Pablo era un niño de diez años, lleno de curiosidad y energía. Le encantaba aprender cosas nuevas cada día, explorar su vecindario, descubrir pequeños secretos escondidos entre las calles y preguntar, siempre preguntar. No había rincón de su mundo que escapara a su atención. Cada paseo hacia la escuela o al parque era una oportunidad para observar algo nuevo.
Un día, mientras regresaba a su casa después de jugar en la plaza, Pablo notó algo diferente en los postes de la calle. Había varios carteles pegados con letras grandes y llamativas. Se detuvo frente a uno que decía: «VOTEN POR UN PAÍS MEJOR. VOTEN POR EL SR. PEDRO». El color brillante y las letras enormes le llamaron tanto la atención que arrancó uno de los carteles, lo dobló cuidadosamente y corrió a casa con él.
Cuando llegó, con la respiración agitada por haber corrido, Pablo fue directo a la cocina donde su madre preparaba la cena.
—Mamá, ¿qué es esto? —preguntó, levantando el cartel frente a ella.
Su madre se giró, secándose las manos con un paño, y miró el papel que Pablo sostenía. Una ligera sonrisa se dibujó en su rostro antes de responder:
—Es un cartel de publicidad política, cariño. Lo ponen para que la gente sepa quiénes son los candidatos y para que voten por ellos en las elecciones.
Pablo frunció el ceño. No entendía muy bien lo que significaba todo eso.
—¿Y qué es «votar»? —preguntó, con más curiosidad.
La madre de Pablo se sentó junto a él, recogiendo el cartel en sus manos.
—Votar es cuando las personas mayores eligen a alguien que va a tomar decisiones importantes para la ciudad, como el alcalde. El alcalde se encarga de cuidar la ciudad y hacer que todo funcione bien.
Pablo se quedó pensando un momento. Nunca había oído hablar del «alcalde» ni de «elecciones». El concepto de que las personas pudieran elegir a alguien que dirigiera la ciudad le parecía fascinante.
—¿Y cómo lo eligen? —preguntó nuevamente, con los ojos brillando de curiosidad.
—Pues, en un día especial, las personas van a un lugar llamado centro de votación y marcan en una papeleta el nombre del candidato que quieren que gane. Al final del día, cuentan todos los votos y el que tenga más es el que gana.
—¡Wow! —exclamó Pablo, impresionado—. ¿Puedo ir con ustedes cuando voten?
Su madre sonrió y le revolvió el cabello.
—Claro, te llevaremos para que veas cómo funciona.
Esa noche, Pablo no podía dejar de pensar en el cartel y en todo lo que su madre le había explicado. La idea de que la gente pudiera elegir a alguien que hiciera que todo funcionara bien lo intrigaba profundamente. ¿Cómo sabían quién era el mejor para el trabajo? ¿Qué pasaba si elegían a alguien que no hacía bien las cosas?
Al día siguiente, cuando su padre llegó a casa, Pablo le hizo las mismas preguntas, y su padre, con paciencia, le explicó más sobre la política, los partidos, y cómo los adultos decidían a quién votar. Pablo escuchaba con atención, aunque todavía había cosas que no comprendía del todo.
Finalmente, llegó el día de las elecciones, y tal como le habían prometido, sus padres lo llevaron al centro de votación. Era un lugar grande y lleno de personas. Había una mesa con papeles y urnas donde la gente colocaba sus votos. Pablo observaba cada detalle, desde las caras concentradas de las personas hasta el movimiento rápido de las manos al marcar las papeletas. Se sentía como si estuviera presenciando algo importante, algo mucho más grande de lo que podía entender completamente.
Después de que sus padres votaron, salieron juntos del centro de votación. Pablo tenía tantas preguntas acumuladas en su mente que apenas podía esperar a estar en casa para soltarlas todas.
—Papá, ¿cómo saben quién es el mejor? ¿Cómo deciden? —preguntó mientras caminaban.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.