En un bonito gallinero vivía una gallina llamada Mamá Gallina con sus seis pollitos. Entre ellos, había uno muy especial y travieso llamado Pollito Toto. Toto era un pollito curioso y desobediente, siempre buscando nuevas aventuras y desafíos, lo cual preocupaba mucho a su madre.
Una tarde soleada, Mamá Gallina decidió llevar a sus pollitos a dar un paseo. Les encantaba explorar el jardín y descubrir nuevas cosas. «¡Vamos, pequeños! Es hora de salir a pasear,» dijo Mamá Gallina con una sonrisa. Los seis pollitos saltaron de alegría y se apresuraron a seguir a su madre.
Antes de cruzar la calle, Mamá Gallina se detuvo y les recordó: «¡Miren para ambos lados antes de cruzar!» Todos los pollitos obedecieron y miraron a la izquierda y a la derecha, excepto Toto. Él estaba tan emocionado por llegar al otro lado que no prestó atención. Justo cuando comenzó a cruzar, un coche apareció a gran velocidad. Toto, asustado, corrió de vuelta a la acera justo a tiempo, perdiendo algunas plumitas por el fuerte viento del coche que pasó zumbando.
«¡Toto, debes ser más cuidadoso y obedecer a tu madre!» le dijo Mamá Gallina con un tono serio pero preocupado. Toto, todavía temblando, asintió con la cabeza. Aunque se había asustado, no tardó mucho en olvidar la advertencia de su madre.
Después del paseo, regresaron al gallinero donde Mamá Gallina se puso a preparar la cena. Toto, con su curiosidad inagotable, se acercó a la cocina donde su madre estaba encendiendo el fuego. «Toto, no te acerques mucho al fuego porque te puedes quemar,» advirtió Mamá Gallina. Pero Toto, siendo tan desobediente como siempre, se acercó demasiado y, lamentablemente, se quemó un dedito de la patita.
«¡Pío, pío!» gritó Toto de dolor, saltando hacia atrás. Las lágrimas llenaron sus ojos mientras Mamá Gallina lo consolaba y le ponía una pomada para aliviar la quemadura. «Esto es lo que pasa cuando no escuchas a tu madre,» le dijo suavemente. Toto se sintió muy mal y comenzó a piar con tristeza.
Las horas pasaron, y el dolor de Toto no disminuía. Su patita quemada estaba roja e hinchada, y él se sentía cada vez peor. Con fiebre y decaimiento, Toto empezó a pensar que tal vez nunca se recuperaría. «¡Este es el fin de mi vida!» exclamó dramáticamente mientras se acostaba boca arriba, estirando sus patitas y cerrando sus ojitos.
Mamá Gallina llegó corriendo al escuchar el lamento de Toto. Con ternura, lo levantó con su pico y lo llevó a un lugar cómodo en el gallinero. Allí, le dio un baño tibio y lo envolvió en una mantita suave. «Descansa, mi pequeño Toto. Te recuperarás pronto,» le dijo mientras lo acariciaba con sus plumas.
Toto, exhausto, se quedó dormido en los brazos de su madre. Durante la noche, Mamá Gallina cuidó de él, asegurándose de que estuviera cómodo y seguro. A la mañana siguiente, Toto se despertó sintiéndose un poco mejor. La fiebre había bajado, y su patita quemada ya no dolía tanto.
«¿Cómo te sientes, Toto?» le preguntó Mamá Gallina con una sonrisa. «Mejor, mamá,» respondió Toto, todavía un poco débil pero agradecido por los cuidados de su madre. «Prometo que seré más obediente y escucharé tus consejos.»
Mamá Gallina lo abrazó con amor. «Estoy muy orgullosa de ti, Toto. Aprender de nuestros errores es una parte importante de crecer.» Toto sonrió y se acurrucó más cerca de su madre, sintiéndose afortunado de tenerla.
Los días pasaron, y Toto se recuperó por completo. Se volvió más cuidadoso y comenzó a prestar atención a las advertencias de su madre. Entendió que las reglas estaban allí para protegerlo y mantenerlo seguro. Aunque su espíritu aventurero seguía siendo fuerte, aprendió a ser más responsable.
Cuentos cortos que te pueden gustar
El Gran Partido de Fútbol con los Amigos
Tiempo de Pantalla
La Casa en Peligro, Un Llamado a la Responsabilidad
Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.