Había una vez, en un pequeño y colorido pueblo, tres amigos muy especiales: Mario, Yasmín y una estrella muy peculiar llamada Laura. Aunque vivían aventuras increíbles juntos, un día, algo inesperado sucedió.
Mario se sintió muy triste y enojado porque creía que Yasmín y Laura no querían ser sus amigas. Había intentado jugar con ellas como siempre lo hacían, pero ese día, Yasmín y Laura estaban ocupadas preparando una sorpresa y no podían jugar con él.
«¿Por qué no quieren jugar conmigo? ¿Ya no son mis amigas?» Se preguntaba Mario, mientras caminaba solo por el parque, con la mirada baja y el corazón apesadumbrado.
Yasmín y Laura, al darse cuenta de que Mario se había ido, se sintieron muy tristes. No querían que Mario se sintiera excluido o triste, pero también querían hacer algo especial por él, algo que le demostrara cuánto lo apreciaban.
Laura, con su brillante luz, iluminó la idea perfecta. «¡Vamos a hacer la fiesta sorpresa más increíble para Mario! Así sabrá cuánto lo queremos,» propuso con entusiasmo.
Yasmín, siempre creativa y llena de energía, estuvo de acuerdo. «Sí, haremos juegos, y yo puedo hacer una de mis famosas tartas de frutas. ¡Será una tarde inolvidable!»
Mientras tanto, Mario, todavía sintiéndose solo y confundido, se sentó bajo su árbol favorito. Miró hacia el cielo, buscando a Laura entre las nubes. «Laura, si estás ahí, ¿puedes decirme por qué mis amigos no quieren estar conmigo?» Preguntó con un hilo de voz.
Laura, que estaba preparando la sorpresa no muy lejos, escuchó el llamado de Mario. Sabía que no podía revelar la sorpresa, pero tampoco quería que Mario se sintiera solo ni un segundo más.
Así que, con un poco de magia estelar, Laura envió una suave brisa que acarició el rostro de Mario y formó imágenes en las nubes que mostraban a Mario, Yasmín y ella misma riendo y jugando juntos. Era su manera de decirle que todo estaría bien.
Confiando en su amiga estrella, Mario secó sus lágrimas y decidió esperar un poco más. Tal vez había un buen motivo para que Yasmín y Laura no pudieran jugar con él en ese momento.
Al caer la tarde, Yasmín y Laura buscaron a Mario por el pueblo, llamándolo con alegría. «¡Mario! ¡Mario! ¡Tenemos una sorpresa para ti!», gritaban mientras corrían.
Mario, guiado por la voz de sus amigas, se acercó con curiosidad. Al llegar al lugar, sus ojos se iluminaron de asombro y felicidad. El parque estaba decorado con luces, globos y una mesa llena de delicias. «¿Es todo esto para mí?» Preguntó Mario, incrédulo.
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Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.