Todo comenzó con un sueño extraño, una pesadilla que parecía demasiado real. Me encontraba en un lugar oscuro, corriendo sin rumbo mientras algo, o alguien, me perseguía. Podía escuchar pasos acelerados tras de mí, pero no importaba cuánto corría, no lograba escapar. Al final, caí en un agujero profundo, y justo cuando creí que todo había terminado, me desperté de golpe.
Pero no era mi cama lo que me rodeaba.
La oscuridad seguía allí, envolviéndome como un manto pesado. Mi respiración era agitada, y al intentar moverme, me di cuenta de algo aterrador: no podía. Mis manos y pies estaban atados a una silla, y una bolsa cubría mi cabeza, impidiéndome ver dónde estaba o quién me había puesto allí. Mi corazón comenzó a latir más rápido, el miedo subía como una ola incontrolable.
Escuché voces al otro lado de la habitación. Era difícil entender lo que decían al principio, pero cuanto más escuchaba, más claro se hacía.
«Tenemos que sacarlo de la ciudad antes de que alguien se dé cuenta», dijo una voz que me resultaba vagamente familiar.
«Sí, los millonarios están dispuestos a pagar mucho por esto. Ya sabes cómo les gustan estas cosas raras», respondió otra voz, más nerviosa. A medida que hablaban, entendí con horror lo que planeaban: iban a venderme. Y no solo eso, iban a vender mis partes del cuerpo a algún excéntrico millonario.
El pánico me invadió por completo. Quise gritar, pero no pude. Mi mente estaba en caos. ¿Cómo había terminado aquí? ¿Quién me había secuestrado?
De repente, escuché pasos acercándose, y la bolsa fue arrancada de mi cabeza con un tirón brusco. La luz tenue me cegó por un momento, y cuando mis ojos finalmente se ajustaron, lo vi.
Frente a mí estaba Maluma, mi cuñado. La persona en la que jamás habría sospechado. Me miraba con una sonrisa torcida, como si todo esto fuera un simple juego.
«No me mires así», dijo con frialdad. «Esto es solo un negocio. No es nada personal.»
«No… puede ser», logré murmurar, mi mente tratando de procesar la traición. Había confiado en él, y ahora estaba atado a una silla, esperando ser vendido a unos desconocidos.
Junto a Maluma, estaban Dani Flow y Faraón Love Shady, ambos visiblemente nerviosos pero claramente involucrados en el plan. Dani, que siempre había sido el tipo más relajado, ahora sudaba y miraba alrededor como si quisiera desaparecer.
«¿Estás seguro de que esto funcionará?», preguntó Dani, su voz temblorosa. «No quiero acabar en problemas por esto.»
«Todo está bajo control», respondió Maluma, casi con desdén. «Lo llevaremos fuera de la ciudad, haremos el intercambio, y nadie sabrá nada.»
Faraón Love Shady, que se mantenía más callado, observaba en silencio, pero su incomodidad era evidente. Parecía tener dudas, pero no estaba dispuesto a contradecir a Maluma.
Mi mente corría, buscando desesperadamente una salida. Sabía que si no hacía algo pronto, el plan de Maluma se llevaría a cabo. Intenté mover mis manos, buscando algún espacio en las cuerdas que me ataban, pero todo parecía demasiado ajustado. Tenía que pensar rápido.
Mientras ellos seguían discutiendo los detalles de la venta, aproveché el momento para observar el entorno. La habitación estaba mal iluminada, con solo una bombilla colgando del techo. No había ventanas, solo una puerta en el fondo que parecía la única salida. Si lograba liberar una de mis manos, tal vez tendría una oportunidad.
Dani Flow se acercó un poco más, tal vez para verificar si las cuerdas seguían bien ajustadas, y fue entonces cuando lo supe: este era mi momento. Con todas mis fuerzas, tiré de mis manos, logrando aflojar una de las ataduras. Antes de que Dani pudiera reaccionar, le di un fuerte empujón con mi hombro, lo que lo hizo tambalearse hacia atrás.
«¡Se está soltando!» gritó Dani, cayendo al suelo.
Sin perder un segundo, desaté la otra mano y me liberé de los pies. Me levanté de la silla y corrí hacia la puerta. Podía escuchar los gritos de Maluma detrás de mí, pero no me detuve.
«¡Atrápenlo!» ordenó Maluma con furia, mientras yo corría por el pasillo oscuro que conectaba con la salida.
El sonido de sus pasos resonaba detrás de mí, pero la adrenalina me daba la velocidad necesaria para escapar. Abrí la puerta de un golpe y salí a la fría noche. El aire helado golpeó mi rostro, pero me sentía más vivo que nunca.
Corrí y corrí, sin detenerme. A lo lejos, podía escuchar a Maluma y los demás intentando seguirme, pero ya no podían alcanzarme. Mi mente seguía en shock por lo que había pasado. Nunca habría imaginado que mi propio cuñado pudiera traicionarme de esa manera. Pero ahora, lo único que importaba era que había escapado.
No sabía hacia dónde iba, pero lo único que tenía claro era que jamás volvería a confiar en Maluma. Había visto su verdadera cara, y nada volvería a ser igual.
Fin.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.