el pequeño pueblo de Villa Tenebrosa, conocido por sus oscuros bosques y su atmósfera siempre cubierta de niebla, vivían dos personajes temidos por todos: Dorimon y Novita. Dorimon era una figura sombría con ojos que brillaban en la oscuridad, y Novita, su inseparable compañero, tenía una sonrisa torcida y una presencia inquietante. Ambos eran conocidos por sus travesuras malévolas y por causar terror a los habitantes del pueblo.
Una noche de luna llena, cuando el viento aullaba entre los árboles desnudos y la niebla era más densa que nunca, Dorimon y Novita decidieron que era el momento perfecto para salir y sembrar el caos. Caminaban sigilosamente por las calles empedradas del pueblo, buscando a sus próximas víctimas.
—Vamos, Novita, esta noche será inolvidable —dijo Dorimon, con su voz grave y llena de malicia.
—Sí, Dorimon. Hagamos que todos recuerden quiénes somos —respondió Novita, con su sonrisa torcida ampliándose aún más.
La primera persona que encontraron fue el anciano Horacio, que regresaba a casa después de una larga jornada de trabajo en su pequeño taller de relojes. Sin previo aviso, Dorimon y Novita se lanzaron sobre él, empujándolo y haciéndolo caer al suelo. Horacio, aturdido y asustado, intentó levantarse, pero los dos villanos lo rodearon, riéndose de su desgracia.
—¿Qué quieren de mí? —preguntó Horacio, con voz temblorosa.
—Solo un poco de diversión, viejo —respondió Novita, pateando su bastón lejos.
Dorimon se inclinó sobre Horacio, mirándolo directamente a los ojos. —Recuerda nuestros nombres, Horacio. Dorimon y Novita. Y cuéntale a todos lo que te ha pasado esta noche.
Satisfechos con su primera travesura, los dos se adentraron en el bosque, buscando más víctimas. La oscuridad y la niebla los envolvieron, haciendo que sus siluetas se desvanecieran entre las sombras.
A medida que avanzaban, encontraron a un grupo de niños que jugaban cerca del borde del bosque. Sin pensarlo dos veces, Dorimon y Novita comenzaron a asustarlos, lanzando piedras y ramas mientras se escondían entre los árboles. Los niños, aterrorizados, corrieron de regreso al pueblo, gritando y llorando.
—¡Esto es genial! —exclamó Novita, disfrutando del pánico que habían causado.
—Sí, pero aún no hemos terminado. Necesitamos hacer algo más grande —dijo Dorimon, con una mirada maliciosa.
Decidieron dirigirse a la casa de la señora Marta, conocida en el pueblo por ser una mujer amable y generosa. Sabían que Marta siempre dejaba una vela encendida en su ventana, una tradición para guiar a su esposo fallecido de regreso a casa.
—Vamos a apagar esa vela y ver qué pasa —dijo Novita, riendo.
Se acercaron sigilosamente a la casa de Marta y, con un soplo, apagaron la vela. De inmediato, un escalofrío recorrió la calle, y la casa pareció volverse aún más sombría.
—¡Vámonos antes de que nos descubran! —dijo Dorimon, tirando de la manga de Novita.
Sin embargo, mientras se alejaban, no se dieron cuenta de que alguien los observaba desde las sombras. Era un joven llamado Lucas, que había oído hablar de las travesuras de Dorimon y Novita y había decidido seguirlos para descubrir sus intenciones.
Lucas, armado con valentía y un plan, decidió que era el momento de actuar. Sabía que Dorimon y Novita no se detendrían hasta que alguien los enfrentara. Siguió a los dos villanos hasta el centro del bosque, donde se habían detenido para planear su próxima travesura.
—Debemos hacer algo que nadie olvide —dijo Dorimon, pensativo.
—¿Qué tal si asustamos a todo el pueblo de una vez? —sugirió Novita, con los ojos brillando de emoción.
Antes de que pudieran continuar con su plan, Lucas salió de su escondite y se plantó frente a ellos.
—¡Ya basta! —gritó Lucas, con firmeza—. No permitiré que sigan aterrorizando a la gente de Villa Tenebrosa.
Dorimon y Novita se giraron, sorprendidos por la audacia del joven.
—¿Y qué vas a hacer tú para detenernos? —preguntó Dorimon, con una sonrisa sarcástica.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.