Había una vez, en un pequeño pueblo rodeado de colinas y árboles frondosos, tres amigos inseparables: Sebastián, Lucas y Sofía. Estos chicos pasaban cada día explorando la naturaleza, contando historias y viviendo aventuras que a menudo parecían sacadas de un cuento de hadas. Sebastián era un soñador, siempre imaginando nuevos mundos. Lucas era el pensador del grupo, con una curiosidad insaciable por todo lo que le rodeaba. Sofía, por su parte, era la mediadora, siempre buscando maneras de unir a sus amigos y asegurarse de que todos se sintieran incluidos.
Una tarde, mientras sus familias descansaban en casa, Sebastián tuvo una idea brillante. “¿Qué les parece si exploramos el viejo bosque más allá de las colinas?”, propuso emocionado. Lucas, que estaba acostumbrado a las historias de criaturas mágicas en el bosque, se iluminó con la idea. “¡Sí, quiero ver si encontramos algo extraordinario!”, exclamó. Sofía sonrió y se unió a la emoción: “Será una gran aventura, como en los cuentos que leemos”.
Los tres amigos empacaron una mochila con bocadillos, una linterna y una cámara para tomar fotos de lo que encontraran. Con una mezcla de emoción y un poco de nerviosismo, comenzaron su camino hacia el bosque. Mientras caminaban, la brisa refrescante movía sus cabellos y el canto de los pájaros los animaba a seguir avanzando.
Al llegar al borde del bosque, todo se volvía más misterioso. Los árboles eran altos y sus ramas se entrelazaban, creando sombras que danzaban en el suelo. “Es un poco aterrador, ¿no?”, comentó Lucas, mirando hacia el oscuro interior del bosque. Sofía, siempre practica, respondió: “No hay que tener miedo, estamos juntos y eso es lo que importa”. Sebastián asintió, y con un profundo aliento, dio el primer paso.
A medida que se adentraban en el bosque, se encontraron con un sendero cubierto de hojas caídas y flores silvestres. Sebastián, lleno de energía, comenzó a correr por el camino, mientras Lucas y Sofía intentaban seguirle el paso. De repente, Sebastián se detuvo en seco, apuntando con su dedo a algo brillante entre los arbustos. “¡Miren!”, gritó emocionado. Al acercarse, encontraron una pequeña caja de madera tallada a mano. “¿Qué creen que habrá dentro?”, preguntó Sofía, intrigada.
Lucas, siempre práctico, sugirió: “Deberíamos abrirla con cuidado. Tal vez sea algo especial”. Con manos temblorosas, Sebastián levantó la tapa de la caja. En su interior había una brújula antigua y una nota desgastada por el tiempo. La nota decía: “Aquellos que busquen la amistad verdadera encontrarán su camino”. Los tres amigos se miraron, intrigados. “¿Qué significa esto?”, preguntó Sofía. “Tal vez sea una señal para explorar más”, dijo Sebastián, con la emoción brillando en sus ojos.
Decidieron que seguirían la dirección que señalaba la brújula. Con cada paso que daban, el bosque parecía cobrar vida a su alrededor. Ruidos extraños resonaban, y a veces creían ver sombras moviéndose entre los árboles. Lucas empezó a contarse historias sobre espíritus del bosque, lo que hizo que los demás saltaran de miedo, pero también reían porque estaban disfrutando de la aventura. Sin embargo, a pesar de sus risas, Sofía comenzó a sentir que algo les estaba observando.
Después de un rato caminando, llegaron a un claro iluminado por la luz del sol. Allí, encontraron un hermoso lago que reflejaba las nubes en el cielo. Era un lugar mágico, lleno de paz y belleza. Decidieron descansar un momento y sacar los bocadillos que habían traído. Mientras disfrutaban de su comida, Sebastián notó algo moverse en el agua. “¿Qué es eso?”, preguntó, señalando con curiosidad.
De pronto, un pequeño animal salió del agua. Era una criatura parecida a un gato, pero con escamas de colores brillantes y grandes ojos amarillos que brillaban como el oro. Sofía se acercó poco a poco. “Hola, pequeño amigo”, le dijo con dulzura. La criatura parecía no tener miedo y se acercó, moviendo su cola colorida. “¡Es adorable!”, exclamó Lucas.
Sebastián, siempre el más curioso, decidió llamarle “Bruma”, pues parecía como si la niebla hubiera cobrado vida. Bruma se sentó junto a ellos, observándolos con sus ojos inquisitivos. Los amigos comenzaron a hablarle y a contarle sobre su aventura. Para su sorpresa, Bruma parecía entender todo lo que decían. “¿Creen que pueda hablar?”, preguntó Sofía, asombrada. “¡Tal vez!”, respondió Sebastián, lleno de entusiasmo.
De pronto, Bruma comenzó a hacer ruidos extraños, como si estuviera intentando comunicarse. “¡Creo que quiere que lo sigamos!”, dijo Lucas. Sin dudarlo, los amigos decidieron seguir a Bruma, quien zancadas rápidas se adentró nuevamente en el bosque. Al seguir a su nuevo amigo, se dieron cuenta de que estaban pasando por entre árboles que nunca habían visto antes. Algunos incluso parecían tener luces brillantes. Era como si el bosque estuviera lleno de encanto.
Mientras exploraban, Bruma los llevó a una parte del bosque que parecía fuera de este mundo: un lugar lleno de flores luminosas y árboles que brillaban como estrellas. Allí, encontró un árbol gigante cuyas ramas parecían tocar el cielo. “¡Es increíble!”, exclamó Sofía, sin poder contener su asombro. “Podría ser un lugar donde ocurren cosas mágicas”, añadió Sebastián.
De pronto, una voz suave resonó en el aire. “Bienvenidos, queridos amigos”. La voz provenía del árbol. Todos miraron asombrados hacia el tronco del árbol, donde apareció una figura luminosa: era un espíritu del bosque. “He estado observando su viaje y la amistad que comparten”, dijo el espíritu con una voz melodiosa. “He venido a ofrecerles un regalo”.
Los amigos estaban maravillados. “¿Qué regalo?”, preguntó Lucas, emocionado. El espíritu del árbol sonrió y explicó que, porque habían mostrado valentía, curiosidad y amistad, les otorgaría un don especial: el poder de conectar con la naturaleza y entender la voz de los animales. “Con este don, siempre tendrán compañía y sabiduría de la naturaleza”, agregó el espíritu.
“¡Es maravilloso!”, gritó Sebastián, brincando de alegría. Sofía y Lucas se abrazaron, sintiéndose afortunados por tener algo tan especial. Sin embargo, no podían evitar preguntarse sobre su vida diaria y cómo usarían este nuevo poder. “Tal vez podamos ayudar a los animales en problemas y proteger el bosque”, sugirió Sofía. Lucas asintió con entusiasmo: “Sí, podemos ser los guardianes de este lugar”.
Cuentos cortos que te pueden gustar
Un Regalo Especial para Maycol
La Mariposa Iris y sus Colores Mágicos
Tres Corazones Unidas en el Jardín del Conocimiento
Autor del Cuento
Soy Francisco J., apasionado de las historias y, lo más importante, padre de un pequeño. Durante el emocionante viaje de enseñar a mi hijo a leer, descubrí un pequeño secreto: cuando las historias incluyen a amigos, familiares o lugares conocidos, la magia realmente sucede. La conexión emocional con el cuento motiva a los niños a sumergirse más profundamente en las palabras y a descubrir el maravilloso mundo de la lectura. Saber más de mí.