Cuentos de Terror

Una Noche de Halloween Inolvidable

Lectura para 10 años

Tiempo de lectura: 4 minutos

Español

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Era la noche de Halloween y todo el vecindario brillaba con luces de colores y decoraciones espeluznantes. Las calabazas talladas con sonrisas aterradoras iluminaban las puertas de las casas, y las sombras de los árboles se alargaban bajo la luz de la luna llena. Para Nacho, un niño de nueve años, esta era su noche favorita del año. Junto a su fiel perro Zeus, un alegre podenco, no había nada que deseara más que salir a hacer travesuras y recoger dulces.

Rocío, la madre de Nacho, había pasado toda la semana preparando el disfraz de su hijo. Esta vez, Nacho había decidido que quería ser un superhéroe. Con una capa roja, una máscara y un traje lleno de colores brillantes, se sentía invencible. Su papá, Rufi, también se había sumado a la diversión, vistiéndose de vampiro, con un gran sombrero de copa y colmillos de juguete. Rocío se había puesto un vestido morado, complementado con un sombrero de bruja adornado con estrellas plateadas.

“¡Vamos, Nacho! ¡Es hora de salir a recoger dulces!”, exclamó Rocío con entusiasmo. Nacho brincó de la emoción y, con Zeus corriendo a su lado, salieron de casa. La noche estaba llena de risas y gritos de alegría, y el aire fresco llevaba consigo el olor a manzana caramelizada y a canela. Los niños del vecindario se agrupaban en pequeños clanes, mostrando orgullosos sus disfraces mientras se dirigían de puerta en puerta.

Nacho, junto a su mamá y papá, se unieron a sus amigos, quienes también estaban disfrazados. Vieron a Clara, vestida de fantasma, y a su amigo Marco, que había decidido ser un monstruo de Frankenstein. Todos juntos, comenzaron a recorrer las calles, gritando “¡Truco o trato!” en cada puerta.

Mientras recolectaban dulces, Nacho notó que algo extraño sucedía al final de la calle. Había una casa vieja y abandonada, cubierta de telarañas y con ventanas oscuras. La leyenda del vecindario decía que en esa casa vivía una bruja malvada. Algunos niños afirmaban haberla visto espiándolos desde las sombras. “¿No es aterradora esa casa?”, preguntó Nacho, mirando hacia la estructura en ruinas.

“¡Sí! ¡Hay que acercarnos!”, dijo Marco, desafiando a todos. Rocío lo miró con preocupación. “No creo que sea una buena idea, chicos. Esa casa está cerrada desde hace años”, advirtió. Pero la curiosidad había despertado en los niños, y el grupo decidió acercarse un poco más.

Mientras se acercaban, los árboles crujían bajo el viento, y una sensación extraña llenó el aire. “¡Ay, no! ¡Ya veo que me estoy asustando!”, dijo Clara, apretando su disfraz. “Es solo una casa, no hay nada de qué preocuparse”, intentó tranquilizarla Nacho, aunque él mismo sentía un escalofrío recorrer su espalda.

“¡Vamos a entrar!”, dijo Marco, lleno de valor. “Solo un vistazo. Prometemos no quedarnos mucho tiempo”. Rufi, al ver que los niños estaban tan entusiasmados, se rió y dijo: “Está bien, solo un vistazo rápido. Yo estaré justo detrás de ustedes”.

Así que, con el corazón latiendo rápido y Zeus ladrando a su lado, Nacho y sus amigos se acercaron a la puerta de la casa. Marco empujó la puerta, que chirrió ominosamente al abrirse, revelando un oscuro vestíbulo cubierto de polvo. El olor a moho y algo dulce llenó el aire. “¡Es solo un poco de polvo!”, dijo Marco, tratando de sonar valiente.

“¿De verdad crees que hay una bruja aquí?”, preguntó Clara, mirando a su alrededor con temor. “No lo sé, pero debemos tener cuidado”, respondió Nacho, mientras Zeus olfateaba curiosamente el suelo.

Al entrar, la puerta se cerró de golpe detrás de ellos. “¡Oh no! ¡Ya estamos atrapados!”, gritó Clara, mientras todos se giraban rápidamente hacia la puerta. “No, no, solo se cerró por el viento”, intentó calmar Rufi, aunque su propia voz temblaba un poco. “Vamos a buscar otra salida”.

Con la luz de sus linternas, comenzaron a explorar la casa. Las paredes estaban cubiertas de retratos antiguos que parecían observarlos con ojos críticos. “¡Mira ese! Es un cuadro de una bruja”, dijo Nacho, apuntando a una imagen de una mujer de aspecto misterioso con un sombrero puntiagudo. “Eso no es nada”, respondió Marco, “es solo un viejo cuadro. ¡Seguidme!”.

Mientras seguían explorando, encontraron una puerta que conducía a lo que parecía ser la cocina. Las paredes estaban cubiertas de hierbas secas colgando del techo, y en la mesa había un viejo libro abierto. “¡Miren eso!”, exclamó Nacho, acercándose al libro. “Parece un libro de hechizos”.

“¡Eso es genial! ¡Vamos a leerlo!”, dijo Marco emocionado. “¡No, espera!”, advirtió Rocío, “podría ser peligroso”. Pero Nacho, curioso, se inclinó sobre el libro. Mientras leía las palabras extrañas en voz alta, un viento frío comenzó a soplar, y los retratos de las paredes parecían cobrar vida, sus ojos brillando en la oscuridad.

De repente, un fuerte estruendo resonó en la casa. Todos se miraron asustados. “¿Qué fue eso?”, preguntó Clara con voz temblorosa. “Creo que deberíamos salir de aquí”, sugirió Rufi. “¡Sí, rápido!”, coincidieron todos.

Sin embargo, antes de que pudieran regresar, la puerta de la cocina se cerró de golpe, y un eco siniestro llenó el aire. “¿Qué está pasando?”, gritó Nacho, mientras Zeus ladraba frenéticamente. En ese momento, una figura oscura apareció en la esquina de la habitación. Era una sombra alta, con una capa que ondeaba a su alrededor.

“¿Quiénes son ustedes y qué hacen en mi casa?”, preguntó la figura con una voz profunda y resonante. Los niños se quedaron paralizados. “¡Es la bruja!”, susurró Clara, aterrorizada. “No, no lo soy”, dijo la sombra, avanzando hacia ellos. Cuando la figura se acercó a la luz, los niños pudieron ver que no era una bruja, sino una anciana con una mirada amable y una sonrisa cálida.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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