Cuentos de Terror

Zyan en la Casa de los Susurros

Lectura para 11 años

Tiempo de lectura: 2 minutos

Español

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Zyan tenía 17 años y estaba cansado de la monotonía de su vida cotidiana. La escuela, los deberes y las mismas actividades diarias le resultaban insoportablemente aburridas. Anhelaba una aventura, algo que le hiciera sentir vivo y le proporcionara una dosis de emoción. Fue así como una tarde, mientras caminaba sin rumbo fijo por su vecindario, se topó con una casa solitaria al final de una calle que nunca antes había notado.

La casa era antigua y parecía haber sido abandonada hace mucho tiempo. Sus ventanas estaban rotas, la vegetación la había invadido y la puerta de madera colgaba de sus bisagras, ligeramente entreabierta. La vista de la casa despertó una chispa de curiosidad en Zyan. Decidió que esa sería su aventura.

El sol comenzaba a ocultarse detrás de unas nubes oscuras, y la luz de la luna empezaba a iluminar el cielo. Zyan se armó de valor y se acercó a la casa. El crujido de la grava bajo sus pies rompía el silencio mientras se aproximaba a la puerta. Respiró hondo y, con una mezcla de emoción y nerviosismo, empujó la puerta para entrar.

El interior de la casa era aún más inquietante que su exterior. La sala de estar estaba cubierta de polvo, con muebles antiguos que parecían estar en el mismo lugar desde hacía décadas. El aire estaba cargado de un olor a humedad y moho. Cada paso que daba hacía que el suelo de madera crujiera bajo su peso.

Zyan avanzó por el pasillo principal, explorando cada habitación que encontraba. Había una cocina con utensilios oxidados y platos sucios, un comedor con una mesa larga y sillas caídas, y un salón con una chimenea oscura y fría. Sin embargo, lo que más le llamó la atención fue una escalera que descendía al sótano.

La puerta del sótano estaba entreabierta, y una fría brisa parecía emanar de la oscuridad. Zyan sintió un escalofrío recorrer su espalda, pero su deseo de aventura era más fuerte que su miedo. Encendió la linterna que había traído consigo y comenzó a bajar los escalones, uno a uno.

El sótano era grande y estaba lleno de cajas viejas, herramientas oxidadas y muebles cubiertos con sábanas polvorientas. Mientras exploraba, Zyan escuchó un suave susurro que parecía provenir del fondo del sótano. Al principio pensó que era su imaginación, pero el susurro se hizo más fuerte y más claro.

—¿Hola? —llamó Zyan, con la voz temblorosa.

No hubo respuesta, pero los susurros continuaron, como si alguien estuviera hablando en un idioma antiguo. Siguiendo el sonido, Zyan encontró una puerta oculta detrás de una estantería. La puerta estaba cerrada con llave, pero al buscar en el sótano, encontró una vieja llave oxidada que encajaba perfectamente en la cerradura.

Abrió la puerta y entró en una pequeña habitación iluminada por la luz de la luna que se filtraba a través de una ventana alta y estrecha. En el centro de la habitación había una mesa con un libro antiguo y una vela apagada. Zyan se acercó a la mesa y abrió el libro. Sus páginas estaban llenas de símbolos y escritos en un lenguaje que no podía entender.

De repente, la vela se encendió sola, y los susurros se convirtieron en una voz clara y fuerte.

—¿Quién se atreve a entrar en mi dominio?

Zyan dio un paso atrás, asustado. La voz parecía provenir del libro mismo. Intentó cerrarlo, pero el libro no se movió. La voz continuó.

—He estado atrapado en esta casa durante siglos, esperando a alguien que pudiera liberarme. ¿Serás tú, Zyan?

Zyan se sorprendió al escuchar su nombre. ¿Cómo podía saber su nombre?

—¿Quién eres? —preguntó con voz temblorosa.

—Soy un espíritu antiguo, maldito a permanecer en esta casa hasta que alguien con un corazón valiente venga a liberarme. Si me ayudas, te recompensaré con riquezas y conocimientos más allá de tu imaginación.

Zyan dudó. Sabía que estaba jugando con fuerzas desconocidas, pero su deseo de aventura y la promesa de riquezas eran tentadores.

—¿Qué tengo que hacer? —preguntó finalmente.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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