Cuentos de Amistad

El Reflejo de la Amistad

Lectura para 6 años

Tiempo de lectura: 5 minutos

Español

Puntuación:

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Era un día cualquiera en la tranquila vida de Jhoan, un niño de cabello oscuro y ojos curiosos, que disfrutaba de una tarde en casa con su mejor amigo, Mateo, un chico de cabello rubio y sonrisa fácil. Jugaban en el salón, rodeados de juguetes y risas, cuando una voz extraña interrumpió su diversión. La voz sonaba exactamente como la de Jhoan, pero él no había hablado.

Mateo, mirando confundido a su amigo, preguntó, «¿Tienes un hermano gemelo del que nunca me hablaste?»

«No,» respondió Jhoan, igual de confundido. Justo en ese momento, vieron aparecer a otro Jhoan desde detrás de la cortina. Este otro Jhoan tenía el cabello y la ropa en tonos más oscuros, como si fuera un reflejo sombrío del verdadero Jhoan.

«Mira, es Emo Jhoan,» bromeó Mateo, aunque su voz temblaba un poco por el nerviosismo.

El Emo Jhoan se acercó, y los dos Jhoan se encontraron frente a frente. Mateo, al voltearse, se encontró con su propia versión ‘emo’. Ambos, asustados y asombrados, no sabían cómo reaccionar.

En ese instante, sin entender completamente lo que hacía, Jhoan agarró un cristal que decoraba la mesa del salón y, en un gesto de confusión y miedo, lo partió por la mitad. El efecto fue inmediato y sorprendente: la habitación y la ciudad misma se dividieron en dos, una parte se llenó de colores brillantes y la otra se volvió en blanco y negro.

El Emo Jhoan aprovechó la confusión para abrir una puerta misteriosa que apareció en la pared y se llevó al otro Mateo, cerrando la puerta detrás de él. El verdadero Jhoan, determinado a no dejar que su amigo sufriera daño, cerró la puerta con fuerza, impidiendo que los otros dos escaparan.

Mateo y Jhoan, ahora solos, intentaron entender lo que había sucedido. Leían el cuaderno de Jhoan, que misteriosamente contenía detalles sobre lo que debían hacer. Decía que para volver todo a la normalidad, necesitaban convencer a sus versiones ‘emo’ de unirse a ellos en armonía.

Con determinación, abrieron la puerta una vez más y enfrentaron a sus dobles. La pelea fue más de palabras que de fuerzas, con Mateo y Jhoan explicando a sus dobles que no tenían por qué ser enemigos, que podían coexistir y vivir en un mundo donde ambos tonos de vida, claro y oscuro, se complementaran.

Los Emo Jhoan y Mateo, tocados por las sinceras palabras de sus originales, aceptaron la oferta. Trabajaron juntos para reparar el cristal roto, cada uno aportando una mitad. Sin embargo, el cristal no funcionaba como esperaban. No importaba cómo lo colocaban, el cristal se rehusaba a unirse.

Después de varios intentos, los cuatro chicos se miraron, frustrados. Fue entonces cuando Jhoan sugirió, «¿Y si en lugar de forzar las piezas a unirse, simplemente aceptamos que somos diferentes pero igual de importantes?»

Tomaron cada mitad del cristal y, en lugar de intentar pegarlas, las colocaron juntas, aceptando la separación pero reconociendo que formaban parte de un todo mayor. Milagrosamente, la ciudad comenzó a mezclar los colores y el blanco y negro, creando un nuevo panorama donde todos los tonos existían en armonía.

El cuarto se llenó de luz y, cuando la luz se disipó, los Emo Jhoan y Mateo se habían ido, dejando solo a Jhoan y Mateo, pero con la lección aprendida de que la amistad y la aceptación pueden superar cualquier barrera y diferencias.

Desde ese día, Jhoan y Mateo no solo siguieron siendo mejores amigos, sino que también se convirtieron en guardianes de su ciudad dividida, siempre recordando la importancia de la empatía y la cooperación.

Tras la mágica resolución con el cristal, Jhoan y Mateo comenzaron a notar más cambios en la ciudad. Aunque el cristal había unificado los colores y el blanco y negro, todavía había rincones de la ciudad donde las sombras parecían susurrar. Curiosos y ahora con una misión, los dos amigos decidieron explorar estos lugares.

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Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.

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