Cuentos de Valores

Mi Personalidad en Mi Futuro

Lectura para 11 años

Tiempo de lectura: 2 minutos

Español

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Era un día brillante y soleado cuando Yorgelis, una niña de once años con rizos oscuros y una sonrisa brillante, se sentó en su escritorio a pensar en su futuro. Había estado reflexionando sobre qué quería ser de mayor y cómo su personalidad podía influir en las decisiones que tomaría. Desde muy pequeña, siempre había sido curiosa y creativa, lo que la llevó a soñar en grande.

Mientras miraba por la ventana, Yorgelis observó cómo los pájaros volaban en el cielo. “Quiero ser libre como ellos,” pensó. En su mente, imaginó un futuro donde podría explorar el mundo y conocer diferentes culturas. “Tal vez pueda ser viajera o escritora,” se dijo a sí misma. La idea de poder contar historias sobre sus aventuras le emocionaba.

Pero había algo más que Yorgelis deseaba. Quería ayudar a los demás, porque siempre había creído que el verdadero valor de una persona reside en la bondad que muestra hacia los demás. “¿Qué tal si me convierto en médico?” se preguntó. “Así podría cuidar de las personas y hacer que se sientan mejor.” La idea la llenó de alegría, pero también de responsabilidad.

Mientras continuaba soñando, decidió hacer una lista de las cualidades que admiraba y cómo esas características podrían guiar su futuro. “Tengo que ser valiente,” escribió en su cuaderno. “La valentía me ayudará a enfrentar mis miedos y a tomar decisiones difíciles.”

Recortó unas imágenes de revistas y las pegó en su cuaderno: una niña sosteniendo un micrófono, simbolizando la valentía; un grupo de niños trabajando juntos, representando la amistad; y un corazón, que representaba la bondad. Yorgelis se dio cuenta de que todos esos valores eran importantes para ella y que cada uno jugaría un papel en su vida futura.

Esa tarde, Yorgelis decidió que tenía que averiguar más sobre lo que quería ser. Así que le pidió a su mamá que la llevara a la biblioteca. “Quiero leer sobre diferentes profesiones y descubrir cómo puedo ser una persona que ayude a los demás,” le dijo. Su mamá sonrió y la llevó a la biblioteca, donde Yorgelis pasó horas hojeando libros.

Encontró historias de personas que habían hecho cosas increíbles: médicos que habían salvado vidas, maestros que habían inspirado a sus estudiantes y artistas que habían compartido su visión del mundo. Cada historia la motivaba más. Sin embargo, había una pregunta que seguía en su mente: “¿Cómo puedo combinar todos estos valores en una sola vida?”

Un día, mientras estaba en la biblioteca, conoció a un anciano que siempre estaba allí, leyendo y compartiendo historias con los niños. “¿Qué quieres ser cuando crezcas, pequeña?” le preguntó el anciano con una sonrisa amable. Yorgelis pensó por un momento y respondió: “Quiero ser alguien que pueda hacer del mundo un lugar mejor, pero no sé cómo lograrlo.”

El anciano asintió y dijo: “Mi querida niña, la vida es un viaje lleno de oportunidades. La clave está en ser auténtica y usar tus talentos para ayudar a otros. No te limites a una sola cosa; permite que tu curiosidad y tu corazón te guíen.”

Esas palabras resonaron profundamente en Yorgelis. “Así que no tengo que elegir solo una cosa,” pensó. “Puedo ser muchas cosas y seguir siendo yo misma.” Se sintió llena de energía y emoción.

Decidida a no perder tiempo, comenzó a escribir en su diario las diferentes formas en que podría ayudar a los demás en el futuro. “Puedo ser escritora y contar historias que inspiren a otros,” escribió. “Puedo ser médica y cuidar de quienes lo necesiten. También puedo ser voluntaria en un refugio para animales, porque amo a los animales.”

Con cada idea que anotaba, su corazón se llenaba de esperanza. Las posibilidades eran infinitas. Pero también comprendió que cada una de esas decisiones requeriría valentía y perseverancia. “Tengo que ser valiente para perseguir mis sueños,” pensó mientras cerraba su diario.

A medida que pasaban los días, Yorgelis decidió actuar. Comenzó a ayudar a su mamá en la cocina y a cuidar de su perrito. También se unió a un club de lectura en su escuela, donde podía compartir historias y aprender sobre diferentes culturas. Cada pequeño paso que daba la acercaba más a la persona que quería ser.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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