Cuentos de Valores

El eco de cada voz en la clase

Lectura para 11 años

Tiempo de lectura: 5 minutos

Español

Puntuación:

0
(0)
 

Compartir en WhatsApp Compartir en Telegram Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir por correo electrónico
0
(0)

En la escuela El Camino había un grupo de estudiantes con diferentes formas de pensar, aprender y vivir. Entre ellos estaba Bruno, un alumno tranquilo que tenía buenas ideas, pero casi nunca participaba en clase. Todas las mañanas, el profesor escribía el tema en el pizarrón y comenzaba a explicar.

—Bien, jóvenes. Copien lo que está en el pizarrón y después responderán las preguntas —decía el profesor.

Los estudiantes comenzaban a trabajar en silencio. Bruno era uno de los que prefería escuchar y copiar sin levantar la mano ni decir mucho. En su cuaderno quedaban anotadas las palabras del profesor, pero dentro de su cabeza había muchas ideas que no se atrevían a salir.

Un día, mientras todos escribían, Bruno alzó la mano tímidamente.

—Profesor, ¿puedo dar mi opinión? —preguntó con voz baja.

—Después, Bruno. Primero terminemos la actividad —respondió el profesor sin detenerse ni mirarlo.

Bruno bajó la mirada, sintiendo cómo la oportunidad de hablar se desvanecía. A su lado, Camila, una chica atenta que siempre miraba a sus compañeros con interés, lo observó con preocupación.

—¿Qué querías decir? —preguntó suavemente.

—Tenía una idea sobre el tema, pero creo que no es importante —respondió Bruno, casi susurrando.

Camila le sonrió con calidez.

—Claro que es importante. Pero aquí casi nunca tenemos oportunidad de hablar —dijo.

Bruno suspiró.

—A veces siento que solamente venimos a escuchar y copiar —confesó.

Con el paso de los días, Bruno dejó de levantar la mano. Ya no intentaba compartir sus ideas, y poco a poco su voz se hacía más silenciosa en la clase.

Pero no todos los estudiantes vivían las mismas situaciones. Pablo, por ejemplo, algunas veces llegaba cansado porque después de la escuela ayudaba a su mamá en la tienda de la esquina. Aunque era muy participativo, su cansancio le hacía difícil concentrarse durante todo el día.

Ana, otra compañera, era diferente. A ella le encantaba hablar y levantar la mano, pero a veces sus intervenciones eran largas y desviaban la atención del tema principal. La profesora, aunque paciente, se preocupaba porque sentía que algunas voces opacaban a otras.

Camila, por su parte, miraba la clase con atención. Sabía que el grupo tenía mucho potencial, pero también muchas dificultades para escucharse entre ellos. Un día, decidió acercarse al profesor después de clase.

—Profesor, ¿podríamos hacer algo para que todos podamos participar? —preguntó Camila—. He notado que algunos compañeros, como Bruno, tienen ideas buenas, pero no se animan a compartirlas.

El profesor frunció el ceño, pensativo.

—Es cierto, Camila. A veces me concentro demasiado en el contenido y olvido lo importante que es dar espacio para que todas las voces se escuchen.

Animado por la sugerencia de Camila, el profesor decidió probar algo nuevo al día siguiente. Cuando comenzó la clase, después de explicar un poco sobre el tema, dijo:

Cuentos cortos que te pueden gustar

autor crea cuentos e1697060767625
logo creacuento negro

Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

Deja un comentario