Era un día soleado en la pequeña ciudad de Valle Esperanza, donde los niños jugaban en las calles y las flores coloridas adornaban cada rincón. Entre risas y juegos, se encontraba una niña llamada Elena. Elena era una niña curiosa, llena de energía y con un gran deseo de entender el mundo que la rodeaba. Sin embargo, a veces se sentía perdida y no sabía cómo ser la mejor versión de sí misma.
Un día, mientras exploraba el parque de su vecindario, Elena encontró un extraño juego en el suelo. Era un tablero colorido con dibujos de estrellas, corazones y otros símbolos mágicos. Intrigada, lo recogió y miró a su alrededor. En ese momento, aparecieron tres figuras brillantes: Carlo Acutis, Nicanor Ascanio Nica y Chiara Lubich.
«¡Hola, Elena!», dijo Carlo con una sonrisa cálida. «Estamos aquí para ayudarte a descubrir cómo puedes llegar a ser santa». Elena parpadeó sorprendida, sin entender del todo. «¿Cómo puedo ser santa?», preguntó con un tono de duda.
Nicanor, con su mirada sabia detrás de unas pequeñas gafas, le explicó: «Hay un camino que puedes seguir. Pero primero, debes entender que ser santa no significa ser perfecta. Se trata de amar y ayudar a los demás».
Chiara, siempre amable y llena de luz, se unió a la conversación. «Cada uno de nosotros tiene un don especial. El primer paso es ser original y auténtica, Elena. Tienes que abrazar lo que eres y ser fiel a ti misma».
Elena escuchaba atentamente. “¿Pero cómo puedo hacer todo eso?”, preguntó, con un brillo de esperanza en sus ojos.
«Vamos a jugar este juego», dijo Carlo, señalando el tablero que había encontrado. «A medida que avancemos, te daremos pistas y consejos sobre cómo ser la mejor versión de ti misma».
El juego comenzó. Mientras Elena movía su ficha, cada casilla en el tablero representaba un desafío o una lección. La primera casilla decía: «Sé tú misma».
«Esto es muy importante», dijo Nicanor. «En un mundo donde a veces nos sentimos presionados a encajar, ser tú misma es un valor esencial. ¿Qué te hace especial, Elena?».
Elena pensó por un momento. «Me gusta ayudar a mis amigos y siempre trato de hacerlos reír», respondió con una sonrisa. «¡Eso es maravilloso!», exclamó Chiara. «El humor y la bondad son dones especiales. Úsalos para iluminar el día de los demás».
Elena continuó avanzando en el juego, y en la siguiente casilla se le planteó el desafío: «Deja atrás tus miedos». «A veces tenemos miedo de fracasar o de no ser aceptados», explicó Nicanor. «Pero si no intentas, nunca sabrás lo que puedes lograr».
«¿Qué te da miedo, Elena?», preguntó Carlo. “A veces me da miedo hablar en público”, confesó Elena. “Pero quiero poder hacerlo”. «Cada vez que enfrentas un miedo, te vuelves más fuerte», dijo Carlo animándola. «Prueba a hablarle a tus amigos sobre algo que te apasione. Verás que es más fácil de lo que piensas».
Elena se sintió inspirada. «¡Lo haré!», prometió.
La siguiente casilla decía: «Ayuda a otros». «Este es uno de los valores más importantes que puedes tener», explicó Chiara. «Siempre que ayudes a alguien, estás sembrando semillas de bondad que florecerán en el futuro».
Recapitulando sus experiencias, Elena recordó a su vecina, la señora Rosa, que siempre parecía sola. «Podría llevarle algunas galletas y hacerle compañía», dijo. «¡Eso es una idea hermosa!», exclamó Nicanor. «¡Hazlo! Cada pequeño acto de bondad cuenta».
El juego continuó, y cada vez que Elena pasaba por una casilla, sus amigos la guiaban y apoyaban. A medida que avanzaban, también compartían sus propias historias de cómo habían aprendido a enfrentar sus propios desafíos y a convertirse en las personas que eran.
Finalmente, llegaron a la casilla final, que decía: «Une lo que está fracturado». «Esto es crucial», dijo Chiara. «Como santas y santos, tenemos la responsabilidad de sanar las heridas de las relaciones. Esto incluye a la familia, las amistades y la comunidad».
«¿Cómo puedo hacer eso?», preguntó Elena, sintiendo la gravedad de la lección. «Puedes empezar por escuchar a tus amigos y familiares. A veces, las personas solo necesitan sentirse valoradas y comprendidas», respondió Carlo.
Elena reflexionó sobre esto. Recordó una pelea reciente con su mejor amiga. «Tal vez debería disculparme», pensó en voz alta. «Eso es un gran primer paso», dijo Nicanor. «Siempre hay una oportunidad para sanar las relaciones».
Cuentos cortos que te pueden gustar
Un Sueño Más Fuerte que la Adversidad: La Historia de Mateo y su Lucha por el Conocimiento
El Tesoro de la Amistad
El Valor de Joan
Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.