En el acogedor y colorido pueblo de Alegría, vivía una niña de tres años llamada Carla. Carla era conocida por su gran amor por el color naranja, su pasión por el chocolate, y su entusiasmo al cantar su canción favorita, el himno de Caspe. Tenía un hermano mayor, Marco, con quien compartía muchos momentos felices y juegos divertidos.
Carla asistía al colegio Alejo Lorén, un lugar mágico donde cada día era una aventura. En el colegio, Carla tenía muchos amigos, pero su mejor amigo era Acher, un niño imaginativo y siempre lleno de energía. Juntos, Carla y Acher exploraban mundos de fantasía y vivían emocionantes aventuras en el patio del colegio.
La maestra de Carla, Manuela, era una persona muy especial. Siempre sonriente y llena de sabiduría, enseñaba a los niños importantes lecciones de vida a través de juegos y canciones. Bajo su guía, Carla y sus amigos aprendían sobre el respeto, la amistad, y la importancia de ayudar a los demás.
Un día, Manuela anunció algo emocionante: «¡Vamos a tener un gran concurso de talentos en Alejo Lorén!» Dijo con una sonrisa. «Cada uno de ustedes tendrá la oportunidad de mostrar sus habilidades y pasiones. ¡Será un día de celebración y alegría!»
Carla estaba emocionada. ¿Qué podría hacer para el concurso? ¿Cantar? ¿Bailar? ¡Las posibilidades eran infinitas!
Mientras tanto, en casa, Carla compartía la noticia con su familia. Marco, siempre el hermano cariñoso, se ofreció a ayudarla a preparar su actuación. Los abuelos de Carla, que eran muy sabios y cariñosos, le dieron consejos sobre cómo actuar en el escenario. Incluso Maggie, el perrito de orejas largas de los abuelos, parecía emocionado.
Después de mucho pensar, Carla decidió cantar su canción favorita, el himno de Caspe. Acher, por su parte, decidió hacer un acto de magia, y juntos empezaron a prepararse para el gran día.
Los días previos al concurso estuvieron llenos de práctica y preparación. Carla y Acher trabajaron duro, ensayando sus actos, apoyándose mutuamente y superando sus miedos. Manuela los animaba, recordándoles que lo importante era disfrutar y compartir sus talentos con alegría.
Finalmente, llegó el día del concurso. El colegio Alejo Lorén estaba decorado con banderines y globos de colores. Todos los niños estaban emocionados y un poco nerviosos.
Carla, vestida con su mejor vestido naranja, subió al escenario. Con una voz dulce y clara, comenzó a cantar el himno de Caspe. A medida que cantaba, su confianza crecía y su voz llenaba la sala, tocando los corazones de todos los presentes. Cuando terminó, el auditorio estalló en aplausos.
Luego fue el turno de Acher. Con su varita mágica en mano, realizó trucos que dejaron a todos asombrados. Su acto fue un éxito, y al final, recibió una ovación igual de entusiasta.
Uno tras otro, los niños de Alejo Lorén presentaron sus talentos. Hubo bailes, canciones, poesía, y todo tipo de actos creativos. Cada actuación era única y especial a su manera.
Al final del día, Manuela subió al escenario. «Hoy, cada uno de ustedes ha demostrado lo maravilloso que es compartir sus talentos y pasiones,» dijo. «En Alejo Lorén, todos son ganadores porque han mostrado valentía, creatividad y, sobre todo, han disfrutado y hecho disfrutar a los demás.»
El concurso de talentos de Alejo Lorén fue un día inolvidable para Carla, Acher y todos sus amigos. Aprendieron que lo importante no era ganar, sino compartir, disfrutar y apoyarse mutuamente. Y así, con corazones llenos de alegría y orgullo, Carla y sus amigos continuaron su camino lleno de aprendizaje, aventuras y amistad.
Fin
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.