Cuentos de Valores

El valor de lo que realmente importa

Lectura para 4 años

Tiempo de lectura: 5 minutos

Español

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Había una vez un niño llamado Muerto De Hambre. No era un niño rico, ni famoso, ni siquiera el más popular de la escuela. Pero él tenía algo que siempre presumía: sus audífonos «originales». Todos los días llegaba a la escuela mostrando su nueva adquisición, y sus amigos El Roro y Franco siempre lo observaban con diferentes reacciones.

Muerto De Hambre era un niño pequeño, de poco más de un metro y medio de altura, con ropa normal, algo gastada, y siempre con su gran par de audífonos que, según él, lo hacían ver muy elegante. Le gustaba mostrarles a sus amigos todo lo que tenía: sus cosas nuevas, las que había comprado en internet, las que él consideraba que lo hacían ser alguien especial. Pero lo que no sabía Muerto De Hambre era que lo que realmente importaba no era lo que tenía, sino lo que él era.

Un día, en el salón de clases, Muerto De Hambre se sentó junto a su mejor amigo, El Roro. El Roro era un poco más alto, de complexión más robusta, pero siempre lo miraba a Muerto De Hambre con una sonrisa sincera. Junto a ellos estaba Franco, un niño de lentes y cabello rizado, que siempre estaba un poco callado, pero que nunca dejaba de escuchar. Muerto De Hambre, con sus audífonos puestos, les contaba a sus amigos con entusiasmo todo lo que había comprado, cómo había pasado unas vacaciones increíbles en un lugar lejano y todo lo que había comprado en una página de internet.

«¡Miren, miren lo que me acabo de comprar!» dijo Muerto De Hambre, mostrándoles un par de audífonos nuevos y brillantes. «¡Son originales! ¡Nadie más tiene unos así! ¡Mis vacaciones fueron geniales!»

El Roro, que no tenía tantas cosas materiales, lo miró con cierta tristeza, mientras que Franco, siempre más prudente, simplemente le sonrió. Aunque a Muerto De Hambre le encantaba presumir, a sus amigos no les importaban tanto esas cosas. Para ellos, lo más importante era lo que compartían: su tiempo y su amistad.

Muerto De Hambre llegó a su casa esa tarde, cansado pero satisfecho por haber impresionado a sus amigos. Su casa no era grande, pero estaba llena de cosas que él había comprado en línea. Cajas y bolsas de productos piratas llenaban su cuarto. Aunque su familia era humilde, él siempre encontraba la forma de conseguir lo que quería. No importaba si las cosas no eran originales, siempre conseguía algo para mostrar y presumir.

Esa noche, después de cenar, Muerto De Hambre subió a su cuarto, donde se sentó frente a un espejo, mirando sus compras. Sonrió al ver todas las cosas que había conseguido. Se tomó algunas fotos, mostrándolas orgulloso, como si eso lo hiciera sentirse mejor. Pero al final del día, solo estaba él y sus cosas. No había nadie más para compartir su alegría. Mientras se acomodaba en su cama, pensó en sus amigos, pero también en lo que realmente importaba: su futuro, lo que quería hacer cuando fuera grande.

A la mañana siguiente, Muerto De Hambre se levantó temprano para ir a la escuela. Se preparó con entusiasmo, poniendo sus audífonos nuevos y su ropa «chic». Cuando salió de su casa, la vio, humilde y apartada de la ciudad. Aunque su casa no era lujosa, era su hogar, un lugar donde siempre se sentía seguro. Pero, ¿realmente era feliz? ¿O solo buscaba la aprobación de los demás con las cosas materiales?

Ese día, mientras caminaba hacia la escuela, algo inesperado sucedió. Una camioneta negra apareció frente a él. Muerto De Hambre no tuvo tiempo de reaccionar cuando dos hombres se bajaron rápidamente, lo tomaron por los brazos y lo metieron en la camioneta. Nadie estaba cerca para ayudarlo. A lo lejos, sus padres no sabían que su hijo había sido secuestrado.

Lo llevaron a un lugar frío y oscuro, un garaje alejado de la ciudad. Muerto De Hambre, asustado, no entendía qué estaba pasando. Los hombres le dijeron que lo habían secuestrado porque sabían que había comprado cosas en páginas piratas, y pensaban que su familia podía pagar el rescate. El niño, con miedo, recordó entonces a sus padres, que nunca habían tenido mucho dinero, y a sus amigos, que siempre le habían enseñado que lo importante no era lo que uno tenía, sino lo que uno era.

Mientras tanto, sus padres, al recibir la noticia de su secuestro, hicieron todo lo posible para reunir el dinero y pagar el rescate. Aunque no tenían mucho, sabían que lo que más querían en la vida era a su hijo. La situación era grave, y Muerto De Hambre, al estar en ese lugar frío, se dio cuenta de que todo lo que había mostrado y presumido no valía nada en ese momento. Lo que realmente importaba era estar con las personas que lo amaban, su familia y sus amigos.

Después de varios días, sus padres, con lo poco que pudieron conseguir, lograron pagar el rescate. Muerto De Hambre fue liberado, y regresó a su hogar. Cuando vio a sus padres, se dio cuenta de que lo más valioso que tenía en el mundo no eran sus cosas, sino el amor y la unión familiar.

Desde ese día, Muerto De Hambre cambió. Ya no le importaba tanto mostrar lo que tenía. Aprendió que las cosas materiales no lo definían, y que lo que realmente importaba era ser una buena persona, compartir con los demás y valorar lo que realmente importa: el amor, la amistad y la familia.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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